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lunes, 21 de mayo de 2012
El alcohol y la salud cardiaca
domingo, 13 de noviembre de 2011
Malos hábitos que perjudican a los adolescentes
martes, 25 de octubre de 2011
Neuronas espejo: células cerebrales con empatía
viernes, 11 de febrero de 2011
Las niñas que sufren de abuso sexual podrían tener problemas con el alcohol en la adultez

A veces, los problemas que tenemos cuando somos niños pueden tener consecuencias por toda la vida. Así, por ejemplo, un estudio reciente demostró que las niñas que sufren de abuso sexual podrían tener problemas de alcoholismo en la adultez. Aquí te contamos cómo detectar un posible abuso infantil y qué debes hacer si descubres que tu hija ha sido víctima de abuso sexual.
El abuso infantil o abuso sexual a menores no es cosa de niños ni debe ser tomado a la ligera. Por el contrario, puede afectar mucho al desarrollo del niño o la niña, tanto en su infancia como al crecer y ser adultos.
Un niño es abusado cuando se le obliga o se le convence a realizar actividades sexuales, que incluyen desde caricias hasta sexo oral y el mismo acto sexual. Estos abusos pueden darse entre un niño o una niña y un adulto o con otros niños mayores, y no siempre implica contacto físico, pueden ser exhibir sus órganos sexuales o utilizarlos para pornografía.
Esto puede afectar al niño/a abusado/a de varias maneras, generando daños físicos y psicológicos. Estos últimos, muchas veces, continúan en la adultez y se manifiestan de diferentes formas.
Al respecto, investigaciones recientes relacionan el abuso infantil con el alcoholismo en las mujeres adultas, e incluso se detectó cierta tendencia a desarrollar diabetes, también por parte de mujeres adultas que fueron víctimas del abuso sexual cuando eran niñas.
Uno de los estudios a cargo de E. Anne Lown, científica del Grupo de Investigación sobre el Alcohol de Emeryville, California, encontró que las mujeres que informaron haber sido abusadas sexualmente en la niñez eran más propensas a consumir cuatro o más bebidas alcohólicas al día, tener dependencia al alcohol y beber de una forma que podría presentar riesgos graves para su salud.
Otro caso es el informe dirigido por Janet Rich-Edwards, directora de epidemiología del desarrollo del Centro Connors para la Salud de la Mujer y la Biología de Género del Hospital Brigham de Boston, según el cual el abuso sexual durante la infancia o la adolescencia podría relacionarse con el desarrollo de diabetes en las mujeres, cuando llegan a ser adultas.
Si bien la autora reconoce que es necesario seguir investigando el tema, detectó que una gran parte de esta asociación se explica por el mayor aumento de peso que se da entre las mujeres que tenían antecedentes de abuso, lo que incrementa el riesgo de desarrollar diabetes.
Una teoría es que las mujeres que fueron víctimas de abuso sexual desarrollan trastornos alimenticios como una forma de expresar el estrés generado por el abuso, mientras que otra teoría sugiere que el abuso infantil puede aumentar los niveles de las hormonas del estrés y esto causa posteriormente el aumento de peso y la resistencia a la insulina (que es lo que genera la diabetes).
Los niños y las niñas que son abusados sexualmente pueden demostrar síntomas similares a la depresión, la ansiedad severa y el nerviosismo. Por ejemplo:
* Problemas al defecar, como ensuciarse o tener incontinencia.
* Trastornos alimenticios, como dejar de comer o comer mal.
* Dolores de cabeza o de estómago recurrentes.
* Dificultad para caminar o para sentarse (por problemas rectales o genitales, como dolor al orinar o al defecar, picazón o secreción vaginal).
* Pesadillas, problemas para dormir y problemas orinándose en la cama.
* Miedos excesivos.
* Disminución en el rendimiento escolar.
* No querer participar en las actividades normales, como por ejemplo: negarse a participar en juegos deportivos o en cambiarse de ropa en el gimnasio.
* Tener conocimientos acerca de la sexualidad que no son comunes para su edad.
* Quedar embaraza o contraer una enfermedad venérea (de transmisión sexual), particularmente si tiene menos de catorce años.
* Escaparse de su casa.
* Decir que fue abusada sexualmente por uno de sus padres o por un cuidador adulto.
Si crees que tu hija fue abusada sexualmente es importante que busques ayuda. Mientras tanto:
* No te asustes ni reacciones exageradamente ante la información.
* Ten cuidado con tus expresiones faciales ya que la niña estará atenta a tu reacción.
* No la critiques ni le eches la culpa con exclamaciones como: “¡Te dije que no entraras en la casa de nadie!”.
* Respeta su privacidad: acompáñala a un lugar privado y cómodo donde pueda contarte lo ocurrido y evita hablar del tema ante personas que no necesitan saber lo que pasó.
* Incentiva a tu hija a que te cuente lo que le pasó. En general, las niñas abusadas temen hablar del tema, en especial con sus padres o cuidadores. Además, el abusador suele amenazarlas y decirles que le pasarán cosas malas si cuentan lo que pasó.
Muéstrale afecto físicamente y exprésale tu amor y confianza con palabras y gestos, diciéndole por ejemplo: “Estoy orgullosa de ti por contarme esto”, “Me alegro de que estés bien” o “Sé que no fue tu culpa”. Por el contrario, evite comentarios como: “¿Por qué no me dijiste esto antes?” o “¿Por qué dejaste que ocurriera?”.
Asegúrale a tu hija que no ha hecho nada malo y que lo que pasó no es su responsabilidad. A la mayoría de las niñas las atraen o las engañan para victimizarlas y ellas creen que deberían haber sido más astutas o más fuertes.
Es importante que la niña sienta que le crees. Es raro que las niñas mientan con respecto a actos de victimización sexual.
Y en todo momento, trata de mantener una comunicación abierta con tu hija, demuéstrale que eres comprensiva y optimista y que pase lo que pase nunca dejarás de quererla y apoyarla.
Juntas podrán enfrentar problemas y situaciones difíciles. No te desanimes y considera la posibilidad de buscar ayuda profesional para que tu hija pueda superar más rápidamente lo acontecido y pueda lograr tener una vida sexual plena y sana en el futuro.
Tomado de Vida y Salud
miércoles, 8 de diciembre de 2010
¿Puedo tomar alcohol durante mi embarazo?

La recomendación sigue siendo que no, aunque un estudio reciente detectó que el consumo ligero de este tipo de bebidas luego del tercer mes de embarazo no daña el desarrollo normal del bebé. Pero esta investigación puede llevar a confusiones. Sigue leyendo para que, si te llegaras a cruzar con este estudio, sepas en detalle lo que dice y así no corras el riesgo de confiarte y terminar por hacerle daño a tu bebé.
El alcohol y el embarazo son como el agua y el aceite. Seguramente sabrás que una de las primeras recomendaciones si estás embarazada, es que te despidas de las copas. Pero, recientemente, muchos medios publicaron una noticia que puede causar interrogantes y hasta confusión en relación al tema de tomar alcohol durante el embarazo: “Las mujeres que toman una o dos bebidas alcohólicas por semana durante el embarazo no dañan el desarrollo del comportamiento o intelectual de sus hijos”.
¿Significa esto que puedes salir a festejar sin preocuparte o que puedes tomar alcohol cada vez que te plazca? ¡Por supuesto que no! Se sigue recomendando evitar el alcohol durante todo el embarazo.
Entonces, ¿de dónde surge la afirmación de que las bebidas alcohólicas (en moderación) durante el embarazo no son tan malas?
Estos datos surgen de un estudio desarrollado por unos científicos británicos, que consideraron una muestra representativa de 11,513 niños británicos que nacieron entre septiembre del 2000 y enero del 2002, cuyas madres fueron consultadas sobre sus hábitos en relación con las bebidas alcohólicas durante el embarazo y sobre la conducta de sus hijos a los 3 años. Además, a los 5 años se midió formalmente el avance conductual e intelectual de los niños.
Las madres fueron clasificadas como abstemias (que no bebieron ninguna bebida alcohólica), bebedoras ligeras (1 o 2 copas por semana), moderadas (entre 3 y 6 copas semanales) y fuertes o compulsivas (7 o más copas de alcohol por semana o seis copas de una vez).
En base a esta clasificación, lo que los investigadores del University College de Londres detectaron es que “hasta los 5 años no hay mayor riesgo de resultados negativos en el desarrollo socio-emocional o cognitivo en los niños nacidos de madres que bebían no más de una o dos unidades de alcohol por semana durante el embarazo”. Es decir, que los hijos de las “bebedoras ligeras” (o que toman alcohol ocasionalmente) no tuvieron problemas a la hora de desarrollarse emocionalmente, de interactuar en la sociedad, ni de comprender el mundo que los rodea.
Pero si bien no se encontraron grandes consecuencias en el desarrollo de los niños nacidos de madres que bebieron con moderación, mi recomendación es que NO consumas alcohol durante el embarazo. ¿La razón? existen muchos más estudios científicos que sí demuestran los efectos que puede tener el consumo de alcohol en exceso durante el embarazo, que tiene efectos dañinos en el feto e incluso, que puede llevar a discapacidad y a problemas médicos permanentes en el niño después del nacimiento.
Si estás tentada, recuerda que el alcohol que tú bebes también lo consume tu bebé, ya que el alcohol viaja a través de la sangre hasta la placenta, que es el órgano que se desarrolla durante el embarazo para proporcionarle los nutrientes al feto.
Y como el alcohol se asimila (descompone) mucho más lentamente en el cuerpo del bebé que en un adulto, el nivel de alcohol en la sangre del bebé permanecerá elevado por más tiempo que en la madre, lo cual es muy peligroso y puede causarle daños de por vida.
¿Cuáles son los daños que puede causar el alcohol en tu bebé? Los efectos o consecuencias se conocen como Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal (TEAF) o Síndrome del Alcoholismo Fetal (SAF) e incluyen problemas físicos, de conducta y de aprendizaje. Por ejemplo: crecimiento deficiente mientras el bebé está en el útero y después de nacer, problemas de succión y del sueño cuando son bebés, disminución del tono muscular y mala coordinación, defectos cardíacos, problemas de audición, de la vista, de los riñones y de los huesos. Características faciales anormales (como un espacio liso entre la nariz y la parte superior del labio), cabeza pequeña, estatura y peso más bajos que el promedio, conducta hiperactiva, dificultad para prestar atención, mala memoria, discapacidades en el aprendizaje y retrasos en el habla y el lenguaje.
La buena noticia es que todo esto se puede prevenir al 100%. Evitando el alcohol durante el embarazo cuidas la salud de tu bebé y la tuya. Una vez que haya nacido, ya habrá tiempo para brindar.
Tomado de Vida y Salud

