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sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Timidez o fobia social?


Si tu hijo adolescente se aísla y no quiere salir con amigos de su edad, es posible que sea algo más que timidez. Si bien la fobia social se da en pocos casos, cuando se presenta puede generar problemas sociales y de aprendizaje. En este artículo te contamos cómo detectar esta enfermedad y qué la diferencia de la típica vergüenza que muchos pueden sentir.

¿Has escuchado hablar de la fobia social? Cuando lo que parece timidez se vuelve tan excesivo que hace que la persona evite ciertas situaciones y la interacción con los demás, puede tratarse de algo más. Es difícil reconocer cuando tu hijo o hija tiene un problema, y hay versiones que afirman que no creen que la fobia social sea realmente un problema, sino más bien timidez que debe ser superada por uno mismo o que es sólo una excusa para vender más medicamentos.

Sin embargo, esto no es así. La fobia social es una condición que puede causar complicaciones en la vida social y en el desarrollo normal de los niños y los adolescentes, aunque también puede afectar a los adultos e puede impedirles llevar una vida normal.

En busca de más información sobre esta enfermedad psiquiátrica, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos examinó las tasas de timidez y de fobia social entre más de 10 mil adolescentes entre los 13 y los 18 años de edad, que participaron en una encuesta nacional.

La mitad de ellos afirmó ser tímido, y de esa mitad, sólo el 12 por ciento había tenido los síntomas de la fobia social en algún momento de su vida. Lo interesante de este estudio es que entre quienes dijeron no ser tímidos, alrededor del cinco por ciento mostró signos de ansiedad social, lo que demuestra que esta enfermedad puede no estar asociada con la timidez, aunque por sus síntomas muchas veces se las vincule.

¿Cuáles son los síntomas de la fobia social? Tal como te hemos contado en otro artículo de Vida y Salud, las principales señales de esta enfermedad son:
  • Tener un miedo constante y excesivo de ser observado y juzgado por los demás.
  • Sentir timidez e incomodidad al sentirse observado durante una charla, en un baile o en otra situación en la que se participe.
  • Sentir una incomodidad o temor tan grande en situaciones sociales que éstas pueden llegar a provocar dolor de estómago, palpitaciones, mareo y deseos de llorar.
  • Tener miedo de hablarle a otras personas, como a compañeros de clase o de trabajo.
  • Tener palpitaciones, náuseas, sudor y sentimientos de vergüenza y humillación desencadenadas por situaciones sociales.
Todos estos síntomas y estas sensaciones son reales y en verdad pueden hacer que la persona se sienta muy mal. Por eso es importante no confundirlo con una simple timidez como la que tiene muchas personas, y muchos adolescentes y que es fácil de vencer y de superar.

Si bien se trata de una minoría, algunos adolescentes (también niños y adultos), tienen este problema y no pueden resolverlo por sí mismos. Lo peor de todo es que la fobia social puede interferir con el aprendizaje y con su normal desarrollo, e incrementa las posibilidades de que estos jóvenes recurran al alcohol o a las drogas en busca de algo que los haga sentir más seguros ante esas situaciones que para ellos son tan estresantes.

Lo bueno de todo esto es que, una vez detectada, la fobia social puede tratarse y quienes la sufren pueden volver a tener una buena vida social y a divertirse como cualquier adolescente. Para ello existen distintos tratamientos que pueden incluir terapias psicológicas, medicamentos y técnicas de relajación, entre otras alternativas.

El apoyo de los padres y las personas cercanas es fundamental para salir adelante. Si notas que tu niño tiene una timidez exagerada, fuera de lo común que lo hace reaccionar de manera extrema ante situaciones que no deberían serlo, es importante que pidas ayuda y lo acompañes con un profesional calificado para que se descarte fobia social y para que encuentre una solución que le permita disfrutar una de las etapas más gratificantes de la vida.

Tomado de Vida y Salud

sábado, 4 de junio de 2011

Bulimia nerviosa


¿Qué es?

La bulimia nerviosa es un trastorno alimenticio que consiste en darse frecuentes atracones de comida; es decir, ingerir grandes cantidades de comida de una sola vez, más allá de tener o no hambre. Durante el atracón, la persona siente que no tiene control sobre la comida y que no puede parar de comer. Aquellos que sufren de este trastorno pueden desarrollar estrategias para controlar su peso, como purgarse (vomitar). También pueden abusar de los laxantes, supositorios, enemas o diuréticos o pueden realizar ayunos prolongados, o hacer ejercicios físicos intensos.
Muchas personas con bulimia también presentan algunos síntomas de anorexia nerviosa. Tanto en la bulimia como en la anorexia, la persona puede mostrarse preocupada por su peso y estar muy acomplejada por el tamaño y forma de su cuerpo.
La típica persona con bulimia es adolescente, y a menudo comienza entre los 15 y 20 años y entre el 85 y el 90 por ciento son mujeres. Esta condición afecta a un 4 por ciento de las mujeres en algún momento de sus vidas. Sin embargo, la bulimia puede presentarse en los hombres generalmente sin recurrir a los purgantes. También ocurre en niños pequeños y adultos mayores.
Las personas con bulimia pueden comer grandes cantidades de comida, a veces hasta 20.000 calorías de una sola vez. Los alimentos que se ingieren en los atracones tienden a ser comidas “reconfortantes” que son dulces o saladas, blandas y suaves. Algunos ejemplos son los helados, los pasteles y las masas dulces. Las personas con bulimia pueden darse atracones algunas veces por semana o tan a menudo como varias veces en un mismo día. Aunque las personas con bulimia temen engordar y algunas tienen un bajo peso o sobrepeso extremos, la mayoría tiene un peso normal o un leve sobrepeso.
Al igual que la anorexia, la bulimia es perjudicial para la salud. Puede conducir a la deshidratación al purgarse, causar problemas gastrointestinales crónicos debido al uso de laxantes y caries por los vómitos excesivos. Durante su fase más destructiva, la bulimia puede causar latidos cardiacos irregulares, daño cardiaco permanente y hasta la muerte.
Las personas con bulimia usualmente se sienten avergonzadas de su comportamiento con los atracones de comida y los purgantes. Ya que a menudo las personas con bulimia tienen problemas para controlar sus impulsos, algunos sufren de comportamientos adictivos. A menudo también experimentan una gran depresión, ansiedad, pánico o fobia social.
Este trastorno está presente en las familias. Por eso, se presume que la bulimia está ligada a la herencia genética. Sin embargo, se desconoce la causa específica que la provoca. La mayoría de los especialistas creen que las vías cerebrales que controlan el apetito están comprometidas en este trastorno.

Síntomas

Los síntomas de la bulimia incluyen:
  • preocupación extrema por el peso y la forma del cuerpo
  • ingesta de grandes cantidades de comida en un breve periodo (darse atracones de comida) generalmente a escondidas
  • atracones de comida seguidos de vómitos autoinducidos, uso de medicamentos (laxantes, diuréticos, enemas o supositorios) ayunos, dietas restringidas en calorías o ejercicio físico excesivo.
La bulimia puede causar:
  • apatía, poca concentración
  • erosión dental y caries
  • dolor de garganta constante
  • debilidad muscular
  • dolor de huesos al hacer ejercicios físicos
  • baja presión arterial
  • latidos cardiacos irregulares
  • glándulas salivales inflamadas
  • constipación u otros problemas intestinales
  • problemas gastrointestinales, como hinchazón abdominal, acidez o reflujo ácido
  • problemas de fertilidad

Diagnóstico

La característica principal de este trastorno es la preocupación con el peso e imagen del cuerpo. El manual de diagnóstico psiquiátrico establece el criterio para realizar un diagnóstico de la bulimia aguda con atracones de comida por lo menos dos veces por día durante tres meses, junto a comportamientos  como el uso de  purgantes, ejercicio físico y dieta excesiva. Sin embargo no es necesario que todas estas características estén presentes para buscar ayuda. Visite a un médico si se siente preocupado por sus pensamientos y comportamientos relacionados con la comida y su peso corporal.
Su médico le preguntará sobre su historia clínica y le realizará un examen médico para verificar su salud general. Quizá le solicite también análisis de sangre para revisar los problemas asociados con los vómitos o el uso de laxantes.
Su médico también investigara si usted presenta un trastorno psicológico, como trastorno compulsivo obsesivo o un trastorno de ansiedad o de estado de ánimo.


Duración

La bulimia puede durar un breve periodo o puede continuar durante años. Alrededor del 25% de las personas que padecen de bulimia pueden mejorarse sin recurrir a un tratamiento. Sin tratamiento, más de la mitad de los pacientes con bulimia mejoran.
Pero aún después de un tratamiento exitoso, la bulimia puede regresar. La frecuencia y severidad con la que se presenta la bulimia puede variar notablemente.


Prevención

No existe una manera de prevenir la bulimia. El tratamiento puede resultar más fácil si el problema se detecta en una etapa temprana.


Tratamiento

Un trastorno alimenticio es una combinación compleja de problemas físicos y emocionales. Por eso, los proveedores de la salud tratan de organizar un tratamiento que pueda tratar estos problemas de manera integral.
Los objetivos del tratamiento son:
  • ayudar al paciente al lograr sus objetivos
  • reducir o eliminar los atracones de comida y los purgantes
  • tratar toda complicación física
  • brindar educación y motivar al paciente para que restablezca un método de ingesta saludable
  • ayudar a que el paciente entienda y cambie su patrón de pensamiento alterado relacionado con este trastorno
  • identificar y tratar todo trastorno psicológico asociado con este trastorno (por ejemplo depresión o ansiedad)
  • estimular y desarrollar el apoyo familiar
  • prevenir una recaída
El tratamiento incluye asesoramiento nutricional, psicológico y medicación con antidepresivos. A menudo resulta muy útil combinar algunos de estos enfoques. Siempre que no haya peligro grave de salud, se debería estimular a la persona que padece de bulimia para que restablezca sus objetivos personales.
El asesoramiento nutricional usualmente incluye desarrollar un plan alimenticio y aprender a reconocer las señales del cuerpo y los impulsos por los atracones de comida y los purgantes.
La psicoterapia tiene como objetivo ayudar a las personas con bulimia a mejorar su imagen corporal, entender y lidiar con las emociones, modificar sus comportamientos obsesivo-compulsivos relacionados con la comida, y lograr comportamientos alimenticios saludables. La terapia de comportamiento cognitivo (TCC) es el enfoque más estudiado y se cree que el más eficaz. La psicoterapia grupal y familiar también puede resultar útil. En la práctica, los especialistas tienden a combinar los elementos de la terapia de comportamiento cognitivo y la terapia psicodinámica. Los grupos de autoayuda y actividades guiadas por un profesional de la salud pueden también resultar buenos complementos para un plan de tratamiento.
Con o sin psicoterapia, la medicación puede reducir los impulsos por los atracones de comida y los purgantes. La fluoxetina (Prozac) se ha estudiado con frecuencia y es eficaz al igual que la sertralina (Zoloft). Las personas que sufren de bulimia pueden necesitar dosis más altas de las que se usan para la depresión. Dado que los trastornos de ansiedad y estados de ánimo están a menudo presentes en la bulimia, la medicación puede estar específicamente dirigida a tratar estos trastornos.


Cuándo llamar a un profesional

Póngase en contacto con un profesional de la salud (médico, terapeuta, psiquiatra) si cree que tiene o está en riesgo de padecer de bulimia. Si no se siente cómodo para realizar un consulta, hable con un amigo o miembro de la familia de confianza sobre su preocupación y pídale que se ponga en contacto con algún profesional de la salud en su lugar.
Si alguien que usted conoce presenta síntomas de bulimia, estimúlelo a ponerse en contacto con un médico o profesional de la salud mental. Confrontar a alguien que padece de bulimia puede resultar complicado. La persona puede negar su problema o ponerse a la defensiva. Para más información sobre como hablar una persona que se sospecha padece de bulimia, lea la sección de información adicional.


Pronóstico

Muchas personas con bulimia se recuperaran especialmente si la condición se descubre en una etapa temprana. En los estudios de seguimiento de largo plazo, en el 70 por ciento de las personas que padecen de este trastorno los síntomas de la bulimia desaparecen por completo. Algunos continúan luchando con los problemas alimenticios de varios niveles de severidad. El tratamiento ayuda a la posibilidad de lograr una mejoría. Hay un mejor pronóstico si la enfermedad se presenta en la adolescencia. El pronóstico no es bueno si la persona tiene otros problemas psiquiátricos, como trastorno obsesivo-compulsivo, problema de estados de ánimo o trastornos de la personalidad.
Tomado de Vida y Salud

viernes, 14 de enero de 2011

Los niños y la timidez: ¿cuándo hay que preocuparse?



Ser tímido o extrovertido son rasgos de la personalidad y formas de ser. Hay niños/as a quienes les cuesta un poco más relacionarse con los demás y tener amigos/as. Pero esto no necesariamente significa que es un problema. Aquí te cuento cuándo la timidez es un asunto para preocuparse y cuándo no. Sigue leyendo para que tengas una mejor idea sobre la timidez en los niños.

Alicia está preocupada porque su hija de 4 años es tímida. Según ella, le cuesta socializar con otros niños y tarda tiempo en entrar en confianza para jugar y sentirse cómoda. Incluso, Alicia dice que su hija es tímida con los adultos y que siempre que se le acercan a hacerle un mimo, su hijita corre a esconderse detrás de ella. Muchos padres y madres, como Alicia, piensan que la timidez en los niños es un problema. Pero eso depende. Ser tímido e introvertido es tan normal como ser extrovertido. Son simplemente, maneras de ser diferentes.

Por eso, si te preocupa que tu hijo/a sea introvertido/a, es importante conocer la respuesta a la pregunta ¿cuánta timidez es normal en un niño? De esa manera no tomarás decisiones apresuradas ni te preocuparás más de la cuenta.

La timidez es normal en tu hijo/a si:

Se mantiene callado/a y tímido/a cuando está con personas que no conoce y al enfrentar situaciones nuevas. Sin embargo, luego de un tiempo, se relaja y puede estar cómodo con estas personas y/o en estas situaciones.
Tiene amigos, aunque sean pocos.
No le gusta ser el centro de atención o interactuar con gente en grupos grandes, pero lo puede hacer perfectamente en grupos pequeños de personas.

Por lo general, los niños/as que son tímidos en los niveles normales, no van a tener problemas para relacionarse con otros en su adultez. Además, puede ser que su temperamento reservado se deba a que alguno de los padres es tímido o introvertido. Como dije antes, es una manera de ser, y no necesariamente un comportamiento anormal. Sin embargo, es indispensable aclarar que la timidez en los niños sí puede convertirse en un problema en el caso de que:

Interfiera con la habilidad de tu hijo/a para hacer amigos y para desenvolverse en la escuela. Por ejemplo: que no quiera ir a la escuela y tenga problemas para relacionarse con los profesores o maestros.

Produzca ansiedad y miedo. Muchos niños que se encuentran en situaciones nuevas pueden tener ataques de ansiedad o pueden inmovilizarse por el miedo.

Haga que tu hijo/a esté muy solo/a y tenga baja autoestima.

Si la timidez de tu hijo/a está interfiriendo en sus actividades cotidianas, puede ser que se trate de una fobia social o un desorden de ansiedad. En este caso, lo mejor es llevar al niño o a la niña a una evaluación con el pediatra o con un psicólogo infantil para ver qué tratamiento o medidas se pueden tomar al respecto.

Recuerda que el apoyo de los padres es fundamental cuando se trata de la timidez infantil. Tú puedes brindarle seguridad a tu hijo/a si lo preparas para las situaciones sociales en las que piensas que se va a sentir incómodo/a, hablándole de las personas que estarán ahí, diciéndole que no hay nada que temer, y asegurándote de ir con él o ella o de que haya alguna persona de su confianza en el lugar.

También puedes motivarlo a interactuar en pequeños grupos, puedes invitar a otros niños a jugar a casa, llevarlo al parque y decirle que comparta con otros niños. Poco a poco, verás que se siente cómodo/a y que puede establecer relaciones con los demás sin tener miedo.

Anímalo/a cuando hace algo que está fuera de su rutina; recuérdale que los demás son como él y que tener amigos e interactuar es divertido.

La timidez no es mala si no interfiere en su desarrollo, es otra forma de ser. Ser excesivamente extrovertido y ‘socialmente agresivo’ tampoco es lo deseable si es que esto interfiere en su vida normal. Por eso, lo mejor es que haya un equilibrio.

Ayuda a tu hijo/a, apóyalo/a y, si crees que su timidez no es normal, no dudes en consultar con un especialista. Pero dale tiempo y ten paciencia. Los niños están descubriendo el mundo y descubriendo su lugar en él.
Tomado de Salud y Vida