DESPACHOS A TODO EL PAÍS

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jueves, 30 de agosto de 2012

Buenas razones para decirles “¡No!” a las sodas

Si la soda (el refresco) es tu bebida favorita, ¿cuántos vasos tomas a diario, o has intentado disminuir la cantidad que consumes? Si estás atrapado(a) en el dulzor de tus bebidas, aquí te damos buenas razones para abandonarlas y algunas claves para lograrlo con éxito.

“El agua es insípida, no tiene gusto a nada”, me dijo despreocupada Tina, la hija de una amiga durante un almuerzo de domingo. Luego tomó la botella de su soda preferida, llenó su vaso hasta el tope y, ciertamente, he sido yo la que ha quedado preocupada: como Tina, hay muchísimas personas ¿perteneces a este grupo?

Mucha gente está tan habituada a los sabores dulces que quitarle el dulzor a la bebida les resulta una idea imposible de concebir, aunque su cuerpo se los agradecería. Y esto no sólo es cuestión de los niños, los adultos le pueden ayudar a esos paladares mal acostumbrados también. Pero ¿cómo se puede hacer si son los mismos padres quienes no pueden dejar de llevar una soda (refresco) a la mesa, al automóvil, al parque o a esa reunión entre amigos?

En otra oportunidad, un paciente que sufría de obesidad llegó preocupado al consultorio porque le habían dicho que debía abandonar sus sodas para bajar de peso, pero le resultaba imposible. Es más, se ponía de mal humor y discutía con la gente si no tenía su soda, tanto… que pensó que era adicto.

Le expliqué que probablemente no era adicto sino que es un hábito difícil de cambiar. Una razón puede ser que los sabores dulces hacen que el cerebro desprenda ciertos químicos llamados opioides, que hacen que luego tengamos más ganas de consumir dulces. Aunque, hay es cierto que algunos estudios consideran que la cafeína que contienen algunas sodas, puede generar una mínima adicción que dificulte las cosas, si se beben sodas con cafeína y en ese caso es cuestión de dejarlas poco a poco.

Como sea, la tarea puede resultar difícil para cualquiera que esté habituado a consumir sodas, pero no por eso hay que dejar de intentarlo. Las bebidas azucaradas sólo aportan calorías “vacías” al cuerpo, sin proporcionar ningún nutriente. Esto no sólo ayuda al sobrepeso sino que además aumenta las posibilidades de que desarrolles diabetes de tipo 2, debido principalmente al azúcar que contienen y a sus efectos sobre las hormonas. Incluso, hay estudios que indican que las sodas sin azúcar, las que utilizan edulcorantes artificiales han sido vinculadas a un aumento del apetito y una dificultad para perder o mantener el peso deseado.

Además, las sodas pueden dañar a tus dientes. Tanto el azúcar como el ácido carbónico que contienen (incluso las edulcoradas artificialmente) pueden dañar el esmalte dental y causar caries.

Asimismo, ¿sabías que la mayoría de la sodas contiene fósforo y cafeína, dos agentes que se cree contribuyen al desarrollo de una enfermedad que debilita los huesos denominada osteoporosis?

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viernes, 3 de agosto de 2012

Los beneficios del ejercicio en la tercera edad


Mantener activos el cuerpo y la mente ofrece muchos beneficios a la hora de conservar la salud, aún en el caso de las personas mayores. Al respecto, un estudio reciente ha encontrado que hacer ejercicios y usar la computadora podrían ayudar a disminuir el riesgo de perder la memoria al pasar los años. Descubre aquí más detalles sobre este hallazgo.

Con el paso del tiempo comienzan a aparecer limitaciones en el cuerpo y la mente, por eso muchas personas van dejando de lado las actividades como el ejercicio físico o las que estimulan la mente, aunque lo que se recomienda y lo que se debería hacer es lo opuesto. Por el contrario, el mantenerse activos durante la llamada tercera edad – teniendo en cuenta las posibilidades reales de cada persona, por supuesto — puede ayudar a prolongar la salud y una mejor calidad de vida.

Lo mejor de todo es que, en este caso, el solo hecho de caminar, salir a hacer las compras y ocuparse de la jardinería y otras tareas del hogar es suficiente en muchos casos para lograr este objetivo.

Asimismo, también son aconsejables los juegos que ejercitan la mente y la memoria, como los crucigramas que ayudan a mantener activas las capacidades cognitivas, que son las que te permiten pensar, razonar y conocer. Hasta el uso de la computadora puede ser benéfico.

­Por ejemplo, un grupo de investigadores de la Clínica Mayo ha encontrado que una combinación de ejercicio moderado con estimulación mental a través del uso de la computadora podría ayudar a reducir el riesgo de la pérdida de la memoria relacionada con la edad.

Para llegar a estos resultados, que fueron publicados en la edición de mayo de la revista Mayo Clinic Proceedings, los científicos analizaron a datos que les proporcionaron alrededor de mil personas del Condado de Olmsted, en Minnesota, en Estados Unidos. Los participantes tenían entre 70 y 93 años de edad y respondieron a cuestionarios sobre su uso de computadoras y su actividad física durante el año anterior.

Del análisis se desprende que entre los participantes que no hacían ejercicio ni usaban una computadora, casi un 38 por ciento tuvo señales de un deterioro cognitivo leve, frente a poco más de 18 por ciento de aquellos que hacían ejercicio moderado y también usaban una computadora.

­Además, el 36 por ciento de los participantes que usaban una computadora y también hacían ejercicio moderado — como caminar, jugar golf sin carrito, nadar, jugar a dobles de tenis, hacer yoga o artes marciales y usar máquinas de ejercicio — tenían un funcionamiento normal de su memoria, frente a alrededor del 20 por ciento de los que no hacían ejercicio ni usaban una computadora.

El deterioro cognitivo leve es la etapa intermedia entre la pérdida de memoria normal relacionada con la edad y la enfermedad de Alzheimer inicial, una enfermedad del cerebro irreversible y progresiva que va destruyendo poco a poco la memoria, la capacidad de pensar y hasta de realizar tareas simples y cotidianas.

Y ésta no es la única enfermedad que puede mantenerse alejada gracias a los buenos hábitos de vida, que no sólo incluyen los ejercicios sino también una alimentación nutritiva y balanceada. Pero si piensas en la actividad física, recuerda que también es muy buena para evitar o reducir el riesgo de desarrollar otro tipo de condiciones crónicas de salud como la diabetes, la hipertensión o presión alta, las enfermedades del corazón, la obesidad y el colesterol alto.

Además, el ejercicio también puede ayudarte a mejorar la sensación de bienestar general así como la salud física y psicológica global, al mismo tiempo que te permite mantener un estilo de vida independiente, durante más tiempo.

Con el paso de los años el cuerpo experimenta cambios que afectan de manera distinta a cada persona. El cuerpo se transforma y va adquiriendo una nueva imagen mientras que algunas capacidades pueden ir disminuyendo, como la memoria, la vista o la audición. Pero esto no significa que te estés enfermando, al contrario, hay que vivir esta etapa de manera positiva, como algo natural, conviviendo con este proceso de manera saludable y optimista.

Por eso, no te des por vencido(a) ni te dejes llevar por los “achaques de la edad”: busca cualquier excusa para mantener tu cuerpo y tu mente activos, esto te permitirá vivir mejor por más tiempo.
 
Tomado de Vida y Salud

sábado, 14 de abril de 2012

El tratamiento para el colesterol a base de estatinas es igualmente eficaz en pacientes de ambos sexos

 
A diferencia de lo que se pensaba, las estatinas son tan eficaces para combatir el colesterol malo tanto en los hombres como en las mujeres. Esto de acuerdo a un estudio reciente, que derriba la creencia de que este medicamento es menos efectivo en las mujeres. En este artículo te contamos qué son las estatinas, cuándo se recomienda su uso, y qué nos dicen los nuevos descubrimientos sobre ellas.

El colesterol casi siempre se asocia con algo negativo o peligroso para nuestra salud, pero no hay que generalizar. Todas las personas tienen y producen colesterol: es una sustancia grasa que necesita el cuerpo para poder cumplir adecuadamente ciertas funciones vitales, como crear las paredes (o membranas) que rodean a las células. Hay dos tipos principales de colesterol: el colesterol de lipoproteína de baja densidad (LDL), conocido como colesterol “malo”, y el colesterol de lipoproteína de alta densidad (HDL), que es el que llamamos colesterol “bueno”.

Como el cuerpo produce su propio colesterol, no es necesario consumir mucha grasa en la dieta. Por el contrario, los niveles elevados del colesterol total en la sangre, y especialmente el colesterol de baja densidad (el LDL), están relacionados con el desarrollo de una condición que se conoce como aterosclerosis, que es la acumulación de grasa (lo que se llama placa) en las paredes internas de las arterias.

La aterosclerosis puede hacer que las arterias se estrechen o se bloqueen y que disminuyan o que obstruyan el flujo de la sangre a los órganos vitales, en especial al corazón (enfermedad coronaria, que puede causar un ataque cardíaco) y al cerebro (lo que puede producir un accidente cerebrovascular, ataque cerebral o apoplejía). Pero puede suceder en otras partes del cuerpo, lo que se conoce como enfermedad vascular periférica.

Para mantener los niveles de colesterol a raya, frecuentemente es suficiente con llevar una dieta saludable y practicar una rutina de ejercicios. Pero, a veces, los factores genéticos hacen que el colesterol en tu sangre se mantenga elevado, especialmente si el colesterol malo (LDL) se mantiene elevado, en esos casos, tu médico te recomendará medicinas para poder bajarlo a niveles saludables.

Existen distintas medicinas para bajar el colesterol a niveles saludables. Algunas aumentan el colesterol bueno (HDL) y otras disminuyen el colesterol malo (LDL) . En este último grupo, por ejemplo, se encuentran las estatinas: unos medicamentos que interfieren con la producción del colesterol en el hígado, bajan los niveles del colesterol malo (LDL) y suben los niveles del colesterol bueno (HDL).

Si deseas leer el artículo completo, favor pincha aquí

domingo, 18 de marzo de 2012

Un nuevo estudio apoya los efectos reductores del ajo sobre el colesterol

Un reciente estudio respalda hallazgos previos que sugieren que el ajo podría reducir el colesterol.

El ajo es una hierba culinaria que se utiliza ampliamente para el tratamiento y la prevención de enfermedades cardiovasculares y del cáncer. Hay numerosos estudios que han examinado los efectos del ajo sobre el colesterol. Pero siguen siendo desconocidos sus efectos a largo plazo sobre los lípidos o sobre la morbilidad y mortalidad cardiovascular. Otras preparaciones del ajo (como el ajo con recubrimiento entérico o el ajo crudo) no han sido bien estudiadas.

Múltiples estudios anteriores en humanos han reportado que el ajo puede reducir ligeramente el colesterol total y las lipoproteínas de baja densidad (LDL o “colesterol malo”) en corto tiempo (de 4 a 12 semanas). Sus efectos sobre la lipoproteína de alta densidad (HDL o “colesterol bueno”) no son claros. Esto sigue siendo un área de controversia.

En un nuevo estudio, los investigadores analizaron datos de 26 ensayos clínicos bien diseñados para evaluar los efectos del ajo sobre los niveles de colesterol. En general, los investigadores descubrieron que el ajo fue más eficaz para reducir el colesterol que el placebo. Los autores observaron que en comparación con los grupos de control, el ajo redujo significativamente el colesterol total y los triglicéridos. Los beneficios de ajo fueron más notables cuando se utilizó como un tratamiento a largo plazo, y en los individuos que comenzaron el tratamiento con mayores niveles de colesterol total. El ajo pareció no tener efectos significativos en los niveles de lípidos, incluyendo el colesterol HDL y LDL.

Los autores concluyeron que el ajo podría reducir el colesterol total y los triglicéridos y que puede ser considerado para las personas con riesgo de enfermedad cardíaca.

Además del ajo, varias otras terapias integrativas, como el arroz de levadura roja y el aceite de pescado, podrían reducir los niveles de colesterol.

Desde la década de 1970, los estudios en humanos han reportado que la levadura roja disminuye los niveles sanguíneos de colesterol total, LDL y triglicéridos. Los productos que contienen el extracto de arroz de levadura roja se pueden comprar, sobre todo a través del Internet. Sin embargo, estos productos pueden no ser estandarizados y sus efectos no son predecibles. Para bajar el colesterol, hay mejor evidencia para el uso de medicamentos con receta, como la lovastatina.

Hay una fuerte evidencia científica, basada en estudios en humanos, que los ácidos grasos omega-3 provenientes de los suplementos de aceite de pescado o del pescado en sí reducen significativamente los niveles de triglicéridos en sangre. Los beneficios parecen depender de la dosis. Los suplementos de aceite de pescado también parecen causar pequeñas mejoras en el colesterol HDL. Sin embargo, también se han observado aumentos en (empeoramiento de) los niveles de colesterol LDL. No está claro si el ácido alfa linolénico afecta de manera significativa los niveles de triglicéridos, y la evidencia es conflictiva en esta área. La American Heart Association (Asociación Americana del Corazón) ha publicado recomendaciones para el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido eicosapentaenoico (EPA). Se debe consultar a un proveedor médico calificado antes de iniciar el tratamiento con suplementos debido al riesgo de sangrado a causa de los ácidos grasos omega-3.

Para obtener más información acerca de terapias integrales para el colesterol alto, por favor visita nuestro Diccionario de Remedios y Tratamientos Naturales, elaborado en colaboración con Natural Standard, o utiliza la casilla de búsqueda arriba a la derecha.

Referencias
  • Natural Standard: La Autoridad en Medicina Integral.www.naturalstandard.com
  • Zeng T, Guo FF, Zhang CL, et al. A meta-analysis of randomized, double-blind, placebo-controlled trials for the effects of garlic on serum lipid profiles. J Sci Food Agric. 2012 Jan 10.
La información en este breve informe es solo para propósitos informativos. Su propósito es ayudar a los usuarios a aclarar sus inquietudes sobre la salud. Esta información no debe interpretarse como un consejo médico específico. Antes de tomar decisiones terapéuticas, los usuarios deben consultar con un proveedor médico calificado para recibir contestaciones específicas a sus preguntas sobre terapias, diagnósticos y / o enfermedades.

Tomado de Vida y Salud

miércoles, 15 de febrero de 2012

La dieta mediterránea vinculada a una mayor longevidad

Según un estudio reciente, seguir una dieta mediterránea puede aumentar la longevidad de las personas mayores.

La dieta mediterránea se basa en la alimentación y los hábitos saludables de las personas que vivían en el sur de Italia, en la isla griega de Creta y en otras zonas de Grecia durante la década de los 1960s. La dieta en general incluye: frutas, verduras y grasas insaturadas “buenas”, en particular el aceite de oliva. El aceite de oliva se ha asociado con beneficios como la disminución de la presión arterial y un menor riesgo de enfermedad cardíaca. Sus defensores afirman que se puede utilizar la dieta mediterránea para disminuir el riesgo de problemas relacionados con el corazón como la presión arterial alta, el colesterol alto, los ataques cardíacos y la enfermedad de Alzheimer.

En un reciente estudio, se evaluaron la dieta y las tasas de mortalidad en 1.037 participantes de mayor edad. Los investigadores encontraron una relación significativa entre el mantenimiento de una dieta mediterránea modificada, con énfasis en el alto consumo de cereales de grano entero y ácidos grasos poliinsaturados, y un menor riesgo de muerte.

En un estudio similar efectuado en septiembre de 2011, los investigadores descubrieron que  el mantenerse fiel a cuatro factores de un estilo de vida saludable identificados se asociaba significativamente con un menor riesgo de muerte prematura en hombres y mujeres. El cumplimiento con mantener una dieta mediterránea sólo se relacionó con un riesgo significativamente menor de muerte en las mujeres, pero no en los hombres.

Las personas con alergias al látex también pueden ser alérgicas a los garbanzos u otros alimentos de la familia de las leguminosas, las cuales son comunes en la dieta mediterránea. Existe un riesgo de aumento de peso debido a una alta ingesta de grasas. Consulte con su proveedor médico calificado antes de tomar decisiones respecto a terapias y / o condiciones de salud.

Para obtener más información acerca de la dieta mediterránea, por favor visita nuestro Diccionario de Remedios y Tratamientos Naturales, elaborado en colaboración con Natural Standard, o utiliza la casilla de búsqueda arriba a la derecha.

Referencias
  • Natural Standard: La Autoridad de Medicina Integrativa. www.naturalstandard.com
  • Tognon G, Rothenberg E, Eiben G, et al. Does the Mediterranean diet predict longevity in the elderly? A Swedish perspective. Age (Dordr). 2011 Sep;33(3):439-50.
La información en este breve informe es solo para propósitos informativos. Su propósito es ayudar a los usuarios a aclarar sus inquietudes sobre la salud. Esta información no debe interpretarse como un consejo médico específico. Antes de tomar decisiones terapéuticas, los usuarios deben consultar con un proveedor médico calificado para recibir contestaciones específicas a sus preguntas sobre terapias, diagnósticos y / o enfermedades.

Tomado de Vida y Salud

lunes, 13 de febrero de 2012

Alcachofa: beneficios y propiedades.

Imagen tomada de internet

La alcachofa viene a convertirse en un verdadero y auténtico manjar para muchos, y puede ser un alimento adecuado en dietas de adelgazamiento, ya que puede ayudar a perder peso y a bajar esos kilos de más.

Constituye a su vez un alimento sano que no puede faltar en una alimentación equilibrada, ya que posee unos importantes beneficios y propiedades diversas muy importantes para la salud.

Además, son deliciosas en ensaladas y platos calientes, y son ideales para niños y adultos, gracias a las diferentes virtudes que posee.
Beneficios y propiedades de la alcachofa

La hoja de la alcachofa contiene magnesio, potasio y esteroles, los cuales actúan en cierta sinergia con la cinarina, una sustancia tanto aromática como amarga.
Eso sí, la alcachofa presenta una importantísima actividad reguladora de la secreción biliar, estando indicada en casos de mala digestión de las grasas, ictericia e hígado perezoso.

Ayuda a regenerar las células hepáticas, ayudando a combatir las sustancias tóxicas, y puede ser ideal en casos de hígado graso, a la vez que es capaz de reducir el colesterol alto.

Además, la alcachofa puede convertirse en un excelente depurativo, ayudando a nuestro organismo a expulsar las diferentes toxinas y sustancias que no necesita.

Por este motivo, tampoco debemos olvidarnos de su consumo en dietas de adelgazamiento y de control de peso.

Tomado de Natursan

jueves, 8 de diciembre de 2011

¿Necesita tu hijo una prueba de colesterol?


La Academia Americana de Pediatría recomienda que se les realicen pruebas del colesterol solamente a los niños con antecedentes familiares de problemas cardiovasculares y colesterol alto, así como a los que están obesos, a los que padecen de diabetes o de hipertensión. 

Sin embargo, un panel del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre ha presentado una nueva propuesta: revisar de forma rutinaria el nivel del colesterol de los niños entre los 9 y los 11 años, antes de la pubertad. ¿Con qué fin? Con el de detectar la elevación del colesterol y así prevenir enfermedades y complicaciones cardíacas desde una edad temprana. ¿Qué opinas tú?

Desde el nacimiento, los padres atienden todas las necesidades del niño e incluso empiezan a planear su futuro. Muchos comienzan desde muy temprano a buscar el colegio ideal, abren una cuenta de ahorros para sus estudios, o compran una póliza de seguros para la protección de la familia. ¿Cuántos se preocupan por sentar desde la infancia las bases de una buena salud, especialmente la del corazón? Los niños del presente se enfrentan a un estilo de vida cada vez más sedentario y más propenso a las comidas rápidas, de bajo contenido alimenticio, pero que son verdaderas bombas de calorías, grasas y sodio. 

No es una coincidencia que estemos viviendo una epidemia de obesidad infantil con consecuencias muy serias: más casos de diabetes, hipertensión y niveles altos de colesterol en niños cada vez más jóvenes. Si no se controla la tendencia, se multiplicarán en un futuro cercano las enfermedades cardíacas y los ataques cerebrovasculares y las víctimas serán esos mismos niños.

Tomando ese panorama en cuenta, un panel del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre presentó unas nuevas recomendaciones durante la conferencia más reciente de la Asociación Americana de Cardiología. El panel estima que todos los niños entre las edades de 9 y 11 años deben someterse a exámenes de sangre para detectar niveles altos de colesterol y sugieren que vuelvan a examinarse de nuevo entre los 17 y los 21 años. Estos exámenes permitirían descubrir y tratar el colesterol alto en una etapa temprana, evitando el endurecimiento de las arterias (arterioesclerosis), una de las causas principales de la enfermedad cardíaca.

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jueves, 17 de noviembre de 2011

El porcentaje de proteínas en tu dieta puede ayudarte a controlar el peso


Si vigilas tu dieta y llevas un control de las calorías que consumes, magnífico. Seguro que has venido utilizando la tradicional fórmula de contar calorías para evitar consumir más de las que gastas. Al parecer, tan importante como el total de las calorías es la procedencia de las mismas. Según un estudio reciente, la cantidad de las proteínas que ingieres puede jugar un papel muy importante a la hora de mantener el peso. ¿Cómo andan tus cuentas?

Llevar una dieta balanceada, acompañada de una rutina de ejercicios es el modo más recomendable para mantener un peso saludable y un buen estado físico en general. Hasta ahora, una de las formas principales de controlar el peso consiste en mantener a raya el número de las tan nombradas y desprestigiadas calorías. Pero éste no es el único factor que debes tener en cuenta. Un nuevo estudio publicado en PloS One, desarrollado por investigadores de la Universidad de Sidney, en Australia ha detectado un vínculo importante entre las proteínas y el éxito de una dieta para mantener el peso y que a la vez te deje satisfecha(o).

Para comprenderlo mejor, primero hay que entender qué son las calorías y qué las proteínas, cuáles son las diferencias entre ambas y qué función cumple cada una en el cuerpo humano, ya que ambas son necesarias (y sí, las calorías también).

La proteína es una sustancia que se encuentran en cada célula viva del cuerpo, donde cumple funciones importantes como construir y reparar la piel, los músculos y los órganos. Por eso es necesario consumir proteínas provenientes de los alimentos. Por ejemplo, obtenemos las proteínas en la carne, los productos lácteos, las nueces y de algunos granos o leguminosas.

La caloría, en cambio, es una unidad de medida que permite saber cuánta energía contienen, en este caso, los alimentos. Todos los alimentos aportan calorías, algunos más y otros menos, y todos necesitamos consumir calorías para tener energía. Sin embargo, comer demasiadas calorías y no consumirlas puede hacer que aumentes de peso. Por eso han sido tan despreciadas a la hora de pensar en bajar esos kilos o libras de más.

Ahora bien, los alimentos están compuestos de diferentes sustancias que aportan distintas cantidades de calorías. Así, por ejemplo, por cada gramo de proteínas que tenga un producto brindará 4 calorías, mientras que cada gramo de grasa aportará 9 calorías y cada gramo de carbohidratos también aportará cuatro calorías.

Teniendo en cuenta estos valores, los investigadores de Australia trataron de detectar si el consumo de proteína afectaba el total de calorías ingeridas, por lo que les pidieron a un grupo de mujeres y de hombres delgados con una edad promedio de 24 años que llevaran unas dietas con distintos niveles totales de proteínas: específicamente 10%, 15% y 25%. Los participantes comieron sus comidas durante 4 días en el centro de investigaciones, pero además de la comidas controladas, tuvieron acceso sin restricciones a otros tipos de alimentos adicionales (todo lo que comieron se registró debidamente). Los resultados fueron los siguientes: mientras más se reducía el porcentaje de proteínas (hasta el más bajo con un 10%), los hombres y las mujeres tendieron a comer más carbohidratos y alimentos ricos en grasa, aumentando así el riesgo de aumentar peso. Cuando el nivel de proteínas subió (15% a 25%) no hubo diferencia en el peso independientemente del total de calorías ingeridas.

Según el equipo de investigadores, una de las razones que justifican estos resultados es que las personas se sienten más satisfechas (saciadas) al consumir proteínas y por eso cuando las comen en menor cantidad, tienden a buscar otros productos que las reemplacen, principalmente a base de grasas o carbohidratos. La conclusión es obvia: comer más proteínas satisface más, por lo que tendemos a comer menos cantidades y por lo tanto, a engordar menos.

Por eso, tal como lo expresan estos hallazgos, lo ideal es que el 15% de las calorías de la dieta que comemos, provengan de las proteínas. Pero ¿cómo puedes hacer el cálculo? No es tan difícil. Por ejemplo, si estás siguiendo una dieta de dos mil calorías diarias para mantener tu peso, el 15 por ciento son 300 calorías que deberías obtener de proteínas. Recuerda que cada gramo de proteína tiene 4 calorías, con lo cual deberías consumir 74 gramos de proteínas (y para saber cuántas proteínas tiene cada alimento puedes orientarte leyendo las etiquetas de los productos).

Por último, recuerda acompañar las proteínas de origen animal con frutas y verduras. Llevar una dieta balanceada es importante no sólo para mantener el peso sino también la buena salud, mientras que tener una rutina de ejercicios también es de gran ayuda a la hora de pensar en alcanzar y sostener el peso que tanto te gustaría tener.

Si tienes alguna condición de salud en particular, como diabetes, problemas del corazón, colesterol alto o enfermedad celíaca, por nombrar algunos ejemplos, no dudes en consultar con tu médico antes de hacer cambios en tu dieta, para que pueda indicarte el modo más apropiado de modificar tu alimentación sin afectar tu salud.

Tomado de Vida y Salud

jueves, 10 de noviembre de 2011

“A mi hijo no le digan gordo”


Usamos las palabras para comunicarnos unos con otros. Pero a veces, sin ninguna intención, las palabras que empleamos pueden incomodar y hasta herir a otros. Ese es el caso de los términos “gordo”, “rellenito” u “obeso” que les molestan a algunos padres cuando los médicos los usan para describir a sus hijos cuando están excedidos de peso. ¿Qué piensas tú? ¿Te parecen ofensivas? Cualquiera que sea el término que usemos, lo cierto es que la obesidad y el exceso de peso perjudican al niño y ponen en peligro su salud. Aquí te damos algunos consejos para ponerle freno a la obesidad infantil.

Según una encuesta desarrollada por investigadores del Centro Rud para Políticas Alimenticias y Obesidad de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, los padres no se sienten cómodos cuando los médicos les dicen a sus hijos que están gordos u obesos. En vez de esos términos, que consideran peyorativos, preferirían que se les hablara de que su peso no es saludable.

En detalle, según los resultados publicados en la revista especializadaPediatrics, de los 445 padres encuestados (con hijos con diferentes niveles de peso entre sí, desde normal, con sobrepeso hasta obesos), el 44% afirmó que prefería que los médicos se refirieran al peso de los niños en vez de mencionar cuán gordos se han puesto. Tampoco aceptaron los términos de obeso o rellenito, ya que se considera que esas formas son prejuiciosas. Por el contrario, los padres preferirían que los médicos simplemente hablaran con sus niños sobre un peso poco saludable o sobre su índice de masa corporal (o IMC, que es el término médico que se refiere a una relación entre la estatura y el peso).

Es normal que el médico quiera discutir el problema del sobrepeso con los padres y con el niño, pero los padres estiman que se obtienen resultados más positivos si el doctor se dirige a ellos diciendo, por ejemplo: “Tenemos que buscar la forma de que llegues a un peso saludable” en lugar de “Estás muy gordo, tienes que bajar de peso”. Ese tipo de lenguaje hace que tanto los padres como los niños se sientan culpables y que se avergüencen, y no los motiva a buscar soluciones positivas.

Los investigadores también les preguntaron a los padres como actuarían o responderían si pensaban que sus hijos habían sido estigmatizados por el médico debido a su peso. La mitad respondió que le pediría al especialista que usara un lenguaje más sensible, y el 35% dijo que buscaría otro doctor. El 37% dijo que se sentiría triste o avergonzado y el 36% afirmó que pondría a su hijo bajo una dieta estricta, lo cual tampoco es recomendable para un niño ya que necesita nutrientes para poder crecer fuerte y sano. Para ello, la recomendación es hacer más ejercicio y comer menos comida chatarra y más alimentos saludables.

Sin embargo, llevar una vida más saludable puede ser difícil de practicar hasta por los mismos padres, por eso la obesidad y el sobrepeso infantil son cuestiones familiares que deben ser tratadas en conjunto. La clave está en lograr un cambio de hábitos por parte de los adultos, que le transmitan a sus hijos con el ejemplo.

¿Vale la pena hacer el esfuerzo? ¡Claro que sí! Un niño con problemas de peso puede tener problemas para jugar con sus amigos, para divertirse al aire libre y para vestirse a la moda. Además, suele ser víctima de burlas y discriminación por sus compañeros tanto en el colegio como en otros ámbitos sociales.

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domingo, 29 de mayo de 2011

La obesidad ¿Es heredada o adquirida (por los hábitos y las costumbres)?


Parece ser que un gen que le permitió a nuestros antepasados sobrevivir en épocas de hambre es uno de los responsables de que hoy, en estas sociedades en las que abundan los alimentos azucarados y ricos en calorías, no podamos eliminar esas grasas y perder peso. ¿Realmente la obesidad es una cuestión genética (heredada) o tiene que ver con hábitos y costumbres (adquirida)? Aquí te contamos más detalles sobre este debate.
Por mucho que Carolina se cuida en las comidas, no logra bajar de peso. La obesidad ¿tiene que ver con las conductas? o ¿es algo genético que heredamos de nuestros antepasados? La respuesta a esta pregunta no es tan sencilla ni definitiva. De algún modo, ambos factores pueden hacer que tengas esas libras o kilos de más que no puedes sacarte de encima.
Actualmente, la obesidad se ha convertido en una epidemia a nivel mundial, especialmente en los países en donde se ha incrementado el consumo de los alimentos con un alto contenido calórico (que contienen muchas calorías). Pero los genes, que regulan el modo en que nuestro cuerpo captura, almacena y elimina la energía de la comida tardan mucho tiempo en adaptarse a los cambios.
En este sentido, una hipótesis plantea que tenemos un gen “ahorrativo”, que es el que en el pasado le habría permitido a nuestros antepasados sobrevivir en épocas de hambre o escasez, cuando la disponibilidad de comida no siempre era segura, no estaba garantizada. Básicamente, estos genes hacen que las células grasas no consuman la grasa tan rápidamente, sino que la almacenen para tener reservas (y que nunca falte energía).
Frente a esta postura, otros especialistas han planteado que esto es sólo una parte de las condiciones (genéticas y ambientales) que favorecen la obesidad, como alimentarse en exceso (y no poder parar de comer), el sedentarismo o la falta de ejercicio físico, una disminución de la capacidad de utilizar las grasas de la dieta como energía y el aumento en la capacidad de almacenar las grasas corporales (del cuerpo).
De todos modos, no todas las personas que vivan en condiciones similares serán obesas ni todas las personas obesas tendrán la misma distribución de grasas en el cuerpo ni sufrirán los mismos problemas de salud. Incluso dentro de un mismo grupo étnico, las reacciones son diferentes entre uno y otro miembro. Esto hace pensar que sí existe un factor genético (hereditario) que acompaña a las costumbres.
Y si bien varias investigaciones han encontrado que la obesidad está relacionada con factores genéticos, la dificultad se encuentra en determinar cuáles son esos factores genéticos y cómo actúan en el cuerpo. Durante las últimas décadas, los estudios y los descubrimientos varían y continúan, con el objetivo de poder encontrar nuevas formas de combatir la obesidad.
Esto no significa que tengas vía libre para abandonarte a tus genes. Por el contario, hay investigaciones que demuestran que la actividad física puede invertir cierta tendencia genética a engordar y a combatir la obesidad. Y lo mejor de todo es que incluso con media hora de caminatas, jardinería o actividades cotidianas se puede marcar una diferencia.
Con respecto a la dieta, es importante que aprendas a elegir de manera inteligente qué, cuánto y cuándo comes lo que comes, no sólo para combatir la obesidad sino también otras enfermedades y complicaciones de salud como la presión arterial, el colesterol elevado, los problemas del corazón y la diabetes, entre otras.
Si tienes dudas al respecto o tienes algún problema de salud, la próxima vez que vayas al médico pregúntale cómo puede tu dieta ayudarte a mejorar tu condición, para mantenerte saludable, por más tiempo. Recuerda que la obesidad es una cuestión de salud. El reporte gratuito de “Soluciones Alimenticias para Perder Peso” te puede dar ideas para recetas saludables y deliciosas. ¡Buena suerte!
Tomado de Vida y Salud

viernes, 20 de mayo de 2011

Un poco de grasa abdominal puede duplicar el riesgo de muerte en pacientes con enfermedad arterial coronaria


Uno de los mayores estudios en su tipo descubrió que la gente con enfermedad arterial coronaria que tiene aunque sólo sea un poco de grasa abdominal corre más riesgo de fallecer que quienes acumulan grasa en otra parte del cuerpo.  El mismo efecto se observó inclusive entre pacientes con índice de masa corporal (IMC) normal.  Los resultados de este análisis de Mayo Clinic se publican en la edición correspondiente al 10 de mayo de la revista del Colegio Americano de Cardiología.
Los científicos analizaron los datos de 15.923 personas con enfermedad arterial coronaria, participantes en cinco estudios alrededor del mundo, y descubrieron que quienes tienen enfermedad arterial coronaria y obesidad central (medida a través de la circunferencia de la cintura y de la proporción entre cintura y cadera) corren el doble de riesgo de fallecer.  Eso equivale al riesgo de fumar a diario un paquete de cigarrillos o tener colesterol alto, sobre todo entre los hombres.
Los resultados refutan la paradoja de la obesidad, hallazgo desconcertante en muchos estudios respecto a que los pacientes con IMC más altos y enfermedades crónicas, como la enfermedad arterial coronaria, tienen mejores probabilidades de sobrevivir que otras personas de peso normal.
“Se sospechaba que la paradoja de la obesidad obedecía al hecho de que el IMC no es ni buena medida de la grasa corporal, ni ofrece ninguna perspectiva sobre la distribución de la grasa”, explica la Dra. Thais Coutinho, autora principal del estudio y fellow de Cardiología en Mayo Clinic.  “El IMC sólo es una medida del peso en proporción a la estatura, pero parece que lo más importante es cómo se distribuye la grasa en el cuerpo”, añade.
El Dr. Francisco López Jiménez, investigador principal del proyecto y director del Programa Cardiometabólico de Mayo Clinic, explica por qué este tipo de grasa sería más nocivo: “Se ha descubierto que la grasa visceral tiene más actividad metabólica y ocasiona más cambios en el colesterol, presión sanguínea y nivel de azúcar en la sangre.  Sin embargo, la gente cuya grasa se ubica sobre todo en otras partes del cuerpo, especialmente en las piernas y nalgas, no presenta más riesgo”.
Los científicos dicen que los médicos deberían aconsejar perder peso a los pacientes con enfermedad arterial coronaria e IMC normal que tengan grande la circunferencia de la cintura o proporción alta entre cintura y cadera.  La medida es muy fácil de usar, acota la Dra. Coutinho y agrega lo siguiente: “todo lo que se necesita es una cinta métrica y un minuto del tiempo del médico para medir el perímetro de la cintura y cadera del paciente”.
La investigación estudió a gente en Estados Unidos (en Rochester, Minnesota y San Francisco, California), Dinamarca, Francia y Corea.  El hecho de que se incluyeron diferentes grupos étnicos hace que el estudio sea más aplicable al mundo real, indica la Dra. Coutinho.
Entre otros miembros del equipo de investigación están: los doctores Kashish Goel, Daniel Correa de Sa, Randal Thomas, Veronique Roger y Virend Somers por parte de Mayo Clinic; los doctores Charlotte Kragelund, Lars Kober, y Christian Torp-Pedersen del Rigshaspitalet en Copenhagen, Dinamarca; la Dra. Alka Kanaya de la Universidad de California en San Francisco; los doctores Jong-Seon Park, Sang-Hee Lee y Young-Jo Kim del Hospital Universitario Yeungnam en Daegu, Corea; así como los doctores Yves Cottin y Luc Lorgis del Hospital Universitario de Bocage en Dijon, Francia.
Tomado de Vida y Salud

jueves, 19 de mayo de 2011

Las proteínas y el ejercicio


Para desarrollar tus músculos y mantenerlos sanos es importante que consumas proteínas. Aquí te contamos lo que encontró un grupo de investigadores de Canadá y el Reino Unido, así como los datos principales que debes tener en cuenta a la hora de pensar en una dieta rica en proteínas que te beneficie a la hora de hacer ejercicio.
Así es, un grupo de investigadores de las universidades de McMaster, en Canadá, y de Nottingham, en Inglaterra encontraron que las proteínas de la leche pueden ayudarte a desarrollar tu masa muscular, incluso si la consumes hasta 24 horas después de hacer tu rutina de ejercicios.  Además, los resultados que obtuvieron sugieren que, independientemente del tipo de ejercicio que hagas, el desarrollo muscular es mayor cuando se consumen este tipo de proteínas.
Todos necesitamos proteínas para mantener un cuerpo sano y fuerte. Las proteínas son muy importantes porque ayudan a construir y a reparar los huesos, la piel, los músculos y los órganos.  Además, como el cuerpo no almacena las proteínas (así como lo hace con las grasas y los carbohidratos), es necesario ingerir proteínas a diario. Si tu eres una persona activa, y haces ejercicio regularmente, es indispensable que conozcas acerca de ellas y las incorpores en tu dieta. No es necesario que tomes polvos ni suplementos. Se pueden obtener fácilmente de los alimentos que nos proporciona la naturaleza. Aquí te cuento más acerca de las proteínas:
Existen dos tipos de proteínas, unas denominadas completas y otras incompletas. Las proteínas completas, que se obtienen en la carne, la leche y otros productos animales, proporcionan todos los aminoácidos que el cuerpo no puede producir por sí mismo, que son 9 y se denominan aminoácidos esenciales (los aminoácidos son componentes básicos que el cuerpo obtiene al digerir las proteínas).
Por su parte, las proteínas incompletas, que están presentes en algunos vegetales y granos, brindan sólo una parte de los aminoácidos que el cuerpo necesita y por eso es necesario combinarlas con otros alimentos. De todos modos, las personas que siguen una dieta vegetariana estricta pueden obtener los nueve aminoácidos esenciales comiendo una amplia variedad de vegetales ricos en proteínas.
A veces, se puede seguir una dieta rica en proteínas para bajar de peso, pero es importante hacer esto cuidadosamente ya que muchas veces obtenemos las proteínas de fuentes animales, y esto puede incrementar también el consumo de grasas, por ejemplo. De ese modo, que quienes siguen una dieta rica en proteínas tienen más riesgos de tener colesterol alto, enfermedades del corazón, osteoporosis (una enfermedad en los huesos) y problemas en los riñones.
Por eso, es importante que nunca falten las frutas y los vegetales en tu dieta. De hecho, la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) no recomienda seguir una dieta alta en proteínas para bajar de peso. Además, muchas veces, las personas que llevan dietas altas en proteínas para perder peso vuelven a recuperar los kilos/libras perdidos una vez que abandonan la dieta. Por eso, los especialistas coinciden que la mejor manera de perder y mantener el peso ideal es llevando una dieta sana y balanceada a diario, acompañada por actividad física regular.
Y cuando pienses en una rutina de ejercicios que acompañe a tu dieta, ten en cuenta tu estado de salud en general y siempre consulta a tu médico para que te asesore en cuanto al  tipo de ejercicios para ver si son apropiados para ti, especialmente si tienes 40 años o más y has estado sedentario.
Si estás pensando en acompañar estos ejercicios con una dieta alta o rica en proteínas, en particular, recuerda que nunca deben faltarte las frutas y los vegetales y siempre es preferible que lo consultes con un profesional que pueda asesorarte, para que la dieta y los ejercicios sigan siendo equilibrados y adecuados y se ajusten a tus necesidades.
Cuando hagas ejercicio, no te olvides de consumir suficientes proteínas de tus alimentos para ayudar a que tus músculos se mantengan sanos y fuertes.
Tomado de Vida y Salud

jueves, 5 de mayo de 2011

Las grasas saludables para tu corazón


Seguramente has escuchado que el consumir grasas en exceso puede aumentar el riesgo de desarrollar problemas cardíacos. Sin embargo, no todas las grasas son dañinas. Lo importante es seleccionar el tipo y la cantidad de grasas adecuadas para mantener a tu corazón sano. En este artículo te contamos cuáles son las grasas saludables para tu corazón. Así sabrás cómo elegirlas a la hora de incorporarlas en tu dieta.
A pesar de que se les ha hecho muy mala fama, tu cuerpo necesita a las grasas y a los aceites para vivir. Incluso, algunos ácidos grasos como los denominados Omega 3 son buenos para el corazón. Además de darles un sabor diferente a las comidas, las grasas transportan a las vitaminas A, D, E y K en el cuerpo y proveen calorías, que aportan energía.
Si es así, ¿por qué generalmente se recomienda comer poca grasa? y, ¿por qué se dice que es tan nociva? Las respuestas a estas preguntas realmente son, que todo depende del tipo de grasa del que se trate y de la cantidad que consumas, ya que algunas pueden incrementar el llamado colesterol malo (o LDL, por su sigla en inglés, que significa lipoproteínas de baja densidad) y con él el riesgo de que desarrolles problemas del corazón.
Así como existen los llamados colesterol malo y colesterol bueno (HDL, por sus siglas en inglés, que significan lipoproteínas de alta densidad), también existen dos grupos de grasas: las no saturadas y las saturadas. Las primeras son menos y las segundas más dañinas para tu salud, ya que aumentan el riesgo de que las arterias se obstruyan (tapen) e impidan el paso de la sangre al corazón o al cerebro.
Las grasas no saturadas son las que son líquidas a la temperatura ambiente. Entre ellas se encuentran las grasas monoinsaturadas o las poliinsaturadas, que ayudan a incrementar los niveles del colesterol bueno. Entre los alimentos que contienen grasas monoinsaturadas están: frutos secos, semillas, aguacates (paltas) y algunos aceites como el de oliva, canola y girasol; mientras que entre los alimentos que contienen las grasas poliinsaturadas están: los granos de maíz, semillas de algodón, y aceites y semillas de cártamo y de lino, los frijoles (habichuelas, porotos) y aceites de soja (soya), margarinas y mariscos.
Las grasas saturadas, en cambio, son aquellas que suelen estar sólidas a la temperatura ambiente, como las que se encuentran en la carne de los animales y en los lácteos como en la manteca o en la mantequilla, el queso y la crema.
Por último, las conocidas como grasas trans también corresponden al grupo de las no saturadas, pero no comparten las propiedades de este grupo cuando se trata de tu salud. Al contrario, debes sumarlas a las saturadas en tu lista de grasas que debes de evitar, ya que incrementan el riesgo en cuando a padecer problemas del corazón. Las grasas trans se encuentran en los aceites hidrogenados y parcialmente hidrogenados y en los productos que contienen estos aceites, como galletas, pasteles, donas (rosquillas) y en las comidas fritas en general.
Las grasas se deben consumir en cantidades limitadas. Debes usar las más apropiadas para cocinar tus comidas y aprender a encontrar el equilibrio justo entre calidad y cantidad.
Por ejemplo, algunos estudios clínicos sugieren que los alimentos típicos de la dieta mediterránea, como el aceite de oliva y los frutos secos, tienden a reducir la posibilidad de desarrollar diabetes y el síndrome metabólico, que es una combinación de  factores que aumentan el riesgo de padecer de enfermedad cardíaca. Los factores del síndrome metabólico son obesidad abdominal y dos de las siguientes cuatro características: hipertensión (presión alta), colesterol bueno (HDL) bajo, triglicéridos elevados y/o azúcar elevada en la sangre (o diabetes).
A eso se suman otros estudios, como uno publicado en el Canadian Medical Association Journal a fines del año pasado, en el cual unos investigadores de la Universidad de Toronto y del Hospital St. Michael de Ontario, ambos en Canadá, evaluaron los efectos de agregar grasa monoinsaturada a una dieta vegetariana rica en fibra, efectiva para reducir el colesterol malo en los adultos.
Así detectaron que la combinación de la dieta vegetariana con una dosis de grasa monoinsaturada logró que los niveles del colesterol disminuyeran, aunque advirtieron que en el mundo real esto podría variar un poco, ya que los participantes en la investigación recibieron los alimentos y estuvieron estrictamente controlados.
De todos modos, incorporar buenos hábitos relacionados con el consumo de grasas no es tan complicado. Algunas sugerencias que puedes considerar incluyen:
  • Reemplaza algunos carbohidratos refinados, como el pan blanco y las “golosinas”, por grasas monoinsaturadas de frutos secos, aguacate (palta) o aceite de oliva.
  • Utiliza menos aceite en tus recetas. Por ejemplo, reduce la cantidad de margarina que le untas a tu pan.
  • Sustituye el contenido de las recetas por opciones más saludables, como el aceite de canola o el aceite de oliva.
  • Además de reemplazar productos por opciones más saludables reduce la cantidad que utilizas, por ejemplo, ¼ de taza de aceite de oliva en vez de ½ taza de manteca.
  • Elige productos bajos en grasas o sin grasa.
Si tienes dudas acerca de las grasas que estás consumiendo en tu dieta, o si tienes colesterol alto, habla con tu médico sobre las opciones más saludables en tu caso. No te olvides que las grasas son indispensables para la salud, pero siempre que elijas las grasas saludables, las monoinsaturadas o poliinsaturadas y que las consumas en moderación. Logrando ese equilibrio, podrás tener un corazón más sano.
Tomado de Vida y Salud

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La obesidad infantil y el colesterol alto

Hasta hace poco era común que las abuelas, las tías, y las mamás vieran la “gordura” de los niños como algo positivo. Se consideraba que la obesidad era una señal de que los niños estaban sanos, y de que se tomaban “toda la sopita”. Hoy en día sabes que esto no es cierto. Cuando ves a un niño obeso reconoces que algo está mal con su dieta y con su actividad física. La obesidad infantil puede ir de la mano con los niveles de colesterol elevados en la sangre. Sigue leyendo y conoce más acerca de la obesidad infantil y su relación con el colesterol.

Hoy en día es difícil encontrar a alguien que NO haya escuchado algo relacionado con la obesidad infantil. Se habla de la obesidad infantil en la escuela, en las noticias, en los programas de radio, y en las páginas del Internet. Inclusive la Primera Dama de los Estados Unidos, Michelle Obama, lidera una campaña nacional para combatir este flagelo que afecta a 1 de cada 3 niños en los Estados Unidos.

Lo triste es que la obesidad infantil ha tomado una ventaja impresionante, pero no quiere decir que haya ganado la batalla. La obesidad infantil no viene sola, y por eso es necesario atacarla desde la infancia. Esto no es un problema de estética ni vanidad. Es un problema de salud que afecta a todo el cuerpo. La obesidad infantil viene acompañada de una serie de amigos que no ayudan a la salud de tus hijos. Se debe a ella que enfermedades que en el pasado eran asociadas más que nada en personas adultas, como la elevación de los triglicéridos y del colesterol en la sangre, hoy en día están siendo diagnosticadas con frecuencia en los niños obesos.

Sobrepeso y obesidad

Antes de continuar con este tema sabes: ¿Cuál es la diferencia entre la obesidad y el sobrepeso? ¿Lo dudaste por un momento? Sé que es posible que confundas ambos conceptos. El sobrepeso hace referencia a alguien que pesa mucho, mientras que la obesidad habla del exceso de grasa. Los pediatras utilizan el peso y la estatura para calcular el índice de masa corporal (IMC) en base a unas fórmulas. Luego utilizan unas tablas de percentiles (de crecimiento) que son específicas para la edad y el sexo del pequeñín y así determinan en donde se encuentra. Estas tablas tienen varias líneas. Por ejemplo: la mitad de los niños de la misma edad se encuentran en el percentil 50. Un 25% se encuentra por arriba de ese nivel y un 25% se encuentra por debajo de ese nivel. Las tablas se refieren a 100 chicos sanos de esa edad que la mitad son más altos y la mitad son más bajos, etc. Da un rango. Lo mismo sucede con el peso. Cuando se utiliza la tabla hay una consonancia entre las estaturas y los pesos.

Se dice que un niño está obeso cuando su índice de masa corporal –IMC- (BMI por sus siglas en inglés) si está en los 95 percentiles o más, y que está en sobrepeso si su IMC llega a los 85 percentiles, pero es menos de 95. Por otro lado, un niño está en un peso normal si su IMC se encuentra entre los percentiles 5 y 85. Y su peso es menor al normal si su IMC no llega al percentil 5.

El uso del índice de masa corporal aunque es una buena medida, no es perfecta, ocasionalmente, puede ser engañosa ya que no mide, directamente, la grasa del cuerpo. Con los resultados del índice de masa corporal, una persona musculosa puede parecer que está con sobrepeso, sin que esto signifique que lo está y mucho menos obesa. Esto quiere decir que es una persona pesada, pero no implica que tenga niveles altos de grasa en su cuerpo. En los casos en donde hubiese duda, el pediatra podría realizar otros estudios como la medición de los pliegues cutáneos, entre otros.

No olvides que la obesidad causa problemas graves de salud

Es importante que sepas que la obesidad sólo causa problemas. No hay beneficios que se asocien con la obesidad infantil, y por eso es necesario combatirla lo antes posible. Entre otras cosas, la obesidad infantil puede causar: diabetes tipo 2, presión arterial alta y elevación de los niveles del colesterol malo (LDL) y de los triglicéridos. Por ejemplo, hay sitios como en los Estados Unidos en donde el 20% de los niños tienen el colesterol malo (LDL) elevado. Debes considerar que la grasa no sólo se acumula en los gorditos del cuerpo sino también en el interior de las arterias. Esto puede traer serios problemas cardiovasculares.

Colesterol y obesidad: una pareja peligrosa

Si los padres entendieran que su hijo obeso puede desarrollar niveles elevados de colesterol malo, seguramente tomarían acciones inmediatas. Lo que sucede es que muchos de ellos, y tal vez este sea tu caso, no saben bien qué es el colesterol y por qué es perjudicial para la salud de sus hijos.

El colesterol es una sustancia que produce el hígado y que tienen una textura muy parecida a la cera. Esta sustancia en exceso, se acumula en las paredes de tus arterias dificultando la circulación de la sangre, y en algunos casos bloqueándola completamente. Tu cuerpo produce suficiente colesterol para los procesos en donde se requiere. El hígado de tu hijo puede producir hasta 1,000 miligramos de colesterol al día en condiciones normal. ¿Te imaginas si a esto le añades los helados, las bebidas azucaradas, y las hamburguesas con queso y tocineta (tocino)? Todo esto sin contar con las horas que tu hijo permanece frente al televisor o a la computadora, sin ningún tipo de actividad física al día.

No esperes a que aparezcan síntomas que te dejen saber acerca de la elevación en los niveles del colesterol, ya que el colesterol, durante mucho tiempo, es un enemigo silencioso. Por esto, los padres no están alerta a los niveles de grasa en la sangre de sus hijos. Si llevas a tu hijo a chequeos regulares podrás darte cuenta de los incrementos y reducciones de su colesterol en la sangre.

Si tu hijo sufre de obesidad infantil, actúa lo antes posible. No esperes a que las libras y la grasa se sigan acumulando. Los niveles elevados del colesterol en la sangre le pueden ocasionar graves problemas en su corazón y en su sistema cardiovascular más adelante. Tu puedes y debes empezar esta batalla. Trabaja duro con tus hijos para que lleven una dieta sana, para que hagan ejercicio y así podrás decirle adiós a la obesidad infantil.


Tomado de Vida y Salud