DESPACHOS A TODO EL PAÍS

DESPACHOS A TODO EL PAÍS
Mostrando entradas con la etiqueta obesidad infantil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta obesidad infantil. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de julio de 2012

Detectan genes relacionados con la obesidad infantil


Por primera vez, un grupo de investigadores de Filadelfia ha detectado dos genes que podrían estar relacionados con la obesidad infantil. Y aunque la recomendación sigue siendo estimular a los niños a hacer ejercicios y llevar una dieta saludable, estos hallazgos abren nuevos caminos para tratar de combatir este problema.

La obesidad infantil se ha convertido en una preocupación de salud pública en muchos países. Se estima que, durante las últimas décadas y sólo en los Estados Unidos, se ha triplicado la cantidad de niños con sobrepeso. Y eso no es todo: cada vez son más los niños que comienzan a presentar problemas de salud asociados a la obesidad, que antes eran de predomino de los adultos, como el colesterol altola presión arterial elevada y/o la diabetes de tipo 2.

Si bien el avance de la obesidad infantil se ha asociado al estilo de vida sedentario actual, en el que los niños pasan demasiadas horas mirando televisión o sentados frente a alguna pantalla, un grupo de investigadores del Centro de Genómica Aplicada del Instituto de Investigación del Hospital Pediátrico de Filadelfia, en Estados Unidos, ha identificado dos genes relacionados también relacionados a ella.

Se trata del primer hallazgo de este tipo – y ha sido publicado en la edición en línea del 8 de abril de la revista Nature Genetics -, en donde se detalla que los investigadores detectaron mutaciones en dos localizaciones genéticas que parecen predisponer a los niños a volverse obesos.

Para llegar a estos resultados, los autores analizaron lo que describen como la colección más amplia de ADN relacionada con la obesidad infantil de todo el mundo, que incluye datos obtenidos en otros 14 estudios que se habían hecho previamente en Estados Unidos, Canadá, Australia y Europa, sobre un total de 5.530 niños obesos y 8.318 niños que no tenían sobrepeso (todos de ascendencia europea).

Algunos padres se ofenden cuando el médico les indica que su niño está gordo, rellenito u obeso, para referirse a que tiene unos kilos de más. Sin embargo, es natural y necesario que el médico hable sobre este tema con los padres, para orientarlos sobre un estilo de vida que les permita tanto a los niños como a las niñas crecer y desarrollarse de una manera saludable.

Más allá de los genes, para que los niños crezcan sanos y sin problemas lo principal es que lleven una alimentación saludable y balanceada que les brinde todos los nutrientes que su cuerpo necesita, y si de combatir la obesidad se trata, la recomendación destacada es estimularlos a que hagan ejercicios y a que participen en juegos al aire libre, algo que lamentablemente, no ocurre en la mayoría de los casos.

Por ejemplo, las guías de la Asociación Nacional para el Deporte y la Educación Física de Estados Unidos sugieren que los niños tengan al menos una hora de actividad física por día, y que los preescolares, además, cuenten con algunas horas de tiempo de juego que no sea estructurado cada día.

Pero un grupo de investigadores de la University of Washington en Seattle, en Estados Unidos entrevistó a los padres de casi 9.000 niños y encontró que menos de la mitad de las mamás y sólo un cuarto de los papás reportó llevar a su hijo(a) a caminar o a jugar con ellos en el patio o en el parque, al menos una vez al día.

Asimismo, según los resultados de este estudio, que fue publicado en Archives of Pediatric & Adolescent Medicine, el 44 por ciento de las madres y el 24 por ciento de los padres dijo que tenía tiempo de juego al aire libre con sus hijos todos los días, cuando éstos estaban en edad preescolar. Los niños que menos tiempo jugaban al aire libre tenían menos compañeros de juegos que los demás y sus padres tenían que trabajar más tiempo fuera de casa.

No dejes que la falta de tiempo y las presiones de la vida diaria impidan que te diviertas y que juegues con tus hijos. El tiempo que tu hijo(a) invierte en el parque y en otras actividades físicas durante la infancia puede hacer que más tarde lo(a) haga practicar algún deporte, algo muy sano e importante para su desarrollo físico. Aprovecha esos momentos en familia para ejercitarte tú también. Después de todo, no hay mejor forma de enseñarle que poniendo el ejemplo, ¿no crees?

Tomado de Vida y Salud

domingo, 15 de enero de 2012

7 razones por las que el azúcar es malo

el azuar es malo
Azúcar azúcar… Cuántas buenas memorias están ligadas al azúcar. Esos helados, gelatinas, queques de cumpleaños, confites, galletas, etc etc etc… Por un tiempo o en una estricta moderación está bien, pero mucha gente se pasa.

El azúcar (junto con otro montón de alimentos o suplementos como el JMAF) como ya todos sabemos es causante de una de las enfermedades de mayor expansión en el mundo entero: la obesidad.

Y es que no importa cuánta información se difunda en internet, televisión, radio y medios escritos, los productores de alimentos siempre encuentran la forma de atraer clientes y con más y nuevos productos que los benefician a ellos y a nadie más.

Por eso, si aún no te queda claro el por qué el azúcar es malo, te comparto las 7 razones más importantes del por qué debes evitarlo o disminuir al máximo su consumo:

7 razones por las que el azúcar es malo
  • Entre más azúcar consumamos, más dependencia creamos hacia él. ¿Por qué creen que consumimos tanto azúcar? Hagan la prueba de dejar de consumir azúcar en sus miles de formas y verán como cada vez les hace menos y menos falta.
  • Mucha azúcar aumenta los niveles de colesterol. Estudios demuestran que el alto consumo de azúcar provoca el aumento de triglicéridos y disminuye los niveles de colesterol bueno.
  • Ayuda a contraer la diabetes. En términos simples, entre más azúcar consumimos más y más insulina deber ser producida por nuestro páncreas para bajar los niveles de azúcar de nuestra sangre, hasta llegar a tal punto en que no puede generar la cantidad necesaria y nos veremos dependiendes a la insulina. ¿Resultado? Tendremos diabetes.
  • Deprime el sistema inmunológico. Cuando consumimos una cantidad alta de azúcar en forma de refresco, barra de chocolate o postre, afectamos temporalmente la capacidad de nuestro sistema inmunológico de responder a cualquier desafío que éste pueda tener.
  • Promueve la inflamación. La inflamación usual es una respuesta de nuestro sistema inmunológico, lo cual no es malo, pero el alto consumo de azúcar promueve una excesiva, inapropiada e inútil inflamación la cual sí puede provocar envejecimiento y enfermedades.
  • Afecta la salud de los niños. Si hay algo que he notado en estos últimos años es la cantidad de niños y niñas con obesidad temprana. Lo curioso es que al menos el 50% de los que he visto siempre andan en la mano algo que los ayuda a mantener esa forma, casi siempre en la forma de una Coca-Cola o refresco dulce. He visto inclusive hermanos pequeños pelearse a lloriqueos y patadas por una lata de gaseosa. Y de niños van pa’ grandes.
  • Provoca caries. Esta muchos lo saben pero aun así siguen ignorándola. Puedo apostar que los dentistas han hecho su buen recaudo en los últimos 30 años poniendo calzas dentales, limpiando dientes y reparándolos. El consumo de azúcar mezclado con una mala higiene dental hace que las paredes de nuestros dientes se deterioren gracias a las bacterias que viven en nuestra boca y se activan con cualquier carbohidrato (lo cual pasa en los primeros 20-30 minutos luego de haber comido.
Creo que no hace falta mencionar de nuevo que el azúcar ayuda a provocar obesidad ¿cierto?  Espero que no. Otro aspecto de la obesidad es que crea muchos problemas de autoestima, tanto en hombres como en mujeres (aunque eso es más relacionado con nuestra sociedad actual) pero aún así, es un problema que podemos evitar.

Como se los decía en el primer punto, les recomiendo bajar el consumo de azúcar más y más, no solo en su café o té, sino en bebidas gaseosas, refrescos de frutas embotellados, helados, postres, queques, pasteles, confites, cocteles y demás, les aseguro que se harán menos dependiendes del dulce.

Si buscan alternativas a endulzantes, les recomiendo el Stevia o Steviva, es un endulzante natural que pueden encontrar en tiendas naturistas o en internet, es bajo en calorías y libre de culpas.

Tomado de Cuerpo al Dente

jueves, 8 de diciembre de 2011

¿Necesita tu hijo una prueba de colesterol?


La Academia Americana de Pediatría recomienda que se les realicen pruebas del colesterol solamente a los niños con antecedentes familiares de problemas cardiovasculares y colesterol alto, así como a los que están obesos, a los que padecen de diabetes o de hipertensión. 

Sin embargo, un panel del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre ha presentado una nueva propuesta: revisar de forma rutinaria el nivel del colesterol de los niños entre los 9 y los 11 años, antes de la pubertad. ¿Con qué fin? Con el de detectar la elevación del colesterol y así prevenir enfermedades y complicaciones cardíacas desde una edad temprana. ¿Qué opinas tú?

Desde el nacimiento, los padres atienden todas las necesidades del niño e incluso empiezan a planear su futuro. Muchos comienzan desde muy temprano a buscar el colegio ideal, abren una cuenta de ahorros para sus estudios, o compran una póliza de seguros para la protección de la familia. ¿Cuántos se preocupan por sentar desde la infancia las bases de una buena salud, especialmente la del corazón? Los niños del presente se enfrentan a un estilo de vida cada vez más sedentario y más propenso a las comidas rápidas, de bajo contenido alimenticio, pero que son verdaderas bombas de calorías, grasas y sodio. 

No es una coincidencia que estemos viviendo una epidemia de obesidad infantil con consecuencias muy serias: más casos de diabetes, hipertensión y niveles altos de colesterol en niños cada vez más jóvenes. Si no se controla la tendencia, se multiplicarán en un futuro cercano las enfermedades cardíacas y los ataques cerebrovasculares y las víctimas serán esos mismos niños.

Tomando ese panorama en cuenta, un panel del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre presentó unas nuevas recomendaciones durante la conferencia más reciente de la Asociación Americana de Cardiología. El panel estima que todos los niños entre las edades de 9 y 11 años deben someterse a exámenes de sangre para detectar niveles altos de colesterol y sugieren que vuelvan a examinarse de nuevo entre los 17 y los 21 años. Estos exámenes permitirían descubrir y tratar el colesterol alto en una etapa temprana, evitando el endurecimiento de las arterias (arterioesclerosis), una de las causas principales de la enfermedad cardíaca.

Si deseas leer el artículo completo, pulsa aquí

jueves, 10 de noviembre de 2011

“A mi hijo no le digan gordo”


Usamos las palabras para comunicarnos unos con otros. Pero a veces, sin ninguna intención, las palabras que empleamos pueden incomodar y hasta herir a otros. Ese es el caso de los términos “gordo”, “rellenito” u “obeso” que les molestan a algunos padres cuando los médicos los usan para describir a sus hijos cuando están excedidos de peso. ¿Qué piensas tú? ¿Te parecen ofensivas? Cualquiera que sea el término que usemos, lo cierto es que la obesidad y el exceso de peso perjudican al niño y ponen en peligro su salud. Aquí te damos algunos consejos para ponerle freno a la obesidad infantil.

Según una encuesta desarrollada por investigadores del Centro Rud para Políticas Alimenticias y Obesidad de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, los padres no se sienten cómodos cuando los médicos les dicen a sus hijos que están gordos u obesos. En vez de esos términos, que consideran peyorativos, preferirían que se les hablara de que su peso no es saludable.

En detalle, según los resultados publicados en la revista especializadaPediatrics, de los 445 padres encuestados (con hijos con diferentes niveles de peso entre sí, desde normal, con sobrepeso hasta obesos), el 44% afirmó que prefería que los médicos se refirieran al peso de los niños en vez de mencionar cuán gordos se han puesto. Tampoco aceptaron los términos de obeso o rellenito, ya que se considera que esas formas son prejuiciosas. Por el contrario, los padres preferirían que los médicos simplemente hablaran con sus niños sobre un peso poco saludable o sobre su índice de masa corporal (o IMC, que es el término médico que se refiere a una relación entre la estatura y el peso).

Es normal que el médico quiera discutir el problema del sobrepeso con los padres y con el niño, pero los padres estiman que se obtienen resultados más positivos si el doctor se dirige a ellos diciendo, por ejemplo: “Tenemos que buscar la forma de que llegues a un peso saludable” en lugar de “Estás muy gordo, tienes que bajar de peso”. Ese tipo de lenguaje hace que tanto los padres como los niños se sientan culpables y que se avergüencen, y no los motiva a buscar soluciones positivas.

Los investigadores también les preguntaron a los padres como actuarían o responderían si pensaban que sus hijos habían sido estigmatizados por el médico debido a su peso. La mitad respondió que le pediría al especialista que usara un lenguaje más sensible, y el 35% dijo que buscaría otro doctor. El 37% dijo que se sentiría triste o avergonzado y el 36% afirmó que pondría a su hijo bajo una dieta estricta, lo cual tampoco es recomendable para un niño ya que necesita nutrientes para poder crecer fuerte y sano. Para ello, la recomendación es hacer más ejercicio y comer menos comida chatarra y más alimentos saludables.

Sin embargo, llevar una vida más saludable puede ser difícil de practicar hasta por los mismos padres, por eso la obesidad y el sobrepeso infantil son cuestiones familiares que deben ser tratadas en conjunto. La clave está en lograr un cambio de hábitos por parte de los adultos, que le transmitan a sus hijos con el ejemplo.

¿Vale la pena hacer el esfuerzo? ¡Claro que sí! Un niño con problemas de peso puede tener problemas para jugar con sus amigos, para divertirse al aire libre y para vestirse a la moda. Además, suele ser víctima de burlas y discriminación por sus compañeros tanto en el colegio como en otros ámbitos sociales.

Si deseas seguir leyendo, pincha aquí

miércoles, 1 de junio de 2011

Otitis y obesidad infantil: ¿qué tiene que ver lo uno con lo otro?


¿Sabías que el oído puede relacionarse con el olfato y el gusto? Un estudio reciente al respecto encontró que la otitis crónica, que es un problema en los oídos frecuente en los niños, puede causar cambios en el gusto que se asocian con la obesidad infantil. Aquí te contamos más detalles sobre este descubrimiento y cómo puedes prevenir que tus niños tengan otitis crónica.
Muchos bebés y niños pequeños tienen problemas de infecciones en los oídos. En general, la infección afecta el oído medio, justo detrás del tímpano, y se denomina otitis media. Esto hace que unos tubos que tenemos dentro de los oídos, que se llaman trompas de Eustaquio, que son los que nos permiten oír, se tapen con líquido y moco. Esto puede hacer que los niños no escuchen bien, ya que el sonido no puede pasar a través de todo ese líquido.
En general, las infecciones del oído desaparecen solas, pero cuando este problema se repite con frecuencia o se hace permanente se denomina otitis crónica. Una infección crónica y prolongada del oído puede tener síntomas menos severos que una infección aguda y muchas veces puede pasar inadvertida y sin tratamiento por un largo tiempo. Por eso es muy importante que prestes atención luego de que tus niños se hayan curado de una infección en los oídos.
Los síntomas de la otitis pueden darse en forma continua o intermitente, en un oído o en los dos. Entre ellos, por ejemplo, el niño puede tener:
  • Dolor o molestias en el oído.
  • Fiebre.
  • Secreción del oído purulenta o con pus.
  • Hipoacusia o dificultades para escuchar.
Pero ¿qué tiene que ver la otitis con la obesidad infantil?
Teniendo en cuenta que las trompas de Eustaquio llegan hasta la garganta, un grupo de investigadores de Corea realizó un estudio en busca de determinar si existe alguna relación entre la obesidad y la otitis crónica supurativa (que es una frase que los médicos emplean cuando una inflamación en el oído medio no desaparece). Así, encontraron que los niños que sufrían estas infecciones del oído tenían menor capacidad de detectar el gusto en la parte delantera de la lengua en particular, que es la que permite detectar los sabores dulces y salados. Lo mismo ocurría con los sabores ácidos y amargos, aunque en menor medida.
Estos niños, además, tendían a tener mayor peso que los que no tenían infección auditiva (o infección del oído). Por eso, se cree que esa disminución en el sentido del gusto puede hacer que los niños necesiten agregar más azúcar y más sal a sus comidas, así como a consumir más alimentos para sentir el sabor, lo que incrementa sus posibilidades de ser obesos.
De todos modos, los especialistas advierten que estos hallazgos son una referencia que pueden ayudar a combatir la obesidad infantil pero no significa que una cosa sea causa de la otra. Por el contrario, existen varios factores que pueden promover la obesidad infantil, muchas veces relacionados con las costumbres, el modo en que se alimentan y la cantidad de ejercicio que hacen. Por eso, hacen falta más estudios para determinar si la otitis crónica del oído medio realmente afecta a la obesidad. De ser así, este sería otro motivo para combatir esta enfermedad auditiva.
Mientras tanto, para prevenir el desarrollo de una infección crónica en el oído medio y las complicaciones que de por sí causa, es importante que el niño cuente con un tratamiento oportuno y apropiado. Por eso, no te olvides de llevarlo a controles con el médico después del tratamiento de una infección aguda del oído, para verificar que esté completamente curado.
Recuerda que la infección aguda del oído es la que se va sola y dura poco tiempo, que da síntomas más fuertes. La crónica, en cambio, es la que se extiende y tiene síntomas más leves, tanto que, incluso, muchas veces puede pasar desapercibida.
Con un tratamiento a tiempo puedes ayudar a que tus niños no sufran complicaciones posteriores y puedan seguir disfrutando no sólo de una buena audición (que oigan bien) sino también de sus comidas favoritas.
Tomado de Vida y Salud

viernes, 15 de abril de 2011

Desórdenes alimenticios: un problema en aumento entre los adolescentes y los niños


Observa a tus hijo/as: ¿Comen poco o demasiado, corren al baño después de cada comida  y hacen demasiado ejercicio? Quizás debas observar con más cuidado. Unas estadísticas recientes demuestran que los trastornos alimenticios como la bulimia y la anorexia están incrementando entre los adolescentes y los niños, tanto en los varones como en las mujeres. Pero los trastornos alimenticios no sólo son los que los hacen ver más delgados: la obesidad también está aumentando y también se considera un desorden de la alimentación.
Tan solo bastó un chiste aparentemente inofensivo respecto a su cuerpo, por parte del chico que le gustaba, para que Lucila comenzara a obsesionarse por esos supuestos kilos (o libras) de más que, en realidad, ni siquiera existían, ya que su peso era normal. Se enteró de que una amiga del colegio contaba las calorías de los alimentos que consumía y que así había logrado bajar de peso y mantenerse, y no dudó en conseguir también su propia tabla de calorías para ponerse en acción.
Al poco tiempo, Lucila comía tan pocas calorías que había adelgazado varios kilos y no sólo estaba delgada sino también débil y enferma. No obstante, ella se seguía viendo “gordita” y esa idea quedó instalada en su cabeza durante muchos años. Tuvo que someterse a varios tratamientos y aprender mucho sobre cómo alimentarse de manera sana, para poder mantener un peso adecuado y una buena salud.
Lo que le ocurrió a Lucila durante su adolescencia se conoce como Anorexia Nerviosa. Se trata de un trastorno alimenticio en el cual la persona comienza a comer cada vez menos ya que se ve y se siente con sobrepeso. El dejar de comer puede generar diferentes problemas de salud, en algunos casos muy graves: puede causar daño a órganos vitales como el corazón y el cerebro; el pelo, las uñas y los huesos se pueden volver quebradizos; la piel puede volverse seca y a veces amarilla; y, en el caso de las mujeres, los períodos menstruales pueden volverse irregulares o interrumpirse.
Un caso diferente fue el de su compañera de curso Nicole, que solía comer en exceso todo lo que le apetecía: golosinas, helados, comida chatarra… Lucila la envidiaba por eso –cómo no iba a hacerlo, si ella no comía nada-; pero un día se dio cuenta de que cada vez que Nicole terminaba de comer corría al baño acelerada. Aunque nadie lo supiera, Nicole se encerraba para provocarse el vómito y así eliminar las calorías de más que había ingerido. Luego, se sometía a intensas sesiones de ejercicios aérobicos, que podían durar varias horas por día.
En el caso de Nicole, si bien no estaba ni débil ni tan delgada y en apariencia su cuerpo estaba bien, también escondía otro de los trastornos alimenticios más comunes en las jóvenes y las adolescentes, que se conoce como bulimia nerviosa. Este trastorno alimenticio es igualmente perjudicial ya que vomitar de manera continua puede causar pérdidas importantes de minerales, arritmias cardíacas (latidos irregulares del corazón) que ponen en peligro la vida, causan problemas en los dientes e inflamación de la garganta. Además, los períodos menstruales también pueden volverse irregulares.
Los casos como los de Lucila y Nicole son cada vez más comunes entre las jóvenes y las adolescentes, y no sólo en mujeres. Si bien es cierto que por el momento estos trastornos alimenticios suelen darse más en ellas, también han comenzado a ser cosa de los hombres, que ya representan hasta el 10% de los casos registrados.
La edad en que se presentan estos trastornos también se está expandiendo y hoy es preocupante la cantidad de niñas que también comienzan a sufrir trastornos alimenticios. Según un estudio desarrollado por el Agency for Healthcare Research and Quality , la cantidad de casos de niños y niñas menores de 12 años que requirieron hospitalización por complicaciones derivadas de desórdenes alimenticios se ha incrementado un 119% de 1999 a 2006.
Paralelamente, los especialistas indican que así como se han incrementado los casos de niños y adolescentes con trastornos alimenticios, también ha crecido la obesidad infantil. El comer demasiado y mal, es también un reflejo de un problema emocional. Sin duda, ambos problemas son preocupantes y deben ser debidamente tratados para evitar trastornos graves.
La mejor forma de lograrlo es que tú también te asesores sobre cuáles son los buenos hábitos alimenticios y comiences a promoverlos en tu familia. Hay muchas formas, incluso divertidas, de descubrir nuevos sabores y compartir la mesa con tus hijos.
Te aconsejo que te mantengas alerta y vigiles de cerca qué, cómo y cuándo comen tus hijos/as adolescentes, para que si hay alguna señal que te inquiete, puedas tomar medidas al respecto.
Tomado de Vida y Salud

viernes, 1 de abril de 2011

Un IMC (índice de masa corporal) alto conlleva mayor riesgo para problemas de salud en los niños


¿Puede el índice de masa corporal predecir la salud futura de un niño?
RESPUESTA de la Dra. Seema Kumar, Endocrinología Pediátrica, Mayo Clinic de Rochester en Minnesota, Estados Unidos:
El índice de masa corporal (IMC) se define como el resultado de la división del peso en kilos por la estatura en metros al cuadrado.  El IMC permite determinar si el peso de un niño es sano.  Los niños que tienen un IMC muy alto podrían correr más riesgo de presentar problemas de salud, como por ejemplo trastornos cardiovasculares y diabetes.
En los niños, el IMC se toma conjuntamente con la edad y sexo para luego trazarlo sobre un cuadro de crecimiento con percentiles a fin de evaluar el nivel de grasa corporal.  En general, se considera que el niño tiene un peso sano cuando su IMC se ubica entre el percentil 5 y el 85.  Los niños cuyo peso no alcanza el percentil 5 se consideran bajos de peso, mientras que aquellos  cuyo peso se encuentra entre el percentil 85 y el 95 se tratan como gordos y los que se ubican por encima del percentil 95 se toman como obesos.
El IMC no mide directamente la grasa corporal y, por ello, una persona con mucha musculatura y bajo nivel de grasa puede obtener un nivel alto de IMC, como es el caso de los atletas.  Sin embargo, para fines prácticos, el IMC normalmente es una manera confiable y barata de evaluar el peso de un niño.
Cuando un niño tiene un IMC alto, corre más riesgo de presentar problemas de salud.  Las investigaciones han demostrado que el IMC alto predispone a los niños a desarrollar hipertensión, colesterol alto y diabetes tipo 2.  Esos problemas de salud pueden ocurrir durante la infancia o presentarse a medida que el niño crece y alcanza la edad adulta.
Además de las enfermedades específicas que los niños podrían enfrentar como resultado del sobrepeso, entre 50 y 75 por ciento de los niños gordos se convierte en adultos con exceso de peso.  Por lo tanto, un niño con IMC alto es más proclive a convertirse en un adulto gordo, a menos que se tomen medidas preventivas pronto y en eso radica la importancia de controlar regularmente el peso del niño.  Cuando el IMC de un niño empieza a subir, es más fácil revertir esa tendencia en las primeras etapas en las que el niño se encuentra ligeramente pasado de peso, que cuando ya recae dentro del rango de obesidad.
Realizar cambios en el estilo de vida, tal como ingerir una alimentación sana y hacer más ejercicio, puede tener una gran repercusión sobre el peso del niño y su salud en general.  Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) recomiendan que los niños participen en actividad física durante al menos una hora diaria.  Eso no significa que los niños deban practicar deportes competitivos ni participar en alguna actividad organizada, sino que la actividad física que el niño realice puede ser tan simple como pasear al perro durante un buen rato, andar en bicicleta, correr alrededor del patio trasero o en el parque, bailar, saltar la cuerda o patinar.  Lo importante es que el niño escoja una actividad que disfrute y que le obligue a entrar en movimiento a gusto.
Aparte de fomentar la actividad física, los padres también deben restringir el tiempo que el niño pasa sentado frente a una pantalla, sea de televisión, de juegos de video o del computador.  Los  CDC recomiendan que los niños no inviertan más de dos horas diarias frente a una pantalla y la Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños menores de 2 años no vean nada de televisión.
Si bien la obesidad infantil es una gran preocupación, lo opuesto también puede ser peligroso para la salud actual y futura de un niño.  Las investigaciones han revelado que los niños con mala nutrición durante los primeros años de vida, así como los bebés que nacen pequeños para la edad gestacional (el peso del bebé es menor a lo anticipado para el tiempo de embarazo) corren más riesgo de desarrollar diabetes y problemas cardiovasculares.
Si a usted le preocupa el peso de su hijo, converse con el pediatra o con el médico familiar.  Nunca se debe poner a un niño a régimen para restringir calorías, ni ofrecerle una alimentación rica en calorías, ni someterlo a un programa de ejercicio, sin antes consultar y desarrollar un plan con algún proveedor de atención médica.
Tomado de Vida y Salud

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La obesidad infantil y el colesterol alto

Hasta hace poco era común que las abuelas, las tías, y las mamás vieran la “gordura” de los niños como algo positivo. Se consideraba que la obesidad era una señal de que los niños estaban sanos, y de que se tomaban “toda la sopita”. Hoy en día sabes que esto no es cierto. Cuando ves a un niño obeso reconoces que algo está mal con su dieta y con su actividad física. La obesidad infantil puede ir de la mano con los niveles de colesterol elevados en la sangre. Sigue leyendo y conoce más acerca de la obesidad infantil y su relación con el colesterol.

Hoy en día es difícil encontrar a alguien que NO haya escuchado algo relacionado con la obesidad infantil. Se habla de la obesidad infantil en la escuela, en las noticias, en los programas de radio, y en las páginas del Internet. Inclusive la Primera Dama de los Estados Unidos, Michelle Obama, lidera una campaña nacional para combatir este flagelo que afecta a 1 de cada 3 niños en los Estados Unidos.

Lo triste es que la obesidad infantil ha tomado una ventaja impresionante, pero no quiere decir que haya ganado la batalla. La obesidad infantil no viene sola, y por eso es necesario atacarla desde la infancia. Esto no es un problema de estética ni vanidad. Es un problema de salud que afecta a todo el cuerpo. La obesidad infantil viene acompañada de una serie de amigos que no ayudan a la salud de tus hijos. Se debe a ella que enfermedades que en el pasado eran asociadas más que nada en personas adultas, como la elevación de los triglicéridos y del colesterol en la sangre, hoy en día están siendo diagnosticadas con frecuencia en los niños obesos.

Sobrepeso y obesidad

Antes de continuar con este tema sabes: ¿Cuál es la diferencia entre la obesidad y el sobrepeso? ¿Lo dudaste por un momento? Sé que es posible que confundas ambos conceptos. El sobrepeso hace referencia a alguien que pesa mucho, mientras que la obesidad habla del exceso de grasa. Los pediatras utilizan el peso y la estatura para calcular el índice de masa corporal (IMC) en base a unas fórmulas. Luego utilizan unas tablas de percentiles (de crecimiento) que son específicas para la edad y el sexo del pequeñín y así determinan en donde se encuentra. Estas tablas tienen varias líneas. Por ejemplo: la mitad de los niños de la misma edad se encuentran en el percentil 50. Un 25% se encuentra por arriba de ese nivel y un 25% se encuentra por debajo de ese nivel. Las tablas se refieren a 100 chicos sanos de esa edad que la mitad son más altos y la mitad son más bajos, etc. Da un rango. Lo mismo sucede con el peso. Cuando se utiliza la tabla hay una consonancia entre las estaturas y los pesos.

Se dice que un niño está obeso cuando su índice de masa corporal –IMC- (BMI por sus siglas en inglés) si está en los 95 percentiles o más, y que está en sobrepeso si su IMC llega a los 85 percentiles, pero es menos de 95. Por otro lado, un niño está en un peso normal si su IMC se encuentra entre los percentiles 5 y 85. Y su peso es menor al normal si su IMC no llega al percentil 5.

El uso del índice de masa corporal aunque es una buena medida, no es perfecta, ocasionalmente, puede ser engañosa ya que no mide, directamente, la grasa del cuerpo. Con los resultados del índice de masa corporal, una persona musculosa puede parecer que está con sobrepeso, sin que esto signifique que lo está y mucho menos obesa. Esto quiere decir que es una persona pesada, pero no implica que tenga niveles altos de grasa en su cuerpo. En los casos en donde hubiese duda, el pediatra podría realizar otros estudios como la medición de los pliegues cutáneos, entre otros.

No olvides que la obesidad causa problemas graves de salud

Es importante que sepas que la obesidad sólo causa problemas. No hay beneficios que se asocien con la obesidad infantil, y por eso es necesario combatirla lo antes posible. Entre otras cosas, la obesidad infantil puede causar: diabetes tipo 2, presión arterial alta y elevación de los niveles del colesterol malo (LDL) y de los triglicéridos. Por ejemplo, hay sitios como en los Estados Unidos en donde el 20% de los niños tienen el colesterol malo (LDL) elevado. Debes considerar que la grasa no sólo se acumula en los gorditos del cuerpo sino también en el interior de las arterias. Esto puede traer serios problemas cardiovasculares.

Colesterol y obesidad: una pareja peligrosa

Si los padres entendieran que su hijo obeso puede desarrollar niveles elevados de colesterol malo, seguramente tomarían acciones inmediatas. Lo que sucede es que muchos de ellos, y tal vez este sea tu caso, no saben bien qué es el colesterol y por qué es perjudicial para la salud de sus hijos.

El colesterol es una sustancia que produce el hígado y que tienen una textura muy parecida a la cera. Esta sustancia en exceso, se acumula en las paredes de tus arterias dificultando la circulación de la sangre, y en algunos casos bloqueándola completamente. Tu cuerpo produce suficiente colesterol para los procesos en donde se requiere. El hígado de tu hijo puede producir hasta 1,000 miligramos de colesterol al día en condiciones normal. ¿Te imaginas si a esto le añades los helados, las bebidas azucaradas, y las hamburguesas con queso y tocineta (tocino)? Todo esto sin contar con las horas que tu hijo permanece frente al televisor o a la computadora, sin ningún tipo de actividad física al día.

No esperes a que aparezcan síntomas que te dejen saber acerca de la elevación en los niveles del colesterol, ya que el colesterol, durante mucho tiempo, es un enemigo silencioso. Por esto, los padres no están alerta a los niveles de grasa en la sangre de sus hijos. Si llevas a tu hijo a chequeos regulares podrás darte cuenta de los incrementos y reducciones de su colesterol en la sangre.

Si tu hijo sufre de obesidad infantil, actúa lo antes posible. No esperes a que las libras y la grasa se sigan acumulando. Los niveles elevados del colesterol en la sangre le pueden ocasionar graves problemas en su corazón y en su sistema cardiovascular más adelante. Tu puedes y debes empezar esta batalla. Trabaja duro con tus hijos para que lleven una dieta sana, para que hagan ejercicio y así podrás decirle adiós a la obesidad infantil.


Tomado de Vida y Salud