DESPACHOS A TODO EL PAÍS

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martes, 3 de mayo de 2011

El ataque de pánico: ¿Le tienes miedo al miedo?


Si tu respuesta es afirmativa, tal vez sufres de un trastorno de ansiedad llamado “trastorno de pánico”. Las personas que sufren de este trastorno por lo general experimentan miedo repentino y repetitivo ante algunas situaciones. A esto se le denomina “ataque de pánico”, el cual se acompaña de síntomas físicos. Sigue leyendo para que te enteres de qué se trata el trastorno de pánico.
Alejandra tiene antecedentes de infarto (ataque al corazón) en su familia. Su abuela y su tía han sufrido de infartos. Ella acaba de cumplir 50 años y siente que está en riesgo de que le falle el corazón. Un día, sintió una pequeña presión en el pecho y de inmediato se encendieron sus alarmas: “¿qué me pasa? ¿por qué siento esta presión? ¿qué tal que me vaya a dar un infarto? ¡no puedo ignorar esta molestia!…tengo miedo, me duele… ¡me voy a morir! ¡llévenme al hospital!” Efectivamente, su esposo la llevó a la sala de emergencias y ahí descubrieron que no se trataba de un ataque al corazón, sino más bien de ansiedad, era un ataque de pánico. La molestia que Alejandra sentía en el pecho se debía a un poco de aire acumulado en sus pulmones.
El trastorno de pánico se manifiesta a través de ataques de pánico, que se caracterizan por tener miedo a cierta situación (a veces o, por lo general, infundada) o a tener miedo a perder el control. Esta sensación de miedo es acompañada por una intensa respuesta física del cuerpo, y en efecto, como en el caso de Alejandra, puedes sentir como si fueras a tener un infarto. Estos ataques pueden ocurrir en cualquier momento, y la persona que los ha sufrido tiene un miedo constante a que vuelvan a ocurrir.
Puede que sólo tengas uno o dos ataques de pánico en tu vida. Pero si has sufrido de varios ataques y siempre temes que aparezcan de nuevo, entonces tienes el trastorno de pánico.
Los síntomas del trastorno de pánico pueden incluir los siguientes:
  • Ataques de miedo repentinos y frecuentes
  • Sentir que vives en una situación que no es real
  • Sentir que todo está fuera de tu control y que estás por morir
  • Preocupación extrema por miedo a que ocurra otro ataque de pánico
  • Evitar ir a lugares o enfrentar situaciones en las cuales se ha presentado un ataque de pánico con anterioridad
Estas sensaciones y comportamientos van por lo general acompañados de manifestaciones o síntomas físicos:
  • Sudoración
  • Aceleración en los latidos del corazón
  • Debilidad, mareo y/o desmayos
  • Escalofríos
  • Dolor en el pecho
  • Entumecimiento (cosquilleo) en las manos
  • Náuseas y/o dolor de estómago
  • Dificultad para respirar
  • Temblores
No se sabe a ciencia cierta cuál es la causa del trastorno del pánico, pero los estudios sugieren que puede estar relacionado con varios factores que incluyen, entre otros: antecedentes familiares, anormalidades en el cerebro, abuso de algunas sustancias (drogas y alcohol) y el estrés en la vida diaria.
Si sospechas que tú o alguien a quien conoces padece del trastorno de pánico, busca atención médica tan pronto como sea posible. Los ataques de pánico son difíciles de manejar y pueden incluso empeorar en frecuencia e intensidad si no recibes tratamiento. Una evaluación por parte del especialista es indispensable, ya que el trastorno de pánico tiene síntomas que pueden confundirse con los de otras enfermedades.
Una vez que se establece el diagnóstico el médico te puede recomendar terapia psicológica y/o medicamentos para tratar el trastorno de pánico que pueden ser muy efectivos.
Alejandra decidió buscar atención médica y ahora se siente mucho mejor. ¡No dudes en hacer lo mismo! No esperes a que el miedo al miedo te inmovilice y afecte tu vida.
Tomado de Vida y Salud

miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Cómo sentirte mejor luego de un desastre natural?

Luego de un desastre natural, no sólo se presentan daños físicos. Los daños emocionales pueden ser graves y es importante que pongas de tu parte para superar este evento. Aquí te damos algunos consejos sobre qué puedes hacer para superar el impacto emocional de un desastre natural.

Terremotos, tsunamis, huracanes, inundaciones, tornados, incendios. Los desastres naturales son una realidad de la que no podemos escapar, pues muchas veces son impredecibles. Este año, dos desastres nos han estremecido a todos: primero, el terremoto en Haití y luego, el terremoto en Chile. Por razones obvias, una tragedia de este tipo causa un impacto muy severo en el lugar en donde sucede: muertes, destrucción, incertidumbre, escasez y miedo.

Más allá de los traumas físicos y de las enfermedades que se pueden presentar a causa de un desastre natural, existen también consecuencias para la salud mental que no se pueden ignorar. Recientemente un paciente chileno me contaba que tenía muchos problemas para dormir por el miedo de que sucediera una réplica del terremoto. Esto es algo normal luego de haber pasado por un impacto tan fuerte. Luego de sobrevivir a un desastre natural, las personas pueden sentirse tristes, ansiosas e indefensas.

Por eso, es común tener problemas para conciliar el sueño y las pesadillas pueden ser recurrentes. También podrías tener problemas para comer o concentrarte en algo que hacías rutinariamente. Tu estado de ánimo podría estar fluctuando y la sensibilidad y la irritabilidad afloran fácilmente. Todas estas reacciones son la respuesta al estrés emocional que causan los desastres naturales y que se conoce como Síndrome de Estrés Postraumático. No es fácil afrontar y entender que en unos pocos minutos, el mundo que conocías, dejó de existir. Literalmente, todo se pone patas arriba y tienes que lidiar con muchas cosas: desde la muerte de tus seres queridos, hasta la recuperación económica.

¿Qué puedes hacer para sentirte mejor luego de un destre natural?

Muchas personas se sienten tristes, pero al tiempo agradecidas de estar vivas. Por eso debes ser paciente y darte tiempo, la recuperación no va a ser de la noche a la mañana. Lo que sucedió no se puede minimizar ni hacer a un lado. Sólo el paso de los días hará que empieces a sanar poco a poco tus heridas emocionales.

Sigue estos consejos que pueden ayudarte, ayudar a tu familia y también, a tu comunidad:

  • Trata, dentro de lo posible, de seguir con tus rutinas.
  • Vigila lo que comes: si es posible come sanamente y no te saltes comidas ni comas demasiado.
  • Mantente activo(a).
  • Ocupa tu tiempo ayudando a las personas en tu comunidad.
  • Acepta la ayuda de los demás y habla de tus sentimientos.
  • Evita, en lo posible, pasar mucho tiempo en el lugar del desastre o viendo reportajes sobre la tragedia en la televisión. Esto sólo revive los recuerdos del episodio y puede causarte ansiedad y miedo.
  • Busca ayuda inmediata si sientes que no eres capaz de cuidarte o de cuidar a tus seres queridos, si eres incapaz de continuar con tu trabajo, si te sientes deprimido(a) o triste por más de dos semanas y si para “aliviar” esto empiezas a recurrir al alcohol o a las drogas. Si tienes pensamientos suicidas, es necesario que busques ayuda urgentemente.

Un desastre natural causa tal impacto, que podrías tardar mucho tiempo en volver a sentirte tranquilo(a). Pero recuerda que debes poner de tu parte y seguir adelante. Busca centros de ayuda psicológica en tu comunidad si la necesitas.

Aunque quizá no lo veas así en este momento, el estar vivo(a) para contar la historia de lo que sucedió, te hace un ser afortunado. Pon de tu parte y ¡sigue adelante!

Tomado de Vida y Salud

viernes, 11 de febrero de 2011

Las niñas que sufren de abuso sexual podrían tener problemas con el alcohol en la adultez



A veces, los problemas que tenemos cuando somos niños pueden tener consecuencias por toda la vida. Así, por ejemplo, un estudio reciente demostró que las niñas que sufren de abuso sexual podrían tener problemas de alcoholismo en la adultez. Aquí te contamos cómo detectar un posible abuso infantil y qué debes hacer si descubres que tu hija ha sido víctima de abuso sexual.

El abuso infantil o abuso sexual a menores no es cosa de niños ni debe ser tomado a la ligera. Por el contrario, puede afectar mucho al desarrollo del niño o la niña, tanto en su infancia como al crecer y ser adultos.

Un niño es abusado cuando se le obliga o se le convence a realizar actividades sexuales, que incluyen desde caricias hasta sexo oral y el mismo acto sexual. Estos abusos pueden darse entre un niño o una niña y un adulto o con otros niños mayores, y no siempre implica contacto físico, pueden ser exhibir sus órganos sexuales o utilizarlos para pornografía.

Esto puede afectar al niño/a abusado/a de varias maneras, generando daños físicos y psicológicos. Estos últimos, muchas veces, continúan en la adultez y se manifiestan de diferentes formas.

Al respecto, investigaciones recientes relacionan el abuso infantil con el alcoholismo en las mujeres adultas, e incluso se detectó cierta tendencia a desarrollar diabetes, también por parte de mujeres adultas que fueron víctimas del abuso sexual cuando eran niñas.

Uno de los estudios a cargo de E. Anne Lown, científica del Grupo de Investigación sobre el Alcohol de Emeryville, California, encontró que las mujeres que informaron haber sido abusadas sexualmente en la niñez eran más propensas a consumir cuatro o más bebidas alcohólicas al día, tener dependencia al alcohol y beber de una forma que podría presentar riesgos graves para su salud.

Otro caso es el informe dirigido por Janet Rich-Edwards, directora de epidemiología del desarrollo del Centro Connors para la Salud de la Mujer y la Biología de Género del Hospital Brigham de Boston, según el cual el abuso sexual durante la infancia o la adolescencia podría relacionarse con el desarrollo de diabetes en las mujeres, cuando llegan a ser adultas.

Si bien la autora reconoce que es necesario seguir investigando el tema, detectó que una gran parte de esta asociación se explica por el mayor aumento de peso que se da entre las mujeres que tenían antecedentes de abuso, lo que incrementa el riesgo de desarrollar diabetes.

Una teoría es que las mujeres que fueron víctimas de abuso sexual desarrollan trastornos alimenticios como una forma de expresar el estrés generado por el abuso, mientras que otra teoría sugiere que el abuso infantil puede aumentar los niveles de las hormonas del estrés y esto causa posteriormente el aumento de peso y la resistencia a la insulina (que es lo que genera la diabetes).

Los niños y las niñas que son abusados sexualmente pueden demostrar síntomas similares a la depresión, la ansiedad severa y el nerviosismo. Por ejemplo:

* Problemas al defecar, como ensuciarse o tener incontinencia.
* Trastornos alimenticios, como dejar de comer o comer mal.
* Dolores de cabeza o de estómago recurrentes.
* Dificultad para caminar o para sentarse (por problemas rectales o genitales, como dolor al orinar o al defecar, picazón o secreción vaginal).
* Pesadillas, problemas para dormir y problemas orinándose en la cama.
* Miedos excesivos.
* Disminución en el rendimiento escolar.
* No querer participar en las actividades normales, como por ejemplo: negarse a participar en juegos deportivos o en cambiarse de ropa en el gimnasio.
* Tener conocimientos acerca de la sexualidad que no son comunes para su edad.
* Quedar embaraza o contraer una enfermedad venérea (de transmisión sexual), particularmente si tiene menos de catorce años.
* Escaparse de su casa.
* Decir que fue abusada sexualmente por uno de sus padres o por un cuidador adulto.

Si crees que tu hija fue abusada sexualmente es importante que busques ayuda. Mientras tanto:

* No te asustes ni reacciones exageradamente ante la información.
* Ten cuidado con tus expresiones faciales ya que la niña estará atenta a tu reacción.
* No la critiques ni le eches la culpa con exclamaciones como: “¡Te dije que no entraras en la casa de nadie!”.
* Respeta su privacidad: acompáñala a un lugar privado y cómodo donde pueda contarte lo ocurrido y evita hablar del tema ante personas que no necesitan saber lo que pasó.
* Incentiva a tu hija a que te cuente lo que le pasó. En general, las niñas abusadas temen hablar del tema, en especial con sus padres o cuidadores. Además, el abusador suele amenazarlas y decirles que le pasarán cosas malas si cuentan lo que pasó.

Muéstrale afecto físicamente y exprésale tu amor y confianza con palabras y gestos, diciéndole por ejemplo: “Estoy orgullosa de ti por contarme esto”, “Me alegro de que estés bien” o “Sé que no fue tu culpa”. Por el contrario, evite comentarios como: “¿Por qué no me dijiste esto antes?” o “¿Por qué dejaste que ocurriera?”.

Asegúrale a tu hija que no ha hecho nada malo y que lo que pasó no es su responsabilidad. A la mayoría de las niñas las atraen o las engañan para victimizarlas y ellas creen que deberían haber sido más astutas o más fuertes.

Es importante que la niña sienta que le crees. Es raro que las niñas mientan con respecto a actos de victimización sexual.

Y en todo momento, trata de mantener una comunicación abierta con tu hija, demuéstrale que eres comprensiva y optimista y que pase lo que pase nunca dejarás de quererla y apoyarla.

Juntas podrán enfrentar problemas y situaciones difíciles. No te desanimes y considera la posibilidad de buscar ayuda profesional para que tu hija pueda superar más rápidamente lo acontecido y pueda lograr tener una vida sexual plena y sana en el futuro.

Tomado de Vida y Salud