DESPACHOS A TODO EL PAÍS

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jueves, 30 de agosto de 2012

Buenas razones para decirles “¡No!” a las sodas

Si la soda (el refresco) es tu bebida favorita, ¿cuántos vasos tomas a diario, o has intentado disminuir la cantidad que consumes? Si estás atrapado(a) en el dulzor de tus bebidas, aquí te damos buenas razones para abandonarlas y algunas claves para lograrlo con éxito.

“El agua es insípida, no tiene gusto a nada”, me dijo despreocupada Tina, la hija de una amiga durante un almuerzo de domingo. Luego tomó la botella de su soda preferida, llenó su vaso hasta el tope y, ciertamente, he sido yo la que ha quedado preocupada: como Tina, hay muchísimas personas ¿perteneces a este grupo?

Mucha gente está tan habituada a los sabores dulces que quitarle el dulzor a la bebida les resulta una idea imposible de concebir, aunque su cuerpo se los agradecería. Y esto no sólo es cuestión de los niños, los adultos le pueden ayudar a esos paladares mal acostumbrados también. Pero ¿cómo se puede hacer si son los mismos padres quienes no pueden dejar de llevar una soda (refresco) a la mesa, al automóvil, al parque o a esa reunión entre amigos?

En otra oportunidad, un paciente que sufría de obesidad llegó preocupado al consultorio porque le habían dicho que debía abandonar sus sodas para bajar de peso, pero le resultaba imposible. Es más, se ponía de mal humor y discutía con la gente si no tenía su soda, tanto… que pensó que era adicto.

Le expliqué que probablemente no era adicto sino que es un hábito difícil de cambiar. Una razón puede ser que los sabores dulces hacen que el cerebro desprenda ciertos químicos llamados opioides, que hacen que luego tengamos más ganas de consumir dulces. Aunque, hay es cierto que algunos estudios consideran que la cafeína que contienen algunas sodas, puede generar una mínima adicción que dificulte las cosas, si se beben sodas con cafeína y en ese caso es cuestión de dejarlas poco a poco.

Como sea, la tarea puede resultar difícil para cualquiera que esté habituado a consumir sodas, pero no por eso hay que dejar de intentarlo. Las bebidas azucaradas sólo aportan calorías “vacías” al cuerpo, sin proporcionar ningún nutriente. Esto no sólo ayuda al sobrepeso sino que además aumenta las posibilidades de que desarrolles diabetes de tipo 2, debido principalmente al azúcar que contienen y a sus efectos sobre las hormonas. Incluso, hay estudios que indican que las sodas sin azúcar, las que utilizan edulcorantes artificiales han sido vinculadas a un aumento del apetito y una dificultad para perder o mantener el peso deseado.

Además, las sodas pueden dañar a tus dientes. Tanto el azúcar como el ácido carbónico que contienen (incluso las edulcoradas artificialmente) pueden dañar el esmalte dental y causar caries.

Asimismo, ¿sabías que la mayoría de la sodas contiene fósforo y cafeína, dos agentes que se cree contribuyen al desarrollo de una enfermedad que debilita los huesos denominada osteoporosis?

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jueves, 8 de marzo de 2012

16 malos hábitos que te estropean los dientes

Dicen que la sonrisa es una carta de presentación, ¡y es cierto! Si quieres que la tuya sea brillante y luminosa, el primer paso es cuidar al máximo tus dientes. Y eso, además de las imprescindibles visitas periódicas al dentista para prevenir problemas mayores o solucionar los que ya existen, implica desterrar algunos malos hábitos de tu rutina diaria. ¿Sabes cuáles son?

La primera vez que Francisco visitó a su dentista, a éste le llevó un segundo darse cuenta de los estragos que el cigarrillo había hecho no solamente en los dientes sino en las encías de su paciente. Además de realizar los empastes que Francisco necesitaba, tuvo que referirlo a un especialista (o periodoncista) para tratar la periodontitis (o piorrea) avanzada que estaba amenazando seriamente sus encías y su dentadura. El fumar definitivamente es uno de los peores hábitos que perjudica a todo el organismo, no sólo a la salud de tu boca. Pero hay muchos más que debes evitar.

Aunque hay pocas cosas más difíciles que cambiar de hábitos, debes proponerte modificar estas malas costumbres que estropean tus dientes:

• Fumar. La nicotina oscurece el esmalte y mancha los dientes. Puede provocar además enfermedades en las encías, que a su vez aflojan los dientes. Y si no te parece suficiente, también da mal aliento, afecta las papilas gustativas… y puede causar cáncer en la boca, los labios y la lengua. Si hay un sólo hábito de esta lista que debes cambiar urgentemente, es éste. Tu boca y todo tu cuerpo obtendrán beneficios inmediatos.

• Usar los dientes como herramienta. Si acostumbras destapar las botellas de refresco con los dientes, éstos pueden fracturarse y desgastarse. También se dañan si los usas para abrir los frascos de las medicinas y los envases de cartón o de papel.

• Cortar el hilo con los dientes. Aunque te parezca más fácil, ¡no lo hagas! Ten a mano las tijeras cuando te sientes a coser. Cortar el hilo con los dientes los desgasta.

• Rechinar los dientes o apretarlos en exceso (bruxismo). Desgasta la superficie de los dientes y hasta puede aflojarlos. También afecta la articulación de la mandíbula. Consulta con tu dentista. Es posible que necesites incluso dormir con un protector especial (férula o guarda oclusal) para que no lo hagas inconscientemente mientras duermes.

• Morderse las uñas. Además de no ser higiénico y hacer que tus dedos, de hecho, tus manos se vean feas, este hábito aumenta las posibilidades de que padezcas de bruxismo.

• Chupar pastillas para la tos. Aparte de su valor medicinal, es más o menos como chupar caramelos, porque los dos están llenos de azúcar. En ambos casos, asegúrate de cepillarte bien los dientes después de chuparlos.

• Comer gomitas dulces. Además de tener el problema anterior, las gomitas se pegan a los dientes, y el azúcar (y los ácidos que produce) permanecen en contacto con ellos por horas, causando daños en el esmalte de los dientes.

• Tomar café. Su color y su acidez pueden manchar los dientes o ponerlos amarillos. De nuevo, cepilla bien los dientes a menudo para evitar que se manche y se deteriore el esmalte.

• Beber vino. Tanto el vino tinto como el vino blanco contienen ácidos que deterioran el esmalte de los dientes, haciéndolos más vulnerables a las manchas. El vino tinto contiene además un pigmento que mancha los dientes. Para reducir el efecto dañino del vino, debes enjuagar la boca con agua después de beberlo o cepillarte los dientes con pasta blanqueadora.

• Beber refrescos (gaseosas, sodas). No sólo los caramelos y los dulces están llenos de azúcar. También los refrescos tienen una buena cantidad, sin contar los ácidos que contienen, y que afectan el esmalte de los dientes (estos ácidos, por cierto, también están en los refrescos de dieta que no contienen azúcar, pero sí endulcorantes o endulzantes artificiales).

• Masticar hielo. Sí, se trata sólo de agua congelada, refrescante, sin azúcar… ¡pero es duro! Masticarlo puede fracturar los dientes o producirles rajaduras.

• Comer papitas fritas de paquete. El almidón que contienen se convierte en ácido, y este ácido puede atacar los dientes hasta por 20 minutos. Si las comes, trata de lavarte los dientes y usar hilo dental lo antes posible.

• Comer muchos bocadillos (snacks) entre comidas. Estos alimentos producen menos saliva que una comida, y sus restos se quedan en los dientes por horas. Trata de reducir la frecuencia, y elige bocadillos bajos en azúcar y almidón, como bastoncitos de zanahoria.

• Morder los lápices. ¿Sueles morder los lápices cuando estás concentrado(a), estudiando o trabajando? Deja de hacerlo. Es igual que masticar hielo: puede fracturarte los dientes.

• Cepillarte los dientes con mucha fuerza o con un cepillo de cerdas duras.Puede producir retracción de las encías y exceso de sensibilidad en ellas.

• Cepillarte los dientes con movimientos horizontales. Desgasta el esmalte de los dientes. Lo correcto es cepillarlos con movimientos circulares.

¿Cuántos de estos malos hábitos practicas tú? Aunque no puedas eliminarlos todos de una vez, empieza poco a poco, y de ser posible, empieza por dejar los más peligrosos primero, como el cigarrillo. Además procura visitar al dentista regularmente para tus chequeos y tus limpiezas, y para descubrir a tiempo cualquier problema en tus dientes, y ponerle remedio. También es importante que mantengas una buena higiene bucal, cepillándote los dientes y usando hilo dental. Después de eso, ¡sonríe sin miedo! Seguro que causarás una buena impresión.

Tomado de Vida y Salud

sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Por qué se manchan los dientes?


Blancos, relucientes y parejos: así son los dientes de esas sonrisas perfectas que admiramos en las modelos y en los artistas, en las revistas y en las películas, pero que vemos muy poco en la vida real. Cuando brotan los dientes definitivos, por lo general vienen protegidos por un esmalte blanco y nítido. ¿Qué le sucede con el tiempo a ese esmalte que va perdiendo su brillo y tornándose amarillento? Y lo más importante, ¿qué podemos hacer para evitar que se manchen los dientes? Entérate aquí.

La sonrisa ideal tiene como ingrediente fundamental dientes blancos, parejos y relucientes. En eso hay mucha gente que está de acuerdo. También coincide la gente en que una bonita sonrisa juega un papel mucho más allá de lo estético. Así lo confirma una encuesta de la Academia Americana de Odontología Cosmética (AACD por sus siglas en inglés). Mira los resultados:
  • Más del 92% de los adultos estadounidenses entrevistados coincide en que una sonrisa bonita es un recurso social importante.
  • Un 88% admite recordar a alguien con una sonrisa bonita.
  • El 85% admite que una sonrisa poco atractiva no atrae al sexo opuesto y el 74% agrega que le resta oportunidades a la persona a nivel profesional.
  • Solamente un 50% de los encuestados está satisfecho con su sonrisa. Y gran parte del descontento son los dientes manchados o con decoloraciones del esmalte.
Entendiendo la estructura del diente

Los dientes están formados por cuatro tipos de tejido que se van superponiendo en capas: pulpa, dentina, esmalte y cemento dental. La porción interna y más profunda del diente se llama pulpa. Es de textura blanda y consiste en el tejido conjuntivo, los nervios y los vasos sanguíneos que “alimentan” al diente. La pulpa tiene dos partes: la cámara de la pulpa (la parte superior que vemos o corona) y la base que sostiene al diente en la encía, o la raíz. 

Por debajo del nivel de las encías, una capa ósea (de hueso) llamada cemento dental, cubre el exterior de la raíz y sostiene al diente en su sitio dentro de la mandíbula. Por encima de la pulpa, se sitúa la dentina, una sustancia amarilla que constituye la mayor parte del diente (es precisamente la dentina la que le da a los dientes con el tiempo esa típica coloración amarillenta). La capa más superficial es el esmalte, el tejido más duro de todo el cuerpo ya que debe soportar la presión de la masticación y proteger a las capas más blandas del diente de las bacterias nocivas y de los cambios de temperatura de los alimentos fríos y calientes, sin duda un trabajo duro y de mucha responsabilidad.

Lo que le pasa al esmalte

Cuando brotan los dientes definitivos (permanentes) la mayoría de las personas estrena un esmalte blanco como la porcelana. Pero con el transcurso del tiempo ese esmalte va cambiando y perdiendo el lustre original debido a la función que cumple: debe soportar los efectos de masticar los alimentos, el del roce o crujido de unos dientes contra otros, los efectos de traumas, golpes o presión en los dientes (usarlos para cortar y abrir objetos como si fueran herramientas), así como el ataque de los ácidos causados por el azúcar. 

No en balde, con el pasar de los años el esmalte blanco se va desgastando y haciéndose más transparente, lo que permite que se vea el color de la capa subyacente: la dentina. Con el uso diario de los dientes, la dentina se mantiene intacta, pero no así la superficie del esmalte, que se desgasta y se cuartea. Es dentro de estas cuarteaduras microscópicas que se van acumulando las manchas y los detritos (los restos muy pequeños de basura).

Los tipos de manchas del esmalte...

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