DESPACHOS A TODO EL PAÍS

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viernes, 25 de noviembre de 2011

La leptina: una hormona que puede llegar a mejorar el estado de ánimo


Conocida como la hormona que regula el apetito, la leptina también influye en otros aspectos del organismo. Un nuevo estudio relaciona los niveles elevados de esta hormona con una disminución en la depresión y en la ansiedad, concretamente en las mujeres. Te invitamos a conocer estos hallazgos sobre el funcionamiento de la leptina.

Mientras que algunas personas pierden el apetito cuando están deprimidas, muchas otras tienden a comer compulsivamente cuando están tristes o ansiosas. ¿Alguna vez te has preguntado por qué ocurre eso? Una posible respuesta a esa pregunta podría estar relacionada con una hormona denominada leptina, que participa en la regulación del apetito y que también está asociada con los estados depresivos y la ansiedad.

El término leptina proviene del griego leptos, que significa delgado. Se utiliza para denominar a una hormona que se libera cuando la cantidad de grasa almacenada en la sangre aumenta y funciona como una señal que informa al cerebro que el cuerpo ya tiene bastante comida, disminuyendo el apetito y haciéndolo sentir satisfecho.

Así, esta hormona juega un papel importante en el control del peso de una persona. Muchos obesos, por ejemplo, tienen concentraciones elevadas de leptina en la sangre pero en la mayoría de los casos son resistentes a ella, lo que modifica la sensación de saciedad. Por el contrario, en personas delgadas, el nivel de leptina en general es bajo.

Desde su descubrimiento desde hace relativamente poco tiempo (1994), la mayoría de las investigaciones en torno a la leptina se han centrado en su papel como factor regulador del peso corporal. Estudios posteriores descubrieron que también influye en otros procesos del cuerpo, como la reproducción, las defensas, la formación de los vasos sanguíneos, el desarrollo de ciertas enfermedades crónicas como la diabetes y ahora también la depresión.

Un estudio reciente que se dio a conocer en el encuentro anual de la Sociedad de Endocrinología el pasado mes de junio en Boston, Estados Unidos, encontró que la leptina podría reducir el nivel de ansiedad y mejorar la depresión, al menos en las mujeres.

Para analizar el poder antidepresivo de la leptina, los investigadores del Hospital General de Massachusetts y la Escuela de Medicina de Harvard, también en Boston, consideraron los valores de producción de esta hormona en relación con síntomas de ansiedad y depresión en más de 60 voluntarias, entre las cuales algunas tenían anorexia nerviosa (una enfermedad que se produce cuando la persona voluntariamente deja de comer), otras tenían amenorrea (es decir que dejaron de menstruar, aunque no tenían problemas de peso), otras eran obesas sin problemas de salud y el resto no tenía problemas ni de peso ni de salud.

Así, tras analizar a las voluntarias, el equipo encontró que en ciertas condiciones en las cuales el nivel de leptina es típicamente bajo, como en la anorexia y la amenorrea, parece haber un aumento de ansiedad y de depresión. Asimismo, los niveles más altos de leptina se vincularon con una reducción en los síntomas de ansiedad y depresión, algo que resultó ser independiente del peso corporal de las mujeres.

Estos hallazgos significan un paso de avance en la comprensión del funcionamiento de esta hormona. Hacen falta futuras investigaciones que permitan determinar si la leptina puede usarse con éxito en el tratamiento en los casos de depresión. Confiemos que sí.

Tomado de Vida y Salud

sábado, 1 de octubre de 2011

8 formas de ayudar a un adolescente ansioso e inseguro


Como tu hijo adolescente no hay dos: como la mayoría de los padres lo consideras capaz, inteligente, lleno de potencial y con toda una hermosa vida por delante. Por eso te sorprende y te preocupa que se retraiga, que no tenga amigos, se agobie con las responsabilidades del colegio o se sienta inútil, feo o que nadie – ¡ni siquiera tú! – lo quiera. ¿Qué puedes hacer tú en el proceso? Aquí te brindo unos cuantos consejos.

Ya Luisa no sabe qué hacer. Su hija de 14 años le preocupa enormemente. Casi no se comunica con ella, se encierra en su mundo por horas y no tiene amigas. Todos los comentarios sobre si misma son negativos: se considera torpe, fea e incapaz de hacer nuevas amistades. Y en cuanto a la escuela, peor: “¿Para qué estudiar si de todas formas no voy a pasar el examen?” ¿Qué puede hacer Luisa para ayudar a su hija? ¿Cómo hacerle ver que nadie la odia ni la rechaza y que todo eso está en su mente? Los padres de los adolescentes, sobre todo los que se muestran ansiosos e inseguros, se hacen ésa y otras preguntas similares muchas veces. Para aliviar la situación, aquí encontrarás unos cuantos consejos útiles.

Entrenando a tu hijo a manejar sus sentimientos de ansiedad y de inseguridad

¿Qué hace un entrenador deportivo? Le brinda al atleta o al jugador su experiencia en el campo de juego, le ayuda a ejercitarse físicamente, le enseña a jugar dentro de un equipo y a dar lo mejor de sí mismo, pero a la hora del partido, tiene que dejarlo ir solo al terreno de juego a enfrentarse a su oponente. Tu función como padre es parecida: debes enseñarle a volar, pero tu hijo debe emprender el vuelo por sí mismo. Si se muestra ansioso, tu deber es ayudarlo a lidiar con su ansiedad, pero tienes que dejarlo experimentar y a aprender de esos momentos de frustración por sí solo. Se dice fácil, pero la realidad puede resultarte abrumadora. La tarea se te facilitará si tienes en cuenta lo siguiente:

1. Controla tus propios sentimientos: si tu hijo se muestra ansioso o inseguro, lo primero que tienes que hacer es controlar tus propios sentimientos de ansiedad relacionados con tu hijo. ¿Te preocupa que no pueda pasar un examen? ¿Qué sufra por los comentarios de sus compañeros de la escuela? Aunque te resulte difícil, tienes que alejarte emocionalmente de la situación para poder prestarle apoyo. Para aliviar tu propia ansiedad, comparte tus sentimientos con tu pareja, con una amiga o con un familiar de confianza. Cuando verbalizamos una situación, podemos analizarla más objetivamente. Si tu hijo se queja de una situación real o imaginaria, trata de mostrarte lo más tranquilo(a) posible y ayúdalo a enfocarla de forma positiva.

2. Demuéstrale mucho amor y comprensión: es la mejor medicina para cualquier problema, especialmente para los adolescentes. Incluso cuando tu hijo pueda decirte frases muy hirientes, está lidiando con sus propias ambivalencias y temores. Repítele hasta el cansancio que lo amas y que cuenta con todo tu apoyo de forma incondicional. Demuéstralo con acciones: dedícale tiempo e invítalo a desahogar lo que le preocupa. Si recuerdas algún momento de tu propia vida en la que pasaste por una experiencia similar (una discusión con las amigas, la ruptura con un enamorado, dificultades en la escuela), cuéntasela y dile también como la solucionaste.

3. Ofrécele apoyo pero déjale su propio espacio: lo más fácil del mundo es pasar esa raya tan sutil en la que los padres invaden la privacidad del hijo. Tienes que aprender a “leer” los mensajes de tu hijo para saber cuándo quiere hablar o cuando prefiere estar solo. No lo interpretes como un rechazo, sino como parte de su propio proceso de independencia.

4. Enfatiza sus puntos positivos y lo que hace bien: a veces, tratando de ayudar, somos demasiado críticos y exigentes y nos olvidamos de resaltar lo positivo de la otra persona, especialmente los hijos. Con frecuencia, los padres de los adolescentes solamente notan los problemas y hasta caen en el hábito de darles solamente reacciones y críticas negativas. Tu hijo responderá mucho mejor si tu reacción a sus acciones es positiva. Tampoco exageres: si saca buenas notas, felicítalo y hasta piensa en premiarlo de alguna manera. Pero no le digas que es un genio, cuando sabes bien que no es cierto.

5. Apóyalo, pero dále campo libre: si tu hijo tiene que tomar una decisión, dale un consejo pero no decidas por él. Las consecuencias de nuestras acciones son las mejores maestras en la vida y ésa es una lección importante que tu hijo debe aprender por sí solo.

6. Ayúdalo a neutralizar sus sentimientos de ansiedad: si tu hijo te plantea una situación que le produce ansiedad o inseguridad (hablar ante su clase, lidiar con el rechazo de una amiga(o), por ejemplo), escucha con atención y no le restes importancia a sus sentimientos, aunque te parezcan exagerados. Cálmalo diciéndole que es normal sentirse ansioso ante una situación semejante o lo que haces tú para lidiar con tus nervios en una situación difícil: salir a caminar para despejar la mente, respirar profundamente, escuchar música que te haga sentir bien). Si el niño está pasando por una situación realmente difícil, como la separación de los padres u otro problema familiar, considera buscar ayuda profesional (el pediatra, el consejero de la escuela, o un terapista).

7. No lo ridiculices: aunque pienses que tu hijo exagera, para él el problema en realidad es enorme. Especialmente cuando se trata de sus sentimientos, debes demostrar respeto y consideración. Aunque se trate de algo simple como la queja cada mañana de que no tiene nada que ponerse o nada le queda bien, o el pelo está horrible, para un adolescente, una imagen mala de sí mismo es un gran problema. En lugar de decirle que no tiene razón y de que está equivocado(a), quizá puedes neutralizar la situación coincidiendo con él en que muchas personas se sienten así. Si te es posible, quizá puedan salir a a comprar un par de piezas que le gusten y así puede planear qué se puede poner la noche anterior y evitar la angustia la mañana siguiente.

8. No niegues sus sentimientos: es otra de las situaciones difíciles para los padres. Si el adolescente te dice que se siente feo(a) y que nada le queda bien, la primera reacción es decirle que no, que está equivocada(o) totalmente. Recuerda que los adolescentes a veces tienen una percepción distorsionada de sí mismos y también se encuentran bajo la presión de la publicidad y de la imagen que los medios o sus compañeros, les imponen. Sigue brindándole comentarios positivos siempre que sea posible.

Recuerda que la ansiedad y la inseguridad pueden también tener síntomas físicos. Estos pueden traducirse en dolores de cabeza, de estómago o falta de energía. Consulta con el pediatra para descartar cualquier otra causa o condición física que los pueda provocar.

Hay otras manifestaciones que debes tener en cuenta y que pueden indicar que el adolescente necesita ayuda profesional:

Exceso de ansiedad
Subida o pérdida de peso repentina
Sentimientos de profunda tristeza
Sus calificaciones bajan repentinamente
Falta de motivación
Baja auto estima
Dificultad para dormir

Si notas varios de estos síntomas, pide ayuda de inmediato. La inseguridad excesiva, unida a sentimientos de baja autoestima puede conducir a comportamientos autodestructivos como el uso de drogas, de alcohol o trastornos como la bulimia y la anorexia.

De nuevo, te animo a armarte de paciencia y a recordar que la transición de niño a joven adulto no es fácil. Demuéstrale todo el amor que sientes a tu hijo(a) para que sepa que, aunque deba caminar por sus propios medios, tú irás a su lado.

Tomado de Vida y Salud

domingo, 21 de agosto de 2011

Ortorexia: cuando querer comer demasiado bien en realidad está mal


No, no es ni un trabalenguas ni un error de texto. Verás por qué. Si bien lo ideal es comer de manera saludable y elegir alimentos de buena calidad, todos los extremos son malos. Algunas personas se toman esto tan en serio que se pasan de la raya y lo convierten en una obsesión que los médicos han acordado en denominar ortorexia, un nombre raro que hasta puede resultar gracioso, pero que se refiere a un trastorno de salud que no tiene nada de chiste.
Hace tiempo que Clara no va a un restaurante y mucho menos a una fiesta. Y no es que le falten  oportunidades y ocasiones para celebrar. Es que le preocupa enfermarse con lo que coma en esos lugares. Prefiere entonces quedarse en casa.  El suyo es un caso típico de “ortorexia” también llamado “ortorexia nerviosa”, un término que proviene de dos palabras griegas “orthos”, que significa recto o correcto, y “orexis”, que significa apetito. Se refiere a quienes son demasiado exigentes con los alimentos y la preparación de los platos,  obsesionándose hasta tal punto por comer comida sana, sin grasas y sin azúcares, que paradójicamente convierten una buena intención en un problema de salud.
¿Cómo es tu dieta, cuánto tiempo pasas pensando en la alimentación y preparando tus comidas? Las personas con ortorexia, que se estima alcanzan al 28 por ciento de la población occidental, preparan con varios días de anticipación lo que van a comer y hasta pueden ser incapaces de ir a cenar fuera por miedo a las grasas, la sal, el azúcar o al ingrediente que quieran evitar. Se preocupan tanto por su dieta que para ellos, hasta ir a una fiesta, puede convertirse en una pesadilla.
Así, la ortorexia es un trastorno de la alimentación, al igual que la bulimia (que es cuando la persona come y luego se induce el vómito para eliminar lo que comió) y la anorexia nerviosa (en la cual la persona directamente se priva de comer).  Se diferencia de éstas porque mientras que los anoréxicos y los bulímicos se preocupan por la cantidad de comida que consumen, los ortoréxicos se obsesionan con la calidad de los alimentos.
Algunos de los síntomas principales de la ortorexia nerviosa son:
  • Preocupación excesiva por la calidad de los alimentos.
  • Autolimitación de los alimentos que se consumen (se evita el consumo de carne roja, huevos, azúcares, productos lácteos y grasas).
  • Dedicar varias horas al día (tres o más) a organizar y planear su dieta.
  • Desplazarse grandes distancias para conseguir alimentos especiales o puramente ecológicos.
  • Imposibilidad de que la persona vaya a comer o disfrute una comida fuera de su casa.
  • Aislamiento social, debido a que el tener que asistir a una reunión entre los amigos o una comida empresarial con un grupo que no tenga las mismas costumbres alimenticias puede volverse una preocupación.

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sábado, 4 de junio de 2011

Bulimia nerviosa


¿Qué es?

La bulimia nerviosa es un trastorno alimenticio que consiste en darse frecuentes atracones de comida; es decir, ingerir grandes cantidades de comida de una sola vez, más allá de tener o no hambre. Durante el atracón, la persona siente que no tiene control sobre la comida y que no puede parar de comer. Aquellos que sufren de este trastorno pueden desarrollar estrategias para controlar su peso, como purgarse (vomitar). También pueden abusar de los laxantes, supositorios, enemas o diuréticos o pueden realizar ayunos prolongados, o hacer ejercicios físicos intensos.
Muchas personas con bulimia también presentan algunos síntomas de anorexia nerviosa. Tanto en la bulimia como en la anorexia, la persona puede mostrarse preocupada por su peso y estar muy acomplejada por el tamaño y forma de su cuerpo.
La típica persona con bulimia es adolescente, y a menudo comienza entre los 15 y 20 años y entre el 85 y el 90 por ciento son mujeres. Esta condición afecta a un 4 por ciento de las mujeres en algún momento de sus vidas. Sin embargo, la bulimia puede presentarse en los hombres generalmente sin recurrir a los purgantes. También ocurre en niños pequeños y adultos mayores.
Las personas con bulimia pueden comer grandes cantidades de comida, a veces hasta 20.000 calorías de una sola vez. Los alimentos que se ingieren en los atracones tienden a ser comidas “reconfortantes” que son dulces o saladas, blandas y suaves. Algunos ejemplos son los helados, los pasteles y las masas dulces. Las personas con bulimia pueden darse atracones algunas veces por semana o tan a menudo como varias veces en un mismo día. Aunque las personas con bulimia temen engordar y algunas tienen un bajo peso o sobrepeso extremos, la mayoría tiene un peso normal o un leve sobrepeso.
Al igual que la anorexia, la bulimia es perjudicial para la salud. Puede conducir a la deshidratación al purgarse, causar problemas gastrointestinales crónicos debido al uso de laxantes y caries por los vómitos excesivos. Durante su fase más destructiva, la bulimia puede causar latidos cardiacos irregulares, daño cardiaco permanente y hasta la muerte.
Las personas con bulimia usualmente se sienten avergonzadas de su comportamiento con los atracones de comida y los purgantes. Ya que a menudo las personas con bulimia tienen problemas para controlar sus impulsos, algunos sufren de comportamientos adictivos. A menudo también experimentan una gran depresión, ansiedad, pánico o fobia social.
Este trastorno está presente en las familias. Por eso, se presume que la bulimia está ligada a la herencia genética. Sin embargo, se desconoce la causa específica que la provoca. La mayoría de los especialistas creen que las vías cerebrales que controlan el apetito están comprometidas en este trastorno.

Síntomas

Los síntomas de la bulimia incluyen:
  • preocupación extrema por el peso y la forma del cuerpo
  • ingesta de grandes cantidades de comida en un breve periodo (darse atracones de comida) generalmente a escondidas
  • atracones de comida seguidos de vómitos autoinducidos, uso de medicamentos (laxantes, diuréticos, enemas o supositorios) ayunos, dietas restringidas en calorías o ejercicio físico excesivo.
La bulimia puede causar:
  • apatía, poca concentración
  • erosión dental y caries
  • dolor de garganta constante
  • debilidad muscular
  • dolor de huesos al hacer ejercicios físicos
  • baja presión arterial
  • latidos cardiacos irregulares
  • glándulas salivales inflamadas
  • constipación u otros problemas intestinales
  • problemas gastrointestinales, como hinchazón abdominal, acidez o reflujo ácido
  • problemas de fertilidad

Diagnóstico

La característica principal de este trastorno es la preocupación con el peso e imagen del cuerpo. El manual de diagnóstico psiquiátrico establece el criterio para realizar un diagnóstico de la bulimia aguda con atracones de comida por lo menos dos veces por día durante tres meses, junto a comportamientos  como el uso de  purgantes, ejercicio físico y dieta excesiva. Sin embargo no es necesario que todas estas características estén presentes para buscar ayuda. Visite a un médico si se siente preocupado por sus pensamientos y comportamientos relacionados con la comida y su peso corporal.
Su médico le preguntará sobre su historia clínica y le realizará un examen médico para verificar su salud general. Quizá le solicite también análisis de sangre para revisar los problemas asociados con los vómitos o el uso de laxantes.
Su médico también investigara si usted presenta un trastorno psicológico, como trastorno compulsivo obsesivo o un trastorno de ansiedad o de estado de ánimo.


Duración

La bulimia puede durar un breve periodo o puede continuar durante años. Alrededor del 25% de las personas que padecen de bulimia pueden mejorarse sin recurrir a un tratamiento. Sin tratamiento, más de la mitad de los pacientes con bulimia mejoran.
Pero aún después de un tratamiento exitoso, la bulimia puede regresar. La frecuencia y severidad con la que se presenta la bulimia puede variar notablemente.


Prevención

No existe una manera de prevenir la bulimia. El tratamiento puede resultar más fácil si el problema se detecta en una etapa temprana.


Tratamiento

Un trastorno alimenticio es una combinación compleja de problemas físicos y emocionales. Por eso, los proveedores de la salud tratan de organizar un tratamiento que pueda tratar estos problemas de manera integral.
Los objetivos del tratamiento son:
  • ayudar al paciente al lograr sus objetivos
  • reducir o eliminar los atracones de comida y los purgantes
  • tratar toda complicación física
  • brindar educación y motivar al paciente para que restablezca un método de ingesta saludable
  • ayudar a que el paciente entienda y cambie su patrón de pensamiento alterado relacionado con este trastorno
  • identificar y tratar todo trastorno psicológico asociado con este trastorno (por ejemplo depresión o ansiedad)
  • estimular y desarrollar el apoyo familiar
  • prevenir una recaída
El tratamiento incluye asesoramiento nutricional, psicológico y medicación con antidepresivos. A menudo resulta muy útil combinar algunos de estos enfoques. Siempre que no haya peligro grave de salud, se debería estimular a la persona que padece de bulimia para que restablezca sus objetivos personales.
El asesoramiento nutricional usualmente incluye desarrollar un plan alimenticio y aprender a reconocer las señales del cuerpo y los impulsos por los atracones de comida y los purgantes.
La psicoterapia tiene como objetivo ayudar a las personas con bulimia a mejorar su imagen corporal, entender y lidiar con las emociones, modificar sus comportamientos obsesivo-compulsivos relacionados con la comida, y lograr comportamientos alimenticios saludables. La terapia de comportamiento cognitivo (TCC) es el enfoque más estudiado y se cree que el más eficaz. La psicoterapia grupal y familiar también puede resultar útil. En la práctica, los especialistas tienden a combinar los elementos de la terapia de comportamiento cognitivo y la terapia psicodinámica. Los grupos de autoayuda y actividades guiadas por un profesional de la salud pueden también resultar buenos complementos para un plan de tratamiento.
Con o sin psicoterapia, la medicación puede reducir los impulsos por los atracones de comida y los purgantes. La fluoxetina (Prozac) se ha estudiado con frecuencia y es eficaz al igual que la sertralina (Zoloft). Las personas que sufren de bulimia pueden necesitar dosis más altas de las que se usan para la depresión. Dado que los trastornos de ansiedad y estados de ánimo están a menudo presentes en la bulimia, la medicación puede estar específicamente dirigida a tratar estos trastornos.


Cuándo llamar a un profesional

Póngase en contacto con un profesional de la salud (médico, terapeuta, psiquiatra) si cree que tiene o está en riesgo de padecer de bulimia. Si no se siente cómodo para realizar un consulta, hable con un amigo o miembro de la familia de confianza sobre su preocupación y pídale que se ponga en contacto con algún profesional de la salud en su lugar.
Si alguien que usted conoce presenta síntomas de bulimia, estimúlelo a ponerse en contacto con un médico o profesional de la salud mental. Confrontar a alguien que padece de bulimia puede resultar complicado. La persona puede negar su problema o ponerse a la defensiva. Para más información sobre como hablar una persona que se sospecha padece de bulimia, lea la sección de información adicional.


Pronóstico

Muchas personas con bulimia se recuperaran especialmente si la condición se descubre en una etapa temprana. En los estudios de seguimiento de largo plazo, en el 70 por ciento de las personas que padecen de este trastorno los síntomas de la bulimia desaparecen por completo. Algunos continúan luchando con los problemas alimenticios de varios niveles de severidad. El tratamiento ayuda a la posibilidad de lograr una mejoría. Hay un mejor pronóstico si la enfermedad se presenta en la adolescencia. El pronóstico no es bueno si la persona tiene otros problemas psiquiátricos, como trastorno obsesivo-compulsivo, problema de estados de ánimo o trastornos de la personalidad.
Tomado de Vida y Salud

viernes, 15 de abril de 2011

Desórdenes alimenticios: un problema en aumento entre los adolescentes y los niños


Observa a tus hijo/as: ¿Comen poco o demasiado, corren al baño después de cada comida  y hacen demasiado ejercicio? Quizás debas observar con más cuidado. Unas estadísticas recientes demuestran que los trastornos alimenticios como la bulimia y la anorexia están incrementando entre los adolescentes y los niños, tanto en los varones como en las mujeres. Pero los trastornos alimenticios no sólo son los que los hacen ver más delgados: la obesidad también está aumentando y también se considera un desorden de la alimentación.
Tan solo bastó un chiste aparentemente inofensivo respecto a su cuerpo, por parte del chico que le gustaba, para que Lucila comenzara a obsesionarse por esos supuestos kilos (o libras) de más que, en realidad, ni siquiera existían, ya que su peso era normal. Se enteró de que una amiga del colegio contaba las calorías de los alimentos que consumía y que así había logrado bajar de peso y mantenerse, y no dudó en conseguir también su propia tabla de calorías para ponerse en acción.
Al poco tiempo, Lucila comía tan pocas calorías que había adelgazado varios kilos y no sólo estaba delgada sino también débil y enferma. No obstante, ella se seguía viendo “gordita” y esa idea quedó instalada en su cabeza durante muchos años. Tuvo que someterse a varios tratamientos y aprender mucho sobre cómo alimentarse de manera sana, para poder mantener un peso adecuado y una buena salud.
Lo que le ocurrió a Lucila durante su adolescencia se conoce como Anorexia Nerviosa. Se trata de un trastorno alimenticio en el cual la persona comienza a comer cada vez menos ya que se ve y se siente con sobrepeso. El dejar de comer puede generar diferentes problemas de salud, en algunos casos muy graves: puede causar daño a órganos vitales como el corazón y el cerebro; el pelo, las uñas y los huesos se pueden volver quebradizos; la piel puede volverse seca y a veces amarilla; y, en el caso de las mujeres, los períodos menstruales pueden volverse irregulares o interrumpirse.
Un caso diferente fue el de su compañera de curso Nicole, que solía comer en exceso todo lo que le apetecía: golosinas, helados, comida chatarra… Lucila la envidiaba por eso –cómo no iba a hacerlo, si ella no comía nada-; pero un día se dio cuenta de que cada vez que Nicole terminaba de comer corría al baño acelerada. Aunque nadie lo supiera, Nicole se encerraba para provocarse el vómito y así eliminar las calorías de más que había ingerido. Luego, se sometía a intensas sesiones de ejercicios aérobicos, que podían durar varias horas por día.
En el caso de Nicole, si bien no estaba ni débil ni tan delgada y en apariencia su cuerpo estaba bien, también escondía otro de los trastornos alimenticios más comunes en las jóvenes y las adolescentes, que se conoce como bulimia nerviosa. Este trastorno alimenticio es igualmente perjudicial ya que vomitar de manera continua puede causar pérdidas importantes de minerales, arritmias cardíacas (latidos irregulares del corazón) que ponen en peligro la vida, causan problemas en los dientes e inflamación de la garganta. Además, los períodos menstruales también pueden volverse irregulares.
Los casos como los de Lucila y Nicole son cada vez más comunes entre las jóvenes y las adolescentes, y no sólo en mujeres. Si bien es cierto que por el momento estos trastornos alimenticios suelen darse más en ellas, también han comenzado a ser cosa de los hombres, que ya representan hasta el 10% de los casos registrados.
La edad en que se presentan estos trastornos también se está expandiendo y hoy es preocupante la cantidad de niñas que también comienzan a sufrir trastornos alimenticios. Según un estudio desarrollado por el Agency for Healthcare Research and Quality , la cantidad de casos de niños y niñas menores de 12 años que requirieron hospitalización por complicaciones derivadas de desórdenes alimenticios se ha incrementado un 119% de 1999 a 2006.
Paralelamente, los especialistas indican que así como se han incrementado los casos de niños y adolescentes con trastornos alimenticios, también ha crecido la obesidad infantil. El comer demasiado y mal, es también un reflejo de un problema emocional. Sin duda, ambos problemas son preocupantes y deben ser debidamente tratados para evitar trastornos graves.
La mejor forma de lograrlo es que tú también te asesores sobre cuáles son los buenos hábitos alimenticios y comiences a promoverlos en tu familia. Hay muchas formas, incluso divertidas, de descubrir nuevos sabores y compartir la mesa con tus hijos.
Te aconsejo que te mantengas alerta y vigiles de cerca qué, cómo y cuándo comen tus hijos/as adolescentes, para que si hay alguna señal que te inquiete, puedas tomar medidas al respecto.
Tomado de Vida y Salud

jueves, 16 de diciembre de 2010

Los adolescentes y los peligros de abusar de la tecnología



Los avances tecnológicos nos brindan posibilidades de hacer cosas que antes no se pensaban y tienden a ofrecernos servicios que nos facilitan la vida. Pero, al mismo tiempo, también pueden resultar nocivas. Un sencillo mensaje de texto (o más bien muchos), por ejemplo, pueden causar riesgos para los adolescentes, así como el abusar de la vida en las redes sociales. Aquí te contamos por qué.

Casi todas las personas tienen un teléfono celular. Algunas, incluso dos. ¿Cuántos padres les negamos a nuestros hijos adolescentes ese aparato que nos permite comunicarnos con ellos en todo momento, que nos deja saber cómo están y si necesitan algo? Creo que pocos. La verdad, es que somos los padres los que en principio encontramos conveniente que nuestros hijos/as tengan un teléfono móvil para poder localizarlos en todo momento y para que les sirva a ellos en caso de emergencia.

No es una novedad que los teléfonos celulares, también conocidos como telefonía móvil se haya expandido vertiginosamente a nivel mundial. Esta tendencia continúa y se incrementa a medida que aparecen nuevos equipos con más servicios de conectividad y funcionalidades más veloces que facilitan la interacción con los usuarios. iPhone, Blackberry, Smartphone. Como sea que se llamen, están ahí para que los usuarios estén “conectados” en todo momento.

Si te fijas, son los más jóvenes los que quizá se adhieren más a estas tecnologías y probablemente sean quienes más riesgos deben enfrentar.

Para quienes nacieron en esta “era digital”, es casi imposible imaginarse sin un teléfono móvil en la mano (o en el bolso) e incluso sin una computadora que tenga conexión al Internet.

¿Pero cuál es el riesgo de la tecnología? En principio, y como ocurre con otros aspectos de la vida, todos los excesos pueden ser malos. Más allá de esto, los peligros que recorren el ciberespacio hoy pueden ser muchos y variados, dependen del tipo de dispositivo de cómo se usa.

Por ejemplo, quienes utilizan las redes sociales corren el riesgo de ponerse en contacto con extraños que proporcionan identidades falsas con fines delictivos. Muchos adolescentes se valen de perfiles falsos para poder meterse en la vida de otros e incluso torturarlos psicológicamente. Otro caso perturbador es el que se conoce como “cyberbullying” o ciber acoso entre pares, que es cuando un adolescente se convierte en víctima de las bromas de mal gusto y de los comentarios ofensivos por parte de otros compañeros, en las redes sociales como el Internet.

Otro caso que se agrega a la lista, está relacionado con el uso excesivo de los teléfonos móviles. Un estudio reciente demostró que la hiper-conectividad debido al uso abusivo de los mensajes de texto podrían ser nocivos para los adolescentes.

Según esta investigación (desarrollada por investigadores de la Facultad de Medicina Case Western Reserve y difundida por el medio especializado Science Daily), los adolescentes que acostumbran enviar mensajes de texto 120 veces al día o más, son más propensos a haber tenido relaciones sexuales o consumido alcohol o drogas que aquellos jóvenes que no envían tantos mensajes. Además, son más propensos a sufrir depresión o anorexia.

¿Te parece que enviar 120 mensajes de texto por día es demasiado? Pues te sorprenderá saber la cantidad de adolescentes que superan esa cifra de envíos diariamente: uno de cada cinco estudiantes, específicamente, según el estudio; que además detectó que uno cada nueve estudiantes pasa tres horas diarias o más en redes sociales, mientras que uno de cada 25 pertenece a ambas categorías.

¿Ya estás pensando si tu hija/o pertenece a alguna de ellas y qué hacer al respecto? Me parece estupendo. Lo que es muy importante es la comunicación que tengas con él o ella, ya que, según los autores del estudio, si bien muchos adolescentes son susceptibles a la presión de sus amigos, también influye la actitud de padres permisivos o ausentes.

Por otro lado, una investigación sobre temas similares (realizada en el Centro de Trastornos del Sueño del Centro Médico JFK de Edison en Nueva Jersey) detectó que los adolescentes que siguen usando los celulares, las computadoras (ordenadores) y otros aparatos electrónicos a escondidas, después de haberse acostado supuestamente a dormir, tuvieron más probabilidades de sufrir trastornos del sueño que causan otras dificultades como déficit de atención con hiperactividad, alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, depresión y mal funcionamiento cognitivo (cuando la mente no funciona bien y las habilidades del pensamiento se alteran) durante el día.

La vida en la red cada vez nos afecta más en la vida real. Hay un mundo virtual en el cual las personas siguen actuando como tales, de acuerdo a las posibilidades que les brinda la tecnología. Esto es mucho más notorio para quienes no conocen el mundo sin las denominadas tecnologías de la comunicación, que se apropian de ellas de manera natural y generan nuevos usos, muchas veces que ni nos imaginamos los que nacimos cuando estos adelantos ni siquiera existían en las películas de ciencia ficción.

El asesorarse y el promover un uso seguro de estos medios quizás sea la mejor manera de estar atentos y prevenidos ante estos riesgos y peligros.
Tomado de Vida y Salud

lunes, 13 de diciembre de 2010

¿A qué se deben los períodos menstruales irregulares?

Si bien muchas mujeres no esperan con emoción la menstruación, la mayoría se da cuenta de la importancia de este sangrado cuando de repente, un mes cualquiera, no aparece o aparece cuando menos lo esperabas. ¿Qué sucede cuando tienes períodos menstruales irregulares o cesan de repente? Empecemos por entender la mecánica del ciclo menstrual, que a propósito, es un proceso fascinante.

Durante la vida fértil de la mujer, los óvulos maduran dentro de los ovarios en un ciclo que dura por lo general 28 días (esto varía de mujer a mujer, e incluso de período en período). En el día 5 de ese ciclo, aproximadamente 20 óvulos empiezan a madurar dentro de los folículos de los ovarios. Estos folículos son una especie de sacos llenos de líquido. Cuando se acerca el día 14, habitualmente uno de los folículos madura antes que los demás y entonces, deja salir al óvulo maduro para que sea fecundado. ¿Qué pasa con los demás folículos? Se marchitan y son reabsorbidos por el cuerpo. En cambio, el folículo maduro, se transforma en lo que se conoce como “cuerpo lúteo” que es el encargado de producir la hormona progesterona, para preparar al útero para que reciba al óvulo fecundado.

Pero si el óvulo no es fecundado, entonces se desintegra y muere. De la misma forma, el cuerpo lúteo, se marchita, lo cual hace que el endometrio (la capa interna del útero) se desprenda y se produzca el sangrado de la menstruación.

  • ¿Qué significa tener un ciclo menstrual regular? Que el intervalo entre los períodos menstruales es constante. Como mencioné antes, por lo general es de 28 días, pero dependiendo de la mujer, puede ser cada 20 a 35 días.
  • ¿Qué significa tener un ciclo menstrual irregular? Que el intervalo entre los períodos menstruales varía cada mes. Es decir, a veces te llega cada 28 días, a veces cada 20, a veces cada 30.

El tener irregularidades en la menstruación es muy común, yo lo veo en mi práctica todo el tiempo. Las causas pueden ser desde insignificantes hasta algo que requiere tratamiento. Por ejemplo, si eres adolescente, podría suceder que las hormonas de tu cuerpo fluctúen y tarden un tiempo en coordinarse y encontrar un equilibrio. Por eso, es normal que durante la adolescencia, tu período sea irregular, o que en ocasiones no llegue.

Y antes de entrar en materia, recuerda que la causa principal para que no te llegue la menstruación, es el embarazo. Así que si no te llega la “esperada visita” asegúrate de que no sea un bebé en camino.

Ahora sí, toma nota de las causas más comunes de los períodos menstruales irregulares:

  • Los desórdenes alimenticios como la anorexia y la bulimia.
  • Aumento o pérdida excesiva de peso. La delgadez extrema y la obesidad causan que tu ciclo menstrual sea irregular o incluso, que desaparezca.
  • Estrés o problemas emocionales.
  • Problemas hormonales (como cuando la tiroides no funciona bien, por ejemplo).
  • Viajar.
  • Hacer demasiado ejercicio: si eres atleta y entrenas muy intensamente, dejarás de menstruar porque el cuerpo quiere sobrevivir y ahorrar energía. La menstruación quita energía.
  • Problemas en los órganos que se encuentran en la pelvis (como los ovarios poliquísticos, por ejemplo)
  • Medicamentos como la píldora o la pastilla anticonceptiva pueden afectar la frecuencia y/o intensidad de la menstruación.
  • Amamantar.

Se pueden tener irregularidades y dejar de menstruar debido a una condición llamada “Insuficiencia o falla prematura del ovario” que indica que una mujer puede dejar de tener sus periodos antes de los 40 años. Esta condición puede ser causada por radiación, cirugía o quimioterapia, en el caso de que se tenga cáncer.

No te olvides que si tienes una vida sexual activa y no quieres quedar embarazada, debes usar un método anticonceptivo en el que puedas confiar para que los períodos irregulares no te traigan una sorpresa. También, recuerda que aunque tu período desaparezca por un tiempo, esto no te protege de que puedas quedar embarazada, aún estás en riesgo. Si no estás planeando tener un bebé ¡Cuídate!

Y como siempre, te recomiendo que si tienes dudas sobre qué está causando tus períodos menstruales irregulares, debes consultar con tu médico. No sea que detrás de eso, haya alguna condición seria que requiera tratamiento. ¡La salud es lo primero!


Tomado de Vida y Salud