DESPACHOS A TODO EL PAÍS

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viernes, 10 de agosto de 2012

¿A dieta? 9 consejos para superar las tentaciones

Ya sea por razones estéticas o por alguna condición de salud — como cuando el médico te dice que elijas alimentos bajos en grasas o que no le agregues sal a las comidas — cualquier persona que se preocupe por seguir una alimentación saludable deberá superar la tentación de comer algunos alimentos y platillos que se le apetecen. Esta puede ser una tarea difícil, por eso aquí te damos algunas recomendaciones para no dejarte llevar por los antojos.

¡Qué gran paradoja! Esos mismos alimentos que te parecen tan deliciosos suelen ser, justamente, los primeros que tienes que eliminar cuando estás a dieta (para bajar de peso o por otras razones de salud). Incluso, hasta se vuelven más sabrosos y codiciados ni bien te enteras que deberás evitar comerlos, ¿no es así?

Ahora bien, ¿qué tal si te dijera que lo exquisito de ese manjar que se está derritiendo imaginariamente entre tus dientes es cultural o parte de tus costumbres? Algunos estudios demuestran que, en general, se desea lo que se está acostumbrado a comer. Por ejemplo, si reemplazas las hamburguesas de carne por el mismo producto elaborado con soja, es posible que luego de un tiempo las primeras ya no te resulten tan atractivas y dejes de desearlas con tanta intensidad. Incluso, después de un tiempo, hasta puede que no te caigan bien o te sientas pesado(a) luego de comerlas.

De todos modos, es cierto que superar la tentación puede resultar una tarea muy difícil de superar, que tiene que ver no sólo con tus hábitos sino también con tu estado de ánimo y el contexto que te rodea. Hasta puede parecerte imposible evitar la tentación si participas en reuniones y fiestas constantemente o si tienes muchas preocupaciones en el trabajo o estás ansioso(a) por algún motivo personal.

En síntesis: a la hora de comer y armar el menú del día, son muchos los factores que entran en juego. Por eso, como tu preocupación es llevar una dieta saludable y poder cumplir con tu objetivo sin caer en la tentación, a continuación encontrarás varias recomendaciones que pueden ayudarte a quitar de tu mente esos deseos incontrolables de comer lo que no debes:
  • Claro como el agua: cada vez que tengas la tentación, bebe uno o dos vasos de agua. Eso hará que te sientas satisfecho(a) y aliviará tus deseos. Si el agua no es suficiente, prueba acompañarla comiendo una onza o 30 gramos de frutos secos (seis nueces, 12 almendras o 20 maníes o cacahuetes).
  • ¡Libérate!: elimina de tu alacena o refrigerador (hielera) esos productos que no debes comer, así te será más fácil evitarlos. Si de todos modos los compras y comienzas a sentirte culpable mientras los estás comiendo, ¡destrúyelos, bótalos a la basura, rómpelos, sumérgelos en agua o haz lo que sea que te haga sentir mejor!
  • Imagina: es posible que la tentación desaparezca si te imaginas comiendo eso que tanto deseas cuando en realidad lo que está en tu boca es algo saludable. Otra opción es pensar en paisajes y hasta en diferentes aromas para desviar tu mente hacia otras sensaciones.
  • Muévete: antes de ir hacia la alacena o al refrigerador en busca de eso que tanto se te apetece, sal a correr o a caminar, ponte a saltar, sube y baja las escaleras del edificio o haz algún tipo de ejercicio. De paso, puede que bajes de peso más rápido.
  • Distráete: si saltar solo(a) en el baño de la oficina no da resultado, busca algún modo de distraer tu mente. Por ejemplo, puedes llamar a algún amigo, escuchar música o ir a hacer alguna diligencia.
  • Relájate: el estrés y las tensiones pueden atentar contra tu buena voluntad y hacerte caer en la tentación. Aprende a controlar tus nervios (puedes ayudarte con técnicas de relajación, respiración, meditación o visualizaciones, por ejemplo)
  • Descansa: la fatiga y el cansancio también pueden hacer que quieras comer más. Trata de dormir bien por las noches y, si puedes, no está de más que tomes una breve siesta para recuperar energías.
  • Cambia: a veces puede ser útil que modifiques tus rutinas. Por ejemplo, si estás acostumbrado(a) a pasar frente a una panadería que vende delicias irresistibles, elige otro camino y evita pasar por allí. ¿Otros cambios? En vez de comer una barra de caramelo o alguna golosina puedes tomar sorbos de café con leche descremada o lavarte los dientes y hacer gárgaras, para cambiar el gusto de tu boca y hacer que la tentación desaparezca.
  • ¡Date el gusto! Evitar siempre los alimentos que tanto deseas puede arruinar tu dieta, cuando ya no aguantes más la tentación. Una o dos veces por mes, permítete comer eso que tanto te agrada, pero trata de tomar una porción pequeña.
Lo importante no es que dejes de comer todo lo que te gusta ni que te reprimas ante cada bocado que quieras llevare a la boca. Por el contrario, la idea es que aprendas a distinguir entre los alimentos que son más o menos saludables y cuáles son los más apropiados para ti.

¡Anímate! La motivación y tu forma de pensar en la comida, los alimentos y en la dieta son muy importantes para el éxito. Si dejas de pensar en ciertos alimentos como algo prohibido y cambias tu forma de como te alimentas en general ampliando tu menú, verás que hasta puede convertirse en un proceso divertido de descubrimientos, de nuevos aromas, sabores y ¿por qué no? hasta de reacciones de familiares y de amigos a los que quieras sorprender con un menú saludable e igualmente exquisito. ¿Qué crees que dirán cuando en vez de pizzas o barbacoa les sirvas atún con salsa de aguacate y kiwi, bebida de moca o pudín de almendras con frutas? Haz la prueba y luego nos cuentas.

Tomado de Vida y Salud

miércoles, 1 de agosto de 2012

¿De qué forma nos enferma el estrés?


El estrés es la plaga del mundo moderno y no es extraño que así sea si consideramos que casi todo en la vida cotidiana contribuye a crearlo o a aumentarlo: los problemas laborales o familiares, las preocupaciones económicas y la falta de tiempo, son sólo algunos ejemplos. Y si bien no se trata de una enfermedad en sí misma, sí es un factor de riesgo de casi todas las condiciones de salud. ¿Cuál es el mecanismo que hace que el estrés crónico afecte tanto? Busca la respuesta aquí.

Con el ritmo acelerado que caracteriza a las sociedades de hoy, el estrés se ha convertido en parte inseparable de la vida diaria. De esta forma, muchas condiciones pueden ser provocadas por este factor que, si bien no es una enfermedad en sí misma, puede causar problemas de salud concretos y reales, cuando se prolonga a través del tiempo y no se toman medidas para contrarrestarlo o eliminar sus causas.

Lo que sigue siendo un misterio es cómo las preocupaciones del día a día hacen que la salud se vea afectada. Una posibilidad es que las personas bajo estrés crónico (las que están al cuidado de un enfermo, tienen un trabajo exigente o problemas familiares importantes por citar algunos ejemplos), tengan costumbres menos sanas: que fumen, consuman alcohol, no duerman lo suficiente o se alimenten indebidamente. Otra alternativa es que las hormonas del cuerpo que responden al estrés tengan algo que ver en la aparición de enfermedades.

Eso es lo que se ha creído durante las últimas décadas. Ahora, investigaciones recientes parecen acercarse a una respuesta nueva que involucra al sistema inmunológico (de defensas), que es el que ayuda a que te defiendas contra los virus y las bacterias y su relación con el proceso inflamatorio. Debes tener en cuenta que la inflamación cumple una función positiva cuando el sistema de defensa la crea temporalmente para ayudar al cuerpo a sanar, como en el caso de la inflamación y el enrojecimiento que surge alrededor de una herida, por ejemplo. Pero cuando la inflamación se prolonga más allá de lo necesario, o se produce sin que el cuerpo la requiera para sanarse, puede crear toda una serie de trastornos y hasta convertirse en una condición crónica en la que el sistema de defensas ataca al propio organismo (como en el caso de la alergia o el asma).

La relación del estrés, la inflamación y las condiciones de salud ha sido el motivo de varios estudios recientes. Uno de ellos se publicó a principios de año en el medio especializado Proceedings of the National Academy of Sciences. Fue desarrollado por unos investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles, que llevaron un registro diario sobre las actividades de 122 adultos jóvenes (53 hombres y 69 mujeres) durante ocho días, enfocándose en sus relaciones con los demás y si éstas relaciones eran positivas o negativas. Además, los participantes tuvieron que hacerse pruebas de estrés y se les tomaron muestras de saliva antes y después de las pruebas, para medir los marcadores biológicos de la inflamación.

Si deseas leer todo el artículo, pincha aquí

lunes, 30 de julio de 2012

¿De qué forma nos enferma el estrés?



El estrés es la plaga del mundo moderno y no es extraño que así sea si consideramos que casi todo en la vida cotidiana contribuye a crearlo o a aumentarlo: los problemas laborales o familiares, las preocupaciones económicas y la falta de tiempo, son sólo algunos ejemplos. Y si bien no se trata de una enfermedad en sí misma, sí es un factor de riesgo de casi todas las condiciones de salud. ¿Cuál es el mecanismo que hace que el estrés crónico afecte tanto? Busca la respuesta aquí.

Con el ritmo acelerado que caracteriza a las sociedades de hoy, el estrés se ha convertido en parte inseparable de la vida diaria. De esta forma, muchas condiciones pueden ser provocadas por este factor que, si bien no es una enfermedad en sí misma, puede causar problemas de salud concretos y reales, cuando se prolonga a través del tiempo y no se toman medidas para contrarrestarlo o eliminar sus causas.

Lo que sigue siendo un misterio es cómo las preocupaciones del día a día hacen que la salud se vea afectada. Una posibilidad es que las personas bajo estrés crónico (las que están al cuidado de un enfermo, tienen un trabajo exigente o problemas familiares importantes por citar algunos ejemplos), tengan costumbres menos sanas: que fumen, consuman alcohol, no duerman lo suficiente o se alimenten indebidamente. Otra alternativa es que las hormonas del cuerpo que responden al estrés tengan algo que ver en la aparición de enfermedades.

Eso es lo que se ha creído durante las últimas décadas. Ahora, investigaciones recientes parecen acercarse a una respuesta nueva que involucra al sistema inmunológico (de defensas), que es el que ayuda a que te defiendas contra los virus y las bacterias y su relación con el proceso inflamatorio. Debes tener en cuenta que la inflamación cumple una función positiva cuando el sistema de defensa la crea temporalmente para ayudar al cuerpo a sanar, como en el caso de la inflamación y el enrojecimiento que surge alrededor de una herida, por ejemplo. Pero cuando la inflamación se prolonga más allá de lo necesario, o se produce sin que el cuerpo la requiera para sanarse, puede crear toda una serie de trastornos y hasta convertirse en una condición crónica en la que el sistema de defensas ataca al propio organismo (como en el caso de la alergia o el asma).

La relación del estrés, la inflamación y las condiciones de salud ha sido el motivo de varios estudios recientes. Uno de ellos se publicó a principios de año en el medio especializado Proceedings of the National Academy of Sciences. Fue desarrollado por unos investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles, que llevaron un registro diario sobre las actividades de 122 adultos jóvenes (53 hombres y 69 mujeres) durante ocho días, enfocándose en sus relaciones con los demás y si éstas relaciones eran positivas o negativas. Además, los participantes tuvieron que hacerse pruebas de estrés y se les tomaron muestras de saliva antes y después de las pruebas, para medir los marcadores biológicos de la inflamación.

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sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Timidez o fobia social?


Si tu hijo adolescente se aísla y no quiere salir con amigos de su edad, es posible que sea algo más que timidez. Si bien la fobia social se da en pocos casos, cuando se presenta puede generar problemas sociales y de aprendizaje. En este artículo te contamos cómo detectar esta enfermedad y qué la diferencia de la típica vergüenza que muchos pueden sentir.

¿Has escuchado hablar de la fobia social? Cuando lo que parece timidez se vuelve tan excesivo que hace que la persona evite ciertas situaciones y la interacción con los demás, puede tratarse de algo más. Es difícil reconocer cuando tu hijo o hija tiene un problema, y hay versiones que afirman que no creen que la fobia social sea realmente un problema, sino más bien timidez que debe ser superada por uno mismo o que es sólo una excusa para vender más medicamentos.

Sin embargo, esto no es así. La fobia social es una condición que puede causar complicaciones en la vida social y en el desarrollo normal de los niños y los adolescentes, aunque también puede afectar a los adultos e puede impedirles llevar una vida normal.

En busca de más información sobre esta enfermedad psiquiátrica, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos examinó las tasas de timidez y de fobia social entre más de 10 mil adolescentes entre los 13 y los 18 años de edad, que participaron en una encuesta nacional.

La mitad de ellos afirmó ser tímido, y de esa mitad, sólo el 12 por ciento había tenido los síntomas de la fobia social en algún momento de su vida. Lo interesante de este estudio es que entre quienes dijeron no ser tímidos, alrededor del cinco por ciento mostró signos de ansiedad social, lo que demuestra que esta enfermedad puede no estar asociada con la timidez, aunque por sus síntomas muchas veces se las vincule.

¿Cuáles son los síntomas de la fobia social? Tal como te hemos contado en otro artículo de Vida y Salud, las principales señales de esta enfermedad son:
  • Tener un miedo constante y excesivo de ser observado y juzgado por los demás.
  • Sentir timidez e incomodidad al sentirse observado durante una charla, en un baile o en otra situación en la que se participe.
  • Sentir una incomodidad o temor tan grande en situaciones sociales que éstas pueden llegar a provocar dolor de estómago, palpitaciones, mareo y deseos de llorar.
  • Tener miedo de hablarle a otras personas, como a compañeros de clase o de trabajo.
  • Tener palpitaciones, náuseas, sudor y sentimientos de vergüenza y humillación desencadenadas por situaciones sociales.
Todos estos síntomas y estas sensaciones son reales y en verdad pueden hacer que la persona se sienta muy mal. Por eso es importante no confundirlo con una simple timidez como la que tiene muchas personas, y muchos adolescentes y que es fácil de vencer y de superar.

Si bien se trata de una minoría, algunos adolescentes (también niños y adultos), tienen este problema y no pueden resolverlo por sí mismos. Lo peor de todo es que la fobia social puede interferir con el aprendizaje y con su normal desarrollo, e incrementa las posibilidades de que estos jóvenes recurran al alcohol o a las drogas en busca de algo que los haga sentir más seguros ante esas situaciones que para ellos son tan estresantes.

Lo bueno de todo esto es que, una vez detectada, la fobia social puede tratarse y quienes la sufren pueden volver a tener una buena vida social y a divertirse como cualquier adolescente. Para ello existen distintos tratamientos que pueden incluir terapias psicológicas, medicamentos y técnicas de relajación, entre otras alternativas.

El apoyo de los padres y las personas cercanas es fundamental para salir adelante. Si notas que tu niño tiene una timidez exagerada, fuera de lo común que lo hace reaccionar de manera extrema ante situaciones que no deberían serlo, es importante que pidas ayuda y lo acompañes con un profesional calificado para que se descarte fobia social y para que encuentre una solución que le permita disfrutar una de las etapas más gratificantes de la vida.

Tomado de Vida y Salud

martes, 17 de mayo de 2011

Estrategias para controlar el dolor del parto


¡Se acerca el gran momento! Estás feliz porque tu bebé está por nacer pero te asusta pensar cómo será el parto, si podrás sobrevivir los dolores o si te dará un ataque de nervios en medio del proceso. Tranquila, es normal que estés ansiosa y te hagas tantas preguntas. Aquí te contamos algunas recomendaciones para enfrentar el parto y superar los dolores que lo acompañan.
Si bien los dolores y las sensaciones durante el parto son distintos en cada mujer e incluso con cada hijo, es posible que te prepares ante las diferentes situaciones que pueden presentarse en ese momento tan particular y tan esperado con emociones de alegría y ansiedad.
Si ya estás en la fase final de tu embarazo y falta poco para el parto, posiblemente ya hayas definido con tu médico si será parto vaginal o mediante cesárea. Si has optado por la primera alternativa, ten en cuenta que existen distintas condiciones médicas que a veces obligan a hacer una cesárea de último momento. En ese caso, lo decidirá el o la especialista que te esté asistiendo en el parto, si lo considera necesario.
Cuando llegue el momento, comenzarás a sentir las tan nombradas contracciones, primero de manera pausada y luego con más frecuencia e intensidad. Cuanto tus contracciones se produzcan cada cinco minutos, entonces será el momento de iniciar el alumbramiento. En ese momento, sentirás dolor. Muchas mujeres les temen a estos dolores, pero para tu tranquilidad, ten en cuenta que existen distintas alternativas que te permiten aliviar estos síntomas y enfrentar mejor el momento del parto. Además, piensa que el dolor del parto es un dolor benigno, por decirlo de alguna manera, porque es tu cuerpo que se abre para darle paso a la nueva vida que te acompañó durante 9 meses. También recuerda que es un dolor que pasará y que probablemente pasará a un segundo plano cuando tengas a tu bebé en tus manos.
Algunas formas de controlar los dolores del parto  incluyen medicinas y otras no.
En general, las medicinas más utilizadas son:
  • Analgésicos: actúan de manera sistémica, es decir que afectan a todo el cuerpo, y pueden provocar efectos secundarios en la madre, como somnolencia y náuseas. Esta medicación también puede llegar al bebé, sus efectos dependerán de la cantidad utilizada y de lo cerca del nacimiento que se haya administrado.
  • Tranquilizantes: no alivian el dolor pero te ayudarán a calmarte y a relajarte si estás muy ansiosa. Pueden tener efectos significativos sobre la madre y el bebé, algunas mujeres experimentan una pérdida del control que les resulta desconcertante mientras que a otras les cuesta recordar los detalles del parto.
  • Anestesia local: es la opción que elige la mayoría. Elimina la sensibilidad en zonas específicas del cuerpo y se puede utilizar tanto en el parto vaginal como en el parto por cesárea. Una de las más empleadas es la llamada epidural,que proporciona un alivio continuo del dolor del ombligo para abajo, incluyendo las paredes vaginales, durante todo el proceso del parto. Puede dificultar los pujos para expulsar el bebé y provocar una disminución de la tensión arterial, pero los riesgos para el bebé son mínimos.
Algunas mujeres prefieren no utilizar medicinas y recurren a otros métodos alternativos. En este caso, si optas por esto, ten en cuenta que los dolores pueden hacerte cambiar de opinión en medio del parto. Si es así, no te avergüences ni te sientas mal por ello.
Para evitar las medicinas durante el parto, debes comenzar a prepararte durante el embarazo e incluso antes de quedar embarazada, practicando ejercicio físico de manera regular (a menos que tu médico recomiende que lo evites), para fortalecer la musculatura, incrementar la resistencia y preparar tu cuerpo para el esfuerzo del parto. ¡Ten cuidado de no excederte, recuerda que estás embarazada!
Si vas a clases de preparación para el parto, además, seguramente te enseñarán diferentes técnicas para controlar el dolor. Las dos filosofías de preparación para el parto que más se siguen en los Estados Unidos son: la técnica Lamaze y el método Bradley o “parto asistido por el padre”.
La técnica Lamaze postula que el parto es un proceso normal, natural y saludable y adopta una postura neutral en lo que se refiere a la medicación para controlar el dolor, utiliza técnicas de relajación, respiración profunda, distracción o  masajes del acompañante.
El método Bradley, en cambio enfatiza el enfoque natural del parto y la participación activa del padre del bebé como ayudante, e intenta evitar la medicación a menos que sea absolutamente necesaria: hace hincapié en la alimentación sana y balanceada, la práctica del ejercicio físico durante el embarazo y las técnicas de relajación y respiración profunda como formas de hacerle frente al parto.
Otras formas de controlar los dolores del parto incluyen:
  • yoga y/o meditación
  • caminar
  • masaje o contrapresión
  • cambio de postura
  • darse un baño o una ducha con agua tibia
  • distraerse contando o realizando una actividad que mantenga la mente ocupada en otra cosa
En cualquier caso, el aprender técnicas de respiración puede ayudarte no sólo a soportar los dolores sino también a calmar tu ansiedad y nerviosismo en ese momento. Recuerda que es importante consultar y definir antes del parto, con él o la profesional que te atienda, no sólo qué tipo de parto será, si vaginal o por cesárea, sino también si te medicarás para aliviar los dolores o utilizarás un método natural (obviamente que debes de saber que tienes la opción de cambiar de opinión si así lo deseas en el momento del parto). También debes consultar con él o la especialista todas las dudas y temores que tengas, para que pueda estar tranquila.
Por último, algunos consejos para los papás, que también suelen ponerse nerviosos. En algunos casos les permiten participar en el parto y hasta cortar el cordón umbilical, algo que puede ser bastante difícil o impresionante para algunos, pero recuerden que el cordón no le genera dolor ni al bebé ni a la mamá.
A muchos hombres les hace mal ver sufrir a su mujer. En ese caso, deben tener en cuenta que no hay nada que puedan hacer contra ello más que acompañarla en este momento tan especial para los dos y asistirla en todo lo que tenga que ver con los preparativos del parto, las cosas que deban llevar al hospital y avisar y/o atender a los parientes y amigos que seguramente están llamando para ver cómo va todo, para que la mujer pueda dedicarse exclusivamente al alumbramiento.
Y por sobre todas las cosas, disfruten el nacimiento del nuevo miembro de la familia. Más allá de las molestias y los dolores, será sin duda uno de los momentos más importantes de la vida.
Mantén la calma, piensa que el dolor del parto es un “proceso” normal y que todas las mujeres que han dado a luz, han pasado por esto. ¡No estás sola y tu cuerpo puede hacerlo! Para eso está diseñado. Y, que si necesitas, en el siglo XXI hay ayuda para que el proceso te sea más fácil sin poner en peligro a tu bebé.
Tomado de Vida y Salud

lunes, 11 de abril de 2011

Recomendaciones para combatir el bruxismo (apretar los dientes)


El bruxismo se refiere a apretar o rechinar los dientes de manera involuntaria. En esta sección ya hemos hablado acerca de esto, pero en esta oportunidad te damos algunas recomendaciones para que no aprietes los dientes. ¡No te las pierdas!
¿Bruxismo? Si estás en este momento apretando los dientes y no te habías dado cuenta, sufres de esta condición. Inconscientemente, y debido a la tensión acumulada en las mandíbulas, muchas personas aprietan o rechinan sus dientes, incluso durante la noche. En ocasiones, el bruxismo puede ser leve y no necesita tratamiento. Pero si es severo, o si se presenta con mucha frecuencia es perjudicial para tu salud porque te puede causar problemas en la mandíbula, dolores de cabeza, y por supuesto, puede dañar y desgastar tus dientes.Si sufres de bruxismo, tal vez tu dentista se dará cuenta por el estado de tus dientes o porque le cuentes los síntomas que te causa. Hay ciertas medidas que puedes tomar para prevenir apretar o rechinar los dientes, que tienen que ver con sus causas.
Por ejemplo, si el estrés es lo que te causa que aprietes tus dientes y los hagas rechinar, entonces debes buscar maneras de relajarte y sobrellevarlo. Puedes preguntarle a tu médico sobre técnicas de relajación para deshacerte del estrés, como hacer ejercicio, ir a terapia, practicar yoga o meditación y en ocasiones, hasta tomar medicamentos para relajar tus músculos.  Si aprietas tus dientes durante la noche sin darte cuenta, tu dentista probablemente te indicará que uses una barrera protectora o férula (que se puede hacer a la medida) para cuidar tus dientes. Estas barreras cubren los dientes en su totalidad, y se parecen a aquellas que usan los deportistas para proteger su dentadura de daños causados por el contacto o los golpes.
Pero además de todo esto, existen algunas formas de evitar que aprietes tus dientes y les causes daños a largo plazo. Estos consejos te pueden ayudar:
  • Evita abusar del alcohol, ya que el bruxismo tiende a intensificarse cuando lo consumes.
  • No muerdas lapiceros, lápices ni nada que no sea comida. Tampoco comas chicle o goma de mascar todo el tiempo, porque de esa forma estás acostumbrando a tus mandíbulas y a tus dientes a que tienen que estar mascando con frecuencia.
  • Evita el consumo de alimentos y bebidas que contienen cafeína, ya que pueden estimular a tus músculos porque producen adrenalina. Algunos ejemplos de estos alimentos incluyen: el chocolate, el café y las sodas.
  • Procura tomar consciencia de cuándo estás apretando los dientes. Cuando te des cuenta de que lo estás haciendo, relaja la mandíbula y pon tu lengua entre tus dientes delanteros para relajar los músculos.
  • Si tu bruxismo se presenta durante la noche, practica técnicas de relajación antes de irte a dormir. Puedes tomar un baño caliente, respirar y masajearte suavemente las mandíbulas (justo donde se unen, cerca del oído) con un paño mojado con agua tibia.
Si sigues estos consejos, tal vez puedas darle una mano al cuidado de tus dientes. Es bueno recordar que el bruxismo en la mayoría de los adultos tiene orígenes o causas psicológicas. El estrés, la ansiedad, tu nivel de agresividad, tu hiperactividad o si eres muy competitivo, influyen en que tus mandíbulas y otras partes de tu cuerpo se pongan tensas.
En los niños, el bruxismo se da cuando están desarrollando la mandíbula y les están saliendo los dientes. Pero por lo general, en ellos esta condición es pasajera y desaparece durante la adolescencia.
Habla con tu odontólogo (dentista) para que sepas si estás apretando los dientes inconscientemente. Entre los dos pueden buscar soluciones que te ayuden a cuidar y preservar tu dentadura y a evitar su desgaste. ¡Dile no al estrés y despídete del bruxismo!
Tomado de Vida y Salud