DESPACHOS A TODO EL PAÍS

DESPACHOS A TODO EL PAÍS
Mostrando entradas con la etiqueta comportamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comportamiento. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de marzo de 2012

El bajo peso al nacer, asociado con el autismo

Los problemas del desarrollo, permanentes y profundos, característicos del autismo son uno de los temores más grandes de los padres. Las causas de esta serie de trastornos son principalmente genéticas, pero un nuevo estudio indica que el bajo peso al nacer, concretamente en los gemelos, puede tener alguna influencia. Sigue leyendo para que te enteres en detalle.

El autismo comprende a una serie de trastornos del desarrollo que afectan al cerebro. Generalmente aparece durante los 3 primeros años de vida. El autismo impide el desarrollo normal de las habilidades sociales y de comunicación. Un niño autista puede pasar mucho tiempo aislado y tener dificultades para hablar y para expresarse. Sin embargo, el autismo es una condición que en ocasiones no es fácil de detectar.

Es posible que haya ciertas conductas del niño que les parezcan sospechosas a los padres que probablemente se manifiesten cuando entre a la escuela y que además presente problemas de conducta y comunicación. Como mencioné, el autismo es un espectro de trastornos, es decir, que puede tener síntomas leves o severos, y que incluso puede que los niños se desarrollen de manera aparentemente normal y que no sea hasta los 2 o 3 años de vida, en que se empiecen a manifestar los síntomas. El autismo no tiene cura, pero puede manejarse con terapia y mejorarse a medida que pasan los años.

Las causas de esta condición están ligadas a la genética y a factores ambientales, pero un nuevo estudio revela que — al menos en gemelos idénticos — el bajo peso al nacer juega un papel importante. Unos investigadores de la Universidad Northwestern en Estados Unidos, llegaron a esta conclusión luego de estudiar a más de 3,700 parejas de gemelos,.

Por ejemplo, al analizar a varios gemelos idénticos “discordantes” (es decir que uno sufre de autismo y el otro no) encontraron que en aquellos bebés cuyo hermano era 15% más pesado al nacer (más de 14 onzas), tuvieron un riesgo 13% mayor de sufrir autismo.

No obstante, los autores del estudio publicado en la revista Pyschological Medicine, advierten que también los factores ambientales prenatales (antes del nacimiento) y perinatales (alrededor del nacimiento) son importantes y se suman a la predisposición genética que existe para el autismo.

Esta misteriosa enfermedad ha sido objeto de debate por muchos años. Se ha llegado a culpar a algunas vacunas por su desarrollo, pero esto ya se ha descartado. Así que el debate sobre las causas definitivas del autismo sigue abierto. Esperamos que la ciencia siga avanzando para responder a las preguntas que se tienen acerca del autismo.

No te olvides que ante cualquier duda que tengas sobre el comportamiento y el desarrollo de tu bebé, debes consultar a tu pediatra y si es necesario, a un especialista.

Tomado de Vida y Salud

miércoles, 29 de febrero de 2012

Errores en la crianza de los hijos. ¿Los cometes tú?

Dicen que nadie escarmienta en cabeza ajena, pero como la crianza de los hijos no se estudia en ninguna universidad, conviene que prestes atención a los errores que han cometido otros para que no los repitas tú. Sigue leyendo y aprende de las faltas de los demás, reconoce las tuyas y sigue dándole a tus niños todo el amor que ellos se merecen.

Todas las madres y todos los padres saben que la crianza de los hijos no es una tarea sencilla. Hasta los que tienen las mejores intenciones se equivocan y lamentan no haber hecho alguna vez las cosas de forma diferente. Y es que esta labor tan importante se va aprendiendo sobre la marcha y exige que uno sea maestro, enfermero, consejero, y hasta un poco psicólogo, sin sueldo y sin garantías. De todas formas se hace con un inmenso amor y de forma totalmente incondicional.

Todos podemos aprender de las experiencias de otros, así que si tienes niños pequeños te interesará saber en qué se equivocaron otros padres previamente. La mayoría coincide en que si pudieran volver atrás evitarían la sobreprotección, el darles todo en bandeja de plata y el permitirles adquirir malos hábitos que más adelante puedan incluso perjudicar su salud.

Los berrinches (perretas) no funcionan

Cada niño tiene su propia personalidad, algunos son más dóciles que otros pero, quien más quien menos, siempre habrá berrinches, caprichos y escenas que quisieras hacer desaparecer. Sin embargo, tú siempre debes mantener la autoridad y puedes utilizar esos momentos como oportunidades para el aprendizaje.

La lección dependerá de cuál sea el motivo del berrinche. A veces es cuestión de conocer los tiempos del niño y si tiene sueño, por ejemplo, decidir no hacer determinadas tareas en ese momento ya que pueden alterarlo y provocar una reacción no deseada.

Por el contrario, si el berrinche comienza porque le has negado algo, trata de calmarlo (si es necesario apártalo del grupo) y felicítalo a medida que se va tranquilizando, pero nunca lo recompenses dándole lo que él o ella querían, o pensará que sus pataletas sirven para obtener lo que quiere y luego será más difícil hacer que cambie su actitud.

Date a respetar y pon reglas claras que todos deben seguir

Mantente firme y recuerda de poner límites: son necesarios para toda persona en crecimiento ya que, en verdad no limitan sino que delimitan, es una diferencia sutil que resulta muy importante, pues los límites funcionan como las reglas del juego. Sin reglas es imposible participar.

Esta idea parece obvia. Sin embargo, a veces se borra y son los mismos adultos quienes más deben aprender al respecto. ¿En qué sentido? Pues si dices no, es no: ¿quién no se ha dejado convencer por esos ojitos tan bonitos o por ese rostro de niño bueno? Pero no dejes que eso ocurra y ten la objetividad necesaria para distinguir entre las verdaderas lágrimas y las “de cocodrilo”.

En este punto, también es importante tener en cuenta tus advertencias cuando quieras que el niño o la niña te obedezcan. Por ejemplo, si les dices que si no te hacen caso no lo dejarás ver televisión jamás en su vida, posiblemente no puedas cumplir con tu palabra y, en ese caso, difícilmente logres que tus niños te crean.

Por el contrario, puedes decirles que no le comprarás la golosina que tanto le gusta o que cancelarás la salida que tenían programada. Y siempre debes cumplir con la pena o el castigo advertido cuando no te obedezca. Recuerda que eres tú quien tiene la autoridad del hogar: hazla valer.

Un no rotundo a la sobreprotección

¿Por qué cuesta tanto poner límites? Esta actitud suele venir de la mano de otra: la sobreprotección. Uno no quiere ver que su hijo sufra y cede ante el más mínimo reclamo infantil. Sin embargo, los límites son necesarios para que el niño reconozca que no todo es posible en la vida, que hay que esforzarse y que algunas cosas son más difíciles de lograr que otras. También aprenderá sobre el respeto a los demás y cómo comportarse de manera social, pues “los derechos de cada uno comienzan donde terminan los del prójimo”.

Una madre o un padre sobreprotector trata de evitar que su niño se frustre y de darle todo servido. Esto también puede trasladarse a otras costumbres que, a corto o largo plazo, pueden afectar incluso hasta la salud del niño, como la mala alimentación y ciertos hábitos como el darles permisos frente a todo tipo de pantallas (televisión, computadoras, etc.), la falta de ejercicio y la poca colaboración con las tareas y responsabilidades del hogar.

Claro que puede resultar más sabrosa una golosina a media tarde que una fruta y es cierto que es más fácil dejarlos viendo televisión o jugando a los videojuegos que llevarlos cada dos días al club o a sus clases de deporte o danza. Pero la opción más difícil es a menudo la más conveniente. El camino fácil es posible que lleve a tu hijo al sobrepeso, al sedentarismo y a la obesidad, con todas las consecuencias que eso implica.

La vida actual tiene sus desafíos. Papá y mamá deben trabajar a diario y ocuparse de mantener el hogar en buenas condiciones, además de cuidar sus amistades y atender a sus hijos. Nadie ha dicho que sería fácil ser padre o madre… pero no te des por vencido(a). Déjate guiar por tus instintos y trata de darles a tus niños las herramientas que necesitaran para defenderse y para ser personas responsables cuando estén fuera de la casa, ahora y cuando lleguen a la adultez.

Tomado de Vida y Salud

sábado, 3 de septiembre de 2011

Como ayudar a un niño con Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH o TADH) ¡sin rendirse en el intento!


Si tu hijo, que siempre ha sido inquieto y no puede concentrarse en nada más allá de unos minutos, acaban de diagnosticarle que sufre del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, ¡No te desesperes! Aquí te ofrecemos algunas sugerencias para que la convivencia con el niño sea más efectiva, tranquila y segura.

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH o TADH), es uno de los trastornos del comportamiento más comunes entre los niños de edad escolar que afecta unas tres veces más a varones que a niñas, aunque no se sabe exactamente por qué. Se caracteriza por la falta de concentración, la actividad constante, la impaciencia y la impulsividad que muchas veces ponen en peligro a los niños. Aunque entienden lo que se espera de ellos, tienen dificultad para ejecutar las tareas que se les asignan. Esto dificulta no solamente la convivencia en el hogar, sino el desempeño en la escuela porque se les hace muy difícil permanecer sentados y prestar atención.

Es importante que sepas que criar a un niño con TDAH representa un gran desafío, pero tú puedes llevar a cabo la tarea con paciencia y mucho amor. Tu hijo no es ni malo ni malcriado, sencillamente sufre de un desorden de la conducta que no es su culpa ni la de sus padres tampoco. Con un tratamiento adecuado y reglas firmes y claras tanto en el hogar como en la escuela, los niños con TADAH pueden mejorar y aprender a manejar sus síntomas exitosamente.

Algunas estrategias que pueden ayudarte con un niño que sufre este trastorno son:

Los niños con TDAH necesitan ante todo orden y rutina. Crea un horario de actividades y colócalo en un lugar visible. Incluye en este programa los detalles diarios, desde la hora de despertarse hasta la de acostarse, incluidos los momentos de hacer la tarea o los de diversión, como aquéllos en los que mirará televisión o jugará con la computadora. Haz que el niño se familiarice con este horario y si hay algún cambio, explícaselo con anterioridad.

Establece reglas claras para la convivencia en el hogar (y escríbelas). Es importante que el niño sepa qué pasará si no obedece o no las cumple.

Para darle instrucciones al niño, sé directa y no uses explicaciones muy largas o complicadas. La clave es utilizar mensajes claros, concisos y concretos. Háblale pausadamente y mirándole a los ojos. Luego, pídele que repita las indicaciones para corroborar que ha captado correctamente el mensaje.

A la hora de poner límites, haz que sean realmente efectivos. En lugar de alzar la voz o pegarle, usa castigos o cancelación de privilegios. Con los niños más pequeños, utiliza otros métodos, como alejarlos de un comportamiento negativo distrayendo su atención o ignorarlos durante unos minutos para no reforzar el comportamiento todavía más con una reacción desmedida de tu parte.

Si el niño se porta bien, recompensa sus logros y comportamientos positivos.

Ayuda a tu hijo a ser organizado con sus cosas: ubica siempre cada cosa en un mismo lugar. De ese modo, también lo ayudarás a evitar que pierda objetos.

Cuando vaya a hacer su tarea, o necesite concentrarse en algo, evita las posibles distracciones, como la televisión, la radio y los juegos en la computadoras. Divide la tarea en porciones, para que aproveche mejor los períodos de concentración. Si comienza por sus áreas más fuertes y las termina con éxito, reforzará su autoestima y podrá enfocarse mejor en el resto. Procura, como mencionamos anteriormente, hacer la tarea a la misma hora y en el mismo lugar, para seguir una rutina predecible y que le resulte familiar.

Si el niño tiene que elegir algo, (ropa, comida o juguetes por ejemplo), limita las opciones. Dos alternativas son más que suficientes y evitan que el niño se sienta aturdido o sobre estimulado.
Ayuda a tu hijo a descubrir su talento, ya sea en los deportes, el arte, la música o cualquier otra actividad. Esto lo ayudará a sentirse bien consigo mismo y con los demás.

Evita referirte a él de forma negativa con otras personas y mucho menos cuándo él esté presente. Tampoco lo avergüences delante de otras personas ni lo compares con sus hermanos ni con sus amiguitos.

Asegúrate de que el niño esté siempre bajo la supervisión de un adulto y habla regularmente con sus maestros y sus profesores para estar al tanto de su desempeño en el colegio.

Habla con otros padres de niños con TADH, aprende más sobre este trastorno y no dudes en pedir todo el asesoramiento que necesites. Entre más sepas, mejor será para toda la familia.
Participa en grupos de apoyo y/o de terapia familiar o individual para perfeccionar técnicas de disciplinas y maneras positivas de reaccionar ante la conducta de los niños.

Recuerda que un hijo con TDAH necesita orden, rutina y disciplina. Surgirán momentos difíciles, pero puedes superarlos con información, comprensión y amor. No te desanimes: ¡tu hijo te necesita!

Tomado de Vida y Salud

lunes, 1 de agosto de 2011

Los adolescentes que leen son más alegres


Con la explosión de los medios audiovisuales, la lectura entre los adolescentes ha quedado relegada a un segundo plano. Los jóvenes que se dedican a leer en ocasiones son vistos como “bichos raros” por los demás, que pasan la mayoría del tiempo escuchando música y viendo películas. Pero un estudio demuestra que los adolescentes lectores tienden a estar más alegres, mientras que aquellos que pasan muchas horas escuchando música, podrían estar deprimidos.
Ana tiene 16 años y confiesa que lo que más le gusta hacer es leer. Como buena adolescente, ya se leyó toda “La saga crepúsculo” una serie de tres libros de historias de amor entre vampiros (Eclipse, Crepúsculo y Luna nueva). Ahora se está interesando por la literatura latinoamericana, luego de que se devoró todos los libros de Harry Potter. Sus padres recalcan que Ana lee como si fuera un ser extraterrestre. Pero es que en esta época en la que los adolescentes pasan tanto tiempo expuestos a medios como la televisión, el cine, los juegos de video y la música, a veces parece que Ana sí fuera de otro planeta.
Igual, ella es feliz. La lectura, según los investigadores, exige que el cerebro se involucre de una manera activa y esto hace que la persona se sienta bien, le da una sensación de bienestar y de alegría. En contraste, un pequeño pero importante estudio realizado hace poco por la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, en Estados Unidos, habla de que los adolescentes que pasan mucho tiempo escuchando música, podrían estar deprimidos.
Esto no significa que la música los deprima, o por lo menos, no queda claro en el estudio. Se sabe que la música es un bálsamo para el alma y que es una parte importante de la vida en todas sus etapas. Lo que este estudio encontró es que los adolescentes que pasan mucho tiempo pegados a sus canciones, son más propensos a desarrollar depresión severa. Tal vez buscan en la música un refugio para sus tristezas. Quizá el oír esa canción que les gusta, una y otra vez, los tranquiliza.

Lea el artículo completo en Vida y Salud

martes, 7 de junio de 2011

Cómo cuidar la salud de los adolescentes: de los 13 a los 18 años


La adolescencia es una etapa de grandes cambios y de emociones fuertes en la vida de todas las personas. En ese proceso que dura varios años, tus hijos/as no sólo notarán que su cuerpo cambia sino también sus ideas y lo que sienten. Esto puede causarles confusión. Aquí te contamos cómo acompañar a tus hijos/as de los 13 a los 18 años y cuidar su salud, tanto física como emocionalmente.
Si tu hijo o hija está cerca de los 10 años es hora de que empieces a pensar que ya puede estar dejando la niñez, quizá pronto dejarás de llevarlo al pediatra y cuando menos te des cuenta su cuerpo habrá cambiado, así como su forma de pensar. No existe un momento especial en el cual comiencen a ocurrir estos cambios que conducen a la adolescencia. Algunos niños empiezan antes y otros después. Lo importante es que tengas presente que a veces los cambios físicos suceden después de los emocionales.
Todo esto puede generar confusión y cambios en los estados de ánimo en los adolescentes. Su cuerpo comienza  a ser diferente, algunos desarrollan acné, aparece la menstruación y los senos en las mujeres, los varones cambian su voz y comienzan a tener más vello en la cara. Al mismo tiempo, empiezan a percibir que sus amigos o la gente de su edad los mira de manera diferente, comienzan a buscar modelos con quien quisieran identificarse y sobre todo, intentan ser aceptados por su grupo de referencia.
Esto hace que muchas veces los adolescentes se distancien de sus padres, no estén de acuerdo con sus puntos de vista y los contradigan. Esto es parte normal de este proceso, así que no  dejes que la situación te desconcierte. Y si temes por el bienestar de tus hijos/as ante los riesgos del mundo actual, lo mejor es que procures tener una buena comunicación. Trata de mantener siempre un diálogo abierto y de conocer qué cosas están sintiendo, qué temores tienen y qué sensaciones les provocan todos los cambios por los que están pasando.
Recuerda cuando tú estabas en la adolescencia, qué cosas te molestaban o te avergonzaban y comparte esos recuerdos con tus hijos/as, los tranquilizará saber que sus propios padres también han atravesado (y superado) situaciones similares.
No te avergüences de hablar con ellos sobre ciertos temas como la sexualidad y las drogas. La mejor forma de cuidar a tus hijos, de prevenir problemas y de ayudarlos es que ellos tengan la información correcta y conozcan los peligros. Por eso, lo ideal es que te adelantes y hables de estos temas antes de que se presenten. Si le cuentas a tu hija sobre la menstruación luego de su primer período, has llegado tarde. Lo mismo si recuerdas mencionar lo nocivo que puede ser el tabaco luego de haber encontrado la cajetilla de cigarrillos en el bolsillo de su pantalón.
Del mismo modo, trata de informarte acerca de las cosas que pueden ocurrir y de las que te preocupan y procura conversar con tus hijos/as al respecto y de establecer límites relevantes. Tal vez no quieras que tus hijos/as se tiñan el pelo y mucho menos que se hagan tatuajes o perforaciones, pero debes tener en cuenta que ellos/as están experimentando, buscando su propio estilo y también desean sorprenderte, así es que evalúa la importancia de las cosas antes de decir que no. Así, por ejemplo, teñirse puede resultar inofensivo ya que el pelo volverá a crecer y a tener su color natural pero no es tan sencillo eliminar un tatuaje. Este dura toda la vida y además puede causar infecciones y tiene otros riesgos para su salud.
Si tus hijos/as están sanos, durante esta etapa de la adolescencia -que podría dividirse en tres períodos- deberías llevarlos a hacerse chequeos médicos de rutina mínimo una vez  cada período: entre los 11 y los 14 (adolescencia temprana), entre los 15 y los 17 (adolescencia intermedia) y entre los 18 y los 22 años (adolescencia tardía).
Estas visitas te ayudarán a detectar cambios importantes, tanto físicos como emocionales y a enfrentar varios temas que pueden resultar difíciles de conversar entre padres e hijos. Por ejemplo, un profesional puede ayudar a despejar dudas sobre el desarrollo normal del cuerpo del adolescente o a detectar si existen riesgos de problemas de adicciones, trastornos de la alimentación o problemas físicos en general. Entre otras cosas, chequeará: la presión arterial, el peso, el nivel del colesterol en la sangre y el estado de la visión, la audición, la boca y los dientes.
Si es necesario, el médico podrá sugerir que lo lleves a uno o varios especialistas: al dentista para revisar el crecimiento de los dientes o la forma de morder, o si tiene caries; al dermatólogo si el acné es muy severo o al ginecólogo en el caso de las chicas, si tiene dolores menstruales muy intensos.
Mientras tanto, tú deberás ir encontrando nuevas formas de comunicarte con tus hijos/as adolescentes, conocerlos y descubrir su forma de ser y pensar. En esta etapa, pueden llamarte la atención muchas actitudes que posiblemente sean parte normal de esta transición. Ten paciencia y comprensión, pero presta atención a algunas cosas que sí pueden ser señales de alarma. Por ejemplo, debes buscar ayuda profesional si notas los siguientes signos o síntomas en tu hijo/a:
  • Aumento o pérdida extrema de peso
  • Problemas de insomnio o que duerme demasiado
  • Cambios rápidos y drásticos en su personalidad
  • Cambio repentino de amigos
  • Ausencia al colegio de manera frecuente o disminución en el rendimiento escolar
  • Referencias al suicidio (aunque sea en broma)
  • Indicios de que fuma, bebe alcohol o consume drogas
  • Problemas con la ley
  • Cualquier otro comportamiento que no es apropiado que dure más de 6 semanas.
Sé paciente y no te rindas aunque a veces te sientas abrumado por las situaciones que se presentan. Ten en cuenta que la adolescencia terminará. Mientras tanto, recuérdales a tus hijos que los(as) apoyas en este proceso y que juntos podrán atravesar este periodo de cambios y contradicciones. Cuando menos te des cuenta, ya serán personas adultas, responsables, comunicativas y además, si han contado con tu apoyo emocional y han visitado al médico con regularidad, serán adultos sanos.
Tomado de Vida y Salud

viernes, 8 de abril de 2011

Niños/as autistas: ¿qué es el autismo y cómo detectarlo?


Durante los primeros años de vida de un niño/a puede presentar un trastorno en el desarrollo conocido como autismo. En general se lo asocia con niños/as que no se comunican con su entorno pero no todos los casos son así, muchos niños/as autistas pueden interactuar con los demás y tener vidas felices. Aquí te contamos qué es el autismo y cómo puedes detectarlo.
Acostumbrados a las típicas escenas de las películas en las cuales aparecen niños o niñas autistas que juegan aislados y solos, sin emitir ni una palabra (sin hablar), como viviendo en su propio mundo, muchas personas desconocen que, en realidad, el autismo puede presentarse de diferentes maneras. ¿En qué mundo está tu niño/a? ¿Está siempre aislado/a y no habla con nadie o es revoltoso/a, tiene problemas de conducta recurrentes y parece que no te hace caso? Ambas situaciones pueden ser signo de un mismo trastorno, llamado autismo.
El autismo es un trastorno del desarrollo que aparece en los primeros 3 años de la vida y afecta el desarrollo cerebral normal en el área de las habilidades sociales y de la comunicación, y puede ser difícil de detectar. En general los padres son los primeros en notar que algo no funciona como debería. Y si bien en la mayoría de los casos son ellos quienes buscan ayuda profesional cuando el niño o la niña tiene alrededor de dos años, a veces el autismo se detecta sólo cuando el niño entra al colegio, debido a problemas recurrentes de conducta y comunicación.
Los síntomas del autismo se pueden manifestar no sólo de diferentes formas, sino en diferentes intensidades, y a veces, el desarrollo de un niño con autismo puede parecer normal al principio, en los primeros 18 a 24 meses de edad y luego puede sufrir un retroceso. O sea, pierde las habilidades sociales y del habla que había adquirido. Al crecer, es posible que algunos niños/as autistas no aprendan a hablar pero otros sí lo hacen y hasta podrán trabajar y comunicarse sin mayores inconvenientes, siempre que cuenten con el apoyo necesario.
¿Te preguntas cómo puedes detectar si tu niño o niña podría tener este problema? Ten en cuenta que los niños con autismo se caracterizan porque su comportamiento suele ser inapropiado: tienen dificultad cuando juegan con otros, en las relaciones con los demás y en la forma en que se comunican, ya sea a través del habla o por señas.
Algunas de las señales que pueden indicarte la existencia de un problema de autismo son:
• Prefiere estar solo/a y le resulta difícil jugar y estar con otros niños.
• No sonríe cuando alguien le sonríe y se ríe o sonríe en momentos y/o situaciones inapropiadas.
• Tiene dificultad para interpretar lo que los demás están pensando o sintiendo, no responde adecuadamente al tono de voz o a las expresiones faciales y no observa las caras de las otras personas.
• Tiene poco contacto visual, o no lo tiene. Parece estar en su propio mundo y se desconecta de los demás. Actúa como si fuera sordo o sorda o parece que algunas veces escucha pero otras no.
• Tiene dificultad para expresar sus necesidades, emplea gestos o señala los objetos en vez de usar palabras.
• Repite palabras o frases pero sin que tengan un significado (esto se conoce como ecolalia).
• No responde a su nombre y se refiere a sí mismo por el nombre en lugar de “yo” o “mí” o no se refiere a sí mismo correctamente (por ejemplo, dice “usted quiere agua” en vez de decir “yo quiero agua”).
• Quiere hacer todo de la misma manera, se resiste a los cambios en la rutina y tiene sus propios itinerarios (por ejemplo, siempre tiene que ponerse las medias antes que los pantalones).
• Tiene patrones de movimiento raros. Por ejemplo, hace movimientos repetitivos como mecerse y dar vuelta, tiene conductas auto-abusivas como morderse o golpearse la cabeza, camina en las puntas de los pies, frota las superficies o se lleva objetos a la boca y los lame.
• No sabe cómo entretenerse con los juguetes y/o juega a juegos raros sin parar. Pasa mucho tiempo alineando las cosas o poniéndolas en cierto orden. Hace girar los objetos y/o muestra un apego inapropiado por determinados objetos.
• No muestra ningún temor real a los peligros y puede no ser sensible o ser demasiado sensible al dolor. Asimismo, no se sobresalta ante los ruidos fuertes o, por el contrario, los ruidos normales le pueden parecer dolorosos y se lleva las manos a los oídos.
• Tiene rabietas intensas y muestra angustia sin ninguna razón aparente.
• Es muy independiente para su edad y hace cosas antes de lo esperado, comparado con niños de su edad.
•Tiene un período de atención breve e intereses muy restringidos.
• Es hiperactivo/a o demasiado pasivo/a
Aunque no hay cura para el autismo, en muchos casos los síntomas mejoran con el tratamiento y con la edad; y como ocurre en otras circunstancias, cuando antes se detecte el autismo y se comience el tratamiento, mejores serán los resultados.
Recuerda que con el apoyo apropiado, la gente con autismo puede tener una vida activa en sus comunidades. Por eso, no te desanimes: asesórate, infórmate, busca información profesional y aprende cómo ayudar a tu hijo/a a descubrir que el mundo es un lugar interesante.
Tomado de Vida y Salud

viernes, 14 de enero de 2011

Los niños y la timidez: ¿cuándo hay que preocuparse?



Ser tímido o extrovertido son rasgos de la personalidad y formas de ser. Hay niños/as a quienes les cuesta un poco más relacionarse con los demás y tener amigos/as. Pero esto no necesariamente significa que es un problema. Aquí te cuento cuándo la timidez es un asunto para preocuparse y cuándo no. Sigue leyendo para que tengas una mejor idea sobre la timidez en los niños.

Alicia está preocupada porque su hija de 4 años es tímida. Según ella, le cuesta socializar con otros niños y tarda tiempo en entrar en confianza para jugar y sentirse cómoda. Incluso, Alicia dice que su hija es tímida con los adultos y que siempre que se le acercan a hacerle un mimo, su hijita corre a esconderse detrás de ella. Muchos padres y madres, como Alicia, piensan que la timidez en los niños es un problema. Pero eso depende. Ser tímido e introvertido es tan normal como ser extrovertido. Son simplemente, maneras de ser diferentes.

Por eso, si te preocupa que tu hijo/a sea introvertido/a, es importante conocer la respuesta a la pregunta ¿cuánta timidez es normal en un niño? De esa manera no tomarás decisiones apresuradas ni te preocuparás más de la cuenta.

La timidez es normal en tu hijo/a si:

Se mantiene callado/a y tímido/a cuando está con personas que no conoce y al enfrentar situaciones nuevas. Sin embargo, luego de un tiempo, se relaja y puede estar cómodo con estas personas y/o en estas situaciones.
Tiene amigos, aunque sean pocos.
No le gusta ser el centro de atención o interactuar con gente en grupos grandes, pero lo puede hacer perfectamente en grupos pequeños de personas.

Por lo general, los niños/as que son tímidos en los niveles normales, no van a tener problemas para relacionarse con otros en su adultez. Además, puede ser que su temperamento reservado se deba a que alguno de los padres es tímido o introvertido. Como dije antes, es una manera de ser, y no necesariamente un comportamiento anormal. Sin embargo, es indispensable aclarar que la timidez en los niños sí puede convertirse en un problema en el caso de que:

Interfiera con la habilidad de tu hijo/a para hacer amigos y para desenvolverse en la escuela. Por ejemplo: que no quiera ir a la escuela y tenga problemas para relacionarse con los profesores o maestros.

Produzca ansiedad y miedo. Muchos niños que se encuentran en situaciones nuevas pueden tener ataques de ansiedad o pueden inmovilizarse por el miedo.

Haga que tu hijo/a esté muy solo/a y tenga baja autoestima.

Si la timidez de tu hijo/a está interfiriendo en sus actividades cotidianas, puede ser que se trate de una fobia social o un desorden de ansiedad. En este caso, lo mejor es llevar al niño o a la niña a una evaluación con el pediatra o con un psicólogo infantil para ver qué tratamiento o medidas se pueden tomar al respecto.

Recuerda que el apoyo de los padres es fundamental cuando se trata de la timidez infantil. Tú puedes brindarle seguridad a tu hijo/a si lo preparas para las situaciones sociales en las que piensas que se va a sentir incómodo/a, hablándole de las personas que estarán ahí, diciéndole que no hay nada que temer, y asegurándote de ir con él o ella o de que haya alguna persona de su confianza en el lugar.

También puedes motivarlo a interactuar en pequeños grupos, puedes invitar a otros niños a jugar a casa, llevarlo al parque y decirle que comparta con otros niños. Poco a poco, verás que se siente cómodo/a y que puede establecer relaciones con los demás sin tener miedo.

Anímalo/a cuando hace algo que está fuera de su rutina; recuérdale que los demás son como él y que tener amigos e interactuar es divertido.

La timidez no es mala si no interfiere en su desarrollo, es otra forma de ser. Ser excesivamente extrovertido y ‘socialmente agresivo’ tampoco es lo deseable si es que esto interfiere en su vida normal. Por eso, lo mejor es que haya un equilibrio.

Ayuda a tu hijo/a, apóyalo/a y, si crees que su timidez no es normal, no dudes en consultar con un especialista. Pero dale tiempo y ten paciencia. Los niños están descubriendo el mundo y descubriendo su lugar en él.
Tomado de Salud y Vida