DESPACHOS A TODO EL PAÍS

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domingo, 30 de octubre de 2011

Si el bebé presenta alguno de estos síntomas, busca ayuda de inmediato. Es una emergencia médica.


Cuando el bebé se enferma, los padres, sobre todo los primerizos, se angustian y se preocupan. Y es comprensible porque solamente con el tiempo y la experiencia empezarán a diferenciar cuando se trata de algo leve o síntomas que indican un problema más serio. ¿Qué hacer si los labios del bebé toman una coloración azul o vomita una bilis de color verde? Hay situaciones en que la respuesta es sólo una: buscar ayuda profesional inmediatamente. Aquí encontrarás algunos síntomas que indican que se trata de una emergencia médica.

Alina todavía recuerda la noche en que tuvo que llevar corriendo a su bebé de dos meses a la sala de emergencias con una fiebre de 101º F (38.3º C) que no bajaba con nada, su temor a que algo grave le pasara, y las horas de espera hasta tener los resultados del laboratorio. Por suerte se trataba de una infección de la garganta y después de quedarse unas horas en observación, mamá y bebé pudieron regresar a casa. Alina hizo lo correcto. ¿Hubieras reaccionado de la misma forma?

Los padres o las personas al cuidado de un bebé deben buscar ayuda médica de inmediato si el bebé desarrolla cualquiera de los siguientes síntomas:

Labios que toman una coloración azul o violácea (violeta). Además de los labios azules, está coloración también puede extenderse a la lengua, a las membranas mucosas de la boca y a la base de las uñas. Significa que el bebé no está recibiendo suficiente oxígeno y se conoce como cianosis. La cianosis indica que hay menos cantidad de oxígeno en el torrente sanguíneo debido a problemas en los pulmones o en el corazón. Hay que llevar al bebé de inmediato a la sala de emergencias para que lo evalúe un doctor.

Dificultad para respirar. Los catarros y las infecciones respiratorias pueden provocar congestión nasal y en las vías respiratorias, y es normal que se le dificulte respirar un poco. Pero hay otras condiciones, como la bronquitis o la neumonía que pueden empeorar la respiración todavía más. Los síntomas que debes buscar son: cuando el bebé parece tener dificultad para respirar y no se mejora, los labios y la zona alrededor de la boca podrían tomar un tono azulado, podría haber hundimiento en la piel entre las costillas al inhalar, podría tener más sueño de lo habitual, tener un sonido áspero o raro al respirar y/o cuando las aperturas de la nariz se abren como tratado de buscar más aire. En estos casos, llama al médico de inmediato. Si es tarde en la noche y/o no puedes comunicarte, lleva al bebé a la sala de emergencias más cercana.

Un recién nacido con temperatura de 100.4º F (38º C) o más. Si tu bebé tiene menos de tres meses y desarrolla fiebre, debes llamar a tu pediatra. No te angusties, una fiebre puede deberse a varias razones, desde un simple catarro a algo más serio como una meningitis. Es necesario que le tomes la temperatura por el recto para que sea más exacta. Pero, siempre que un recién nacido tiene fiebre debes consultar con su doctor. Si excede esa temperatura, probablemente te recomendará que lo lleves al hospital para que lo examinen y le hagan los exámenes necesarios para determinar la causa de la fiebre.

Ictericia (color amarillento de la piel) que va en aumento en lugar de disminuir. Algunos bebés nacen con un tono amarillento en la piel, esta condición se denomina ictericia. La ictericia debe a un exceso de bilirrubina acumulado en el organismo que el hígado del recién nacido no puede procesar bien. La bilirrubina es una sustancia química que contiene la hemoglobina, que a su vez transporta el oxígeno en los glóbulos rojos. Cuando estos glóbulos rojos van desapareciendo del sistema circulatorio (se van degradando), el cuerpo genera otros nuevos para sustituirlos y el hígado se encarga de procesar y eliminar los glóbulos rojos (y la hemoglobina) deteriorados. Si el hígado del recién nacido no está funcionando a capacidad, la bilirrubina se acumula y produce la ictericia. Al pasar los días y a medida que el hígado empieza a funcionar normalmente, la piel del bebé va adquiriendo una coloración normal. Si por el contrario, la piel de tu bebé se pone más amarilla, significa que el nivel de la bilirrubina ha aumentado, lo cual puede ser peligroso. 

Si sube excesivamente, puede provocar convulsiones y daños permanentes al cerebro. Comunícate de inmediato con el pediatra si esto sucede. Por lo general, te aconsejará que alimentes al bebé con más frecuencia, para estimular la eliminación de la bilirrubina a través de las heces fecales. Si el nivel de la bilirrubina es muy alto, el bebé podría recibir fototerapia con rayos ultravioleta para acelerar su descomposición y/o podría ser necesario reemplazar la sangre del bebé con plasma fresco en casos muy severos.

El bebé vomita bilis de color verdoso. Los bebés vomitan pequeñas cantidades y es normal. Pueden vomitar cuando expulsan gases, cuando se han llenado mucho, porque tosen o lloran excesivamente o porque un virus les ha afectado el estómago. Pero debes tener cuidado cuando notes un vómito de color verdoso o con sangre o que se parezca al sedimento (borra o cuncho) del café. Si es de color verdoso, se trata de bilis e indica que los intestinos están bloqueados y hay que actuar de inmediato. Si el vómito se parece al sedimento del café puede ser un aviso de sangrado interno. 

Llama al pediatra inmediatamente o dirígete al hospital más cercano. También debes buscar ayuda si el bebé vomita después de recibir un golpe en la cabeza ya que es señal de una conmoción cerebral y hay que evaluarlo lo más rápidamente posible. Ten en cuenta que un doctor debe revisar al bebé si recibe cualquier tipo de golpe o lesión en la cabeza, con o sin vómito. No lo olvides.

El bebé muestra señales de deshidratación. Si se muestra aletargado, con los ojos hundidos, llora pero no tiene lágrimas o no tiene saliva en la boca, es probable que se encuentre deshidratado. Pero la señal definitiva es que no orine lo suficiente. Los recién nacidos deben mojar al menos un pañal al día durante los primeros seis días de vida, y de ahí en adelante deben ir aumentando a unos seis pañales al día, por lo menos. Llama al pediatra que quizá te recomiende que le des a beber líquidos con electrolitos (minerales). No le des agua al bebé porque ésta puede reducir el nivel de sodio (sal) en el organismo y provocarle convulsiones.

Poco a poco irás aprendiendo a reconocer lo que es normal o y lo que no lo es y te volverás toda una experta en el cuidado de tu bebé. Tu misión es protegerlo y mantenerlo saludable, así que ante cualquier duda o cualquier manifestación que no es habitual, sigue tu intuición, no pierdas tiempo y llama al pediatra cuanto antes.

Tomado de Vida y Salud

martes, 9 de agosto de 2011

Una prueba de audición para tu bebé: por qué es importante


El mundo del bebé debe estar lleno de sonidos: desde aquéllos que le dan seguridad y placer, como la voz de mamá, o los que lo invitan a dormir como una canción de cuna. Que tu bebé oiga bien es importante: de su capacidad de escuchar depende en gran medida su relación con el mundo y en particular, su aprendizaje del lenguaje. Muchos hospitales realizan la prueba antes de que el bebé se marche a casa, pero si no, debe practicarse durante el primer mes de vida.
Cuando te entreguen a tu bebé después de dar a luz, lo abrazarás con toda la ilusión y el amor con que lo has esperado durante nueve meses, y con seguridad revisarás cada pedazo de su cuerpecito, contarás sus deditos, querrás ver el color de sus ojos y cada detalle de esta personita que acaba de llegar al mundo.
Tu bebé seguramente pasó con anterioridad por la “inspección” de las enfermeras,  el obstetra o el pediatra que revisan el estado general del recién nacido en los primeros minutos de vida. Es lo que se conoce por la prueba de Apgar que evalúa sus reflejos, el ritmo de su corazón, su respiración, el color de la piel y el tono muscular. Pero posiblemente antes de que el bebé pueda irse a casa con sus padres, le harán también una prueba de audición (para ver cómo oye) en el hospital, que es lo que recomienda la Academia Americana de Pediatría.
¿Por qué es importante hacer esta prueba?
Según las estadísticas de esta misma institución, 2 a 3 de cada 1,000 bebés tienen problemas de audición (para oír) que se pueden detectar desde el nacimiento.  Cuanto antes se detecte una posible dificultad en la audición, más rápido puede comenzarse el tratamiento y a solucionarse el problema con ayuda de los especialistas y de los recursos disponibles en la comunidad. Según la Academia de Pediatría, cuando se interviene a tiempo, idealmente a los 6 meses de vida o antes, las posibilidades de que el bebé pueda desarrollar buenas habilidades de aprendizaje y del habla son muy altas. Muchos padres piensan que ellos mismos pueden ser capaces de detectar si el niño oye bien o no, pero no siempre es así. Es posible que el bebé responda a los ruidos o los sonidos intensos, pero no pueda detectar algunos más sutiles, y esto le dificultará hablar más adelante.  Solamente el o la pediatra o un(a) audiólogo(a) pueden determinar con certeza si el bebé oye bien o no. Llévalo a hacerse su prueba durante su primer mes de vida, o lo antes posible.
¿En qué consiste la prueba de audición?
El especialista puede utilizar cualquiera de las siguientes pruebas o las dos. Ambas son rápidas, duran de 5 a 10 minutos, no le causan ni dolor ni malestar al niño y hasta pueden hacerse mientras el bebé duerme o se está quietecito en tus brazos.
  1. Prueba de Emisión Otoacústica (OAE, por sus siglas en inglés). Se usa para determinar si las partes del oído responden adecuadamente al sonido. Durante la prueba se coloca en el canal del oído un audífono de esponja. El oído se estimula con sonido, y se mide el “eco”.  Como el eco se encuentra en todas las personas que oyen normalmente,  su ausencia podría indicar una pérdida de audición.
  2. Prueba de Respuesta Auditiva Troncoencefálica (ABR, por sus siglas en inglés). Este examen evalúa la forma en que el nervio auditivo responde a los sonidos. Se le colocan audífonos muy suaves en el oído al bebé y, mediante tres electrodos colocados en la cabeza, se mide la respuesta ante diferentes timbres o chasquidos.
Detectando la pérdida de la audición más adelante:
Es importante que tanto los padres, los abuelitos y las personas que están al cuidado de niños sepan y presten atención a ciertas señales ya que a veces la pérdida de la audición no se presenta hasta más adelante en el transcurso de la infancia y es entonces que los que están a cargo del niño  pueden reconocer estas señales de aviso. Por eso, aunque el bebé ya haya sido evaluado al poco tiempo de nacer, y la prueba haya dado un buen resultado, deben prestar atención si el niño muestra dificultad más adelante en las siguientes habilidades:
  • Durante el primer año: el niño(a) debe ser capaz de reaccionar ante ruidos fuertes, imitar sonidos (como los de los animalitos), y responder a su nombre.
  • A los dos años: e niño(a) debe imitar palabras sencillas, seguir juegos infantiles (las palmitas o a las escondidas), usar oraciones de dos palabras para pedir algo que quiere o necesita.
  • A los tres años: el niño(a) comprende conceptos como “ahora no”, “ya no más”, y ser capaz de seguir instrucciones simples.
Si tienes dudas o si detectas cualquier señal, consulta con el pediatra. En caso de que tus sospechas fueran ciertas, él o ella los referirá con un especialista o audiólogo(a), que se encargará de evaluar el grado de pérdida de audición del niño y te informará sobre las opciones de tratamiento y los dispositivos que se usan en la actualidad para compensar la pérdida de audición.  Recuerda que cuanto antes solicites ayuda para tu hijo(a), mayores posibilidades tendrá de superar cualquier deficiencia y de normalizar su crecimiento y su aprendizaje.

Tomado de Vida y Salud

lunes, 27 de junio de 2011

¿Qué señales o síntomas indican que debes buscar atención médica para tu bebé?


Todos esperamos que nuestros hijos no se enfermen, pero a menudo la enfermedad es difícil de evitar. No tienes que preocuparte por una gripe común o gripe estomacal leve, pero asegúrate que tu niño tome suficientes líquidos y descanse. Es importante prestar atención a los cambios en el comportamiento de tu bebé o en su aspecto con el fin de detectar una enfermedad más severa.
Comunícate con su médico si tu hijo:
  • Tiene fiebre de:
    • 100,4° F (38° C) o más (para los bebés de dos meses y menores). Llama a su médico, incluso si tu bebé se ve bien.
    • 101° F (38,3° C) o más (para los bebés de tres meses de edad hasta los 6 meses de edad). Llama a su médico, incluso si tu bebé se ve bien.
    • 102° F (38,8° C) a 102,9° F (39,4° C) (para los bebés de seis meses o más). Observa su comportamiento. Llama a su médico si la fiebre aumenta o persiste por más de dos días.
    • 103° F (39,4°C) o más (para los bebés de seis meses o más). Llama a su médico, incluso si tu bebé no parece estar enfermo.
  • Llora más o si el patrón normal de su llanto cambia cuando lo levantas.
  • Tiene vómitos o diarrea constante.
  • Tiene dificultad para respirar. Hace un ruido sibilante o chillón al respirar. En los recién nacidos, este sonido acompañado de retracciones notables en el pecho o un color azul pálido en la piel son razones para buscar atención médica inmediata.
  • Tiene una o más convulsiones.
  • No responde (está inconsciente) o demuestra flaccidez o debilidad.
Antes de llamar al médico, asegúrate de hacer una lista de lo siguiente para ayudarlo a diagnosticar correctamente a tu hijo:
  • Los síntomas de tu bebé.
  • Su historial médico.
  • Cualquier cambio en la cantidad de comida que tu bebé haya consumido.
  • Su temperatura actual y si ha tenido fiebre.
  • Los medicamentos (recetados, de venta libre, remedios caseros o naturales) que le hayas dado a tu bebé en las últimas 24-48 horas.
Es importante que mantenga la calma cuando tu bebé no se siente bien. Recuerda que el estar enfermo ya es una situación estresante para tu angelito. Ten en cuenta que no siempre hay una solución rápida y fácil para aliviarlo. Recomendamos que llames a su pediatra primero, ya que está familiarizado con tu bebé y con su historia médica. Pero si no te puedes comunicar con su médico y empeoran los síntomas de tu bebé, llévalo a la sala de emergencias (urgencias) más cercana.

Tomado de Vida y Salud

lunes, 23 de mayo de 2011

Leche materna, el primer alimento

Para algunas mamás es una experiencia dura pero no por eso se debe renunciar a ella. La lactancia genera vínculos entre la madre y el niño y le provee una inmensa fuente de nutrientes al bebé.





El calostro es la leche que se produce en los primeros días después del nacimiento del bebé. Por su contenido de betacarotenos tiene una textura espesa y un tono amarillento. Su valor nutricional es de 67 calorías/100 ml y contiene todos los nutrientes para el recién nacido.

Como todos los procesos relacionados con la maternidad, la lactancia es una gran experiencia pero es exigente, particularmente para algunas madres con problemas como pezones invertidos o baja producción de leche. Las cosas pueden no arrancar tan bien, pero son susceptibles de mejorar. No siempre la succión es automática en los bebés recién nacidos. Pero, rápidamente, aprende y es posible alimentar de manera completa a un niño con leche materna los primeros 6 meses de vida.

Para algunas mujeres, la producción de leche llega a producir fiebre y si el bebé no consume rápidamente la que se acumula en los senos, pueden producirse infecciones. No obstante, una buena asesoría y seguir las indicaciones del pediatra desde el primer momento ayudan a que rápidamente madre e hijo se acoplen a la nueva actividad. 

Amamantar es una forma espontánea de crear un vínculo entre madre e hijo. Esto no significa que aquellas madres que no pueden dar pecho tengan problemas para relacionarse con su bebé.

Lactar tiene además muchas ventajas para la mamá, entre ellas la pérdida rápida de peso. Es importante que se consuman de dos a tres litros de agua diarios.

Algunas mamás no tienen suficiente leche, esto las angustia y esa tensión inhibe la producción natural de leche y entonces se genera un círculo vicioso. Por esto, es importante apoyarlas y permitir que el bebé tome todo lo que considere necesario, así se normaliza la producción de acuerdo con la demanda. Poco a poco, el dolor en los pezones pasa, la leche baja sin problemas y las mamás descubren que amamantar es saludable, placentero e incluso barato. 

Es precisamente por la relación estrecha entre la alimentación de madre e hijo que las mujeres en este periodo deben cuidar su alimentación tanto como en el embarazo. No solo no consumir alcohol, picante sino que los alimentos que producen gases como el brócoli o los fríjoles se deben sacar de la dieta. Con una alimentación balanceada y especial, ayuda a disminuir las molestias digestivas del bebé y los gases. 

La leche materna es lo ideal para el bebé. Secarse la leche por temor al dolor o a la caída de los senos es un error. Una buena posición a la hora de amamantar evita ambas cosas. Lo cierto es que si usted, por razones médicas, no puede hacerlo, hoy existen opciones que reemplazan este alimento, no por eso quiere menos a su bebé. Pero si puede, escoja la lactancia completa. Es una gran solución.

El cuidado de los pezones adoloridos

Si notas molestias o grietas en los pezones es señal de que hay que mejorar la colocación del bebé al pecho. Además ten en cuenta: 

d Al ducharte lava el pecho solo con agua, evita jabones, alcohol y otros productos que puedan resecar la piel. 

d En caso de grietas, no uses cremas. Lo mejor es aplicar unas gotas de tu propia leche sobre el pezón y la areola después de las tomas y dejar que los pezones se sequen al aire.

d El uso de pezoneras de silicona no es recomendable, pues confunden la succión del bebé y actúan como barrera, de forma que el pecho de la madre no recibe suficiente estímulo.

Mitos & verdades

La aguapanela estimula la producción de leche. Falso, es suficiente tomar agua. No hace falta consumir tantas calorías y más aún si se ganó mucho peso en el embarazo. 

El agua de anís estimula la producción de leche. Cierto, sirve para reducir los gases en el bebé pero no aumenta la producción. 

Amamantar adelgaza. Cierto, Las mujeres con pezones invertidos no pueden amamantar. Falso. Además existen pezoneras que ayudan a estimular la salida del pezón. 

Amamantar evita un nuevo embarazo. Cierto, pero hay un 10% de incerteza en este método. Además debe ser una lactancia completa y permanente.

Cuándo no amamantar

La regla principal es que cuando la madre sufre alguna enfermedad que se transmite a través de la leche no puede amamantar. Es el caso del VIH o sida. Enfermedades del riñón, enfermedades cardiovasculares, anemia severa o infecciones graves como tuberculosis. 

Cuando tiene una enfermedad crónica y los medicamentos que está obligada a consumir se concentran en la leche como drogas antitiroides, contra el cáncer y antihipertensivas, los medicamentos antidepresivos, o los sedantes tampoco es recomendable que amamante. 

Hay cirugías de pecho como la mastectomía o la cirugías estéticas de reducción en las que se han cortado los conductos y por ende la madre no puede amamantar. 

Sobra agregar que las drogas (cocaína, heroína y otras sintéticas) y el alcohol están absolutamente proscritos en tiempo de lactancia pues todo se transmite al bebé a través de la leche.

Las diez claves de la lactancia materna según La Liga de la Leche 

1. Amamanta pronto, cuanto antes mejor. La mayoría de los bebés están dispuestos a mamar durante la primera hora después del parto, cuando el instinto de succión es muy intenso. Amamantar precozmente facilita la correcta colocación al pecho. 

2. Ofrece el pecho a menudo día y noche. Hazte a la idea de que pasarás mucho tiempo amamantando a tu bebé durante estas primeras semanas. Un recién nacido normalmente mama entre 8 y 12 veces en 24 horas. No mires el reloj y dale el pecho cada vez que busque o llore, sin esperar a que “le toque”. Así establecerás un buen suministro de leche. 

3. Asegúrate de que el bebé succiona eficazmente y en la postura correcta.

4. Permite que el bebé mame del primer pecho todo lo que desee, hasta que lo suelte. Después ofrécele el otro. Unas veces lo querrá, otras no. Así el bebé tomará la leche que se produce al final de la toma, rica en grasa y calorías, y se sentirá satisfecho.

5. Cuanto más mama el bebé, más leche produce la madre. Es importante respetar el equilibrio natural y dejar que el bebé marque las pautas, mamando cuando quiera. No es necesario sentir el pecho lleno; la leche se produce principalmente durante la toma gracias a la succión del bebé.

6. Evita los biberones “de ayuda” y de suero glucosado. La leche artificial y el suero llenan al bebé y minan su interés por mamar, entonces el bebé succiona menos y la madre produce menos leche.

7. Evita el chupete, al menos durante las primeras semanas, hasta que la lactancia esté bien establecida. Un recién nacido ha de aprender bien cómo mamar del pecho, y tetillas artificiales como el biberón o el chupete pueden dificultar este aprendizaje.

8. Recuerda que un bebé también mama por razones diferentes al hambre, como por necesidad de succión o de consuelo. Ofrecerle el pecho es la forma más rápida de calmar a tu bebé.

9. Cuídate. Necesitas encontrar momentos de descanso y centrar tu atención más en el bebé que en otras tareas. Solicita ayuda de los tuyos.

10. Busca apoyo. Tu grupo local de La Liga de la Leche tiene la información y el apoyo que toda madre lactante necesita.

Tomado de El Espectador

martes, 19 de abril de 2011

Ser papá puede causar estrés: ¿qué puedes hacer al respecto?


¿Quién dijo que tener un hijo causaba estrés sólo en las nuevas mamás? Los padres también sufren del estrés que trae esta nueva etapa de la vida. Si bien un hijo es una alegría y una bendición, no hay que negar que la nueva situación de paternidad puede acarrear ciertas presiones emocionales y físicas. Si te estás estrenando como papá, o si tu media naranja está embarazada, tal vez te ayude leer este artículo.
Andrés se está estrenando como papá de una hermosa niña. La felicidad de tenerla en sus brazos hizo que por un momento se olvidara del mundo a su alrededor. Pero la verdad, es que con la dicha de tener un hijo/a, también vienen nuevos retos y por supuesto, responsabilidades. Todo esto se suma a que ahora te sientes el responsable de una nueva familia, que el trabajo no para y el mundo a tu alrededor tampoco. Sería ideal que al tener un hijo todo se detuviera y pudieras tomarte un tiempo para asimilar y disfrutar de tu nuevo papel. Pero lo cierto es que la paternidad es un reto, y puede traerte preocupaciones.
Puede ser útil, como primera medida, identificar las causas de tu estrés y luego, buscar algunas soluciones. Vamos por partes:
El estrés en la paternidad puede ser causado por:
  • Enfrentarte a nuevas responsabilidades
  • Falta de tiempo para hacer tus actividades cotidianas
  • Poco tiempo de “licencia de paternidad” lo cual puede hacer que te sientas cansado por trabajar y frustrado porque no puedes pasar suficiente tiempo con tu bebé y tu compañera.
  • Falta de sueño. Ya sabes que tener un recién nacido en casa limita las horas de sueño para el papá y para la mamá y esto puede causar estrés e irritabilidad.
  • Preocupaciones financieras. El costo del hospital, la ropa, los muebles y cualquier cambio que hayas tenido que hacer en casa para ajustarte al recién nacido pueden causarte gran preocupación.
  • Menos tiempo para pasar con tu pareja y menos sexo.
  • Depresión post-parto. Sí, tal como las madres, los papás también pueden sentirse deprimidos o tristes luego del nacimiento del bebé.
¿Qué puedes hacer para aliviar el estrés causado por tu nuevo papel de padre? Aquí te doy algunas ideas:
  • Pide ayuda si la necesitas. Ya sea en el trabajo o a otros miembros de tu familia o amigos.
  • Encuentra tiempo para ‘no hacer nada’ con tu familia. El estar en casa con tu bebé y tu compañera, compartiendo un momento de calma puede relajarte.
  • Toma turnos con tu compañera para dormir. Es bueno que cuando el bebé duerme, los dos tomen una siesta también.
  • Come bien y haz ejercicio. Esto te da energía y te ayudará a aliviar el estrés.
  • Saca al menos media hora al día para estar a solas con tu compañera y hablar, tener sexo, dormir, lo que sea, pero un tiempo para los dos.
  • Ríete. Una buena risa puede ayudarte a ver las cosas desde otro punto de vista y también a relajarte. El ver una película o una serie de televisión que sea divertida puede ayudarte.
  • Aprende a decir no. Define las prioridades y no intentes ir más allá de lo que puedes hacer en este momento.
Recuerda: el tener un bebé recién nacido en casa es una tarea importante y requiere bastante trabajo. Por eso, date tiempo, busca ayuda, no te sobre exijas. Con el tiempo, tú y tu pareja se ajustarán más a la presencia de este nuevo ser y todo será más sencillo. ¡Es parte de la vida! Disfruta de esta etapa y trata de relajarte.
Tomado de Vida y Salud

sábado, 16 de abril de 2011

¡Bienvenido Bebé!


No todos los bebés nacen rellenitos. La mayoría son flaquitos, tienen la piel arrugadita y la cabeza alargada. Pero de todos modos, el tuyo te parecerá el más perfecto que hayas visto en tu vida. Lee nuestra guía para sacarte de dudas y comprender las grandes transformaciones que tendrá.
La piel
Es tan delicada que podrás verle las venitas. Por eso parecerá rosadito. Notarás que las manos y los pies están azules. Es porque su sistema circulatorio está recién empezando a trabajar y falta bombear sangre a las extremidades. Y está arrugado porque se pasó nueve meses en remojo.
Los genitales
Estarán hinchados, como también los pezones, tanto en los varones como en las hembritas. Esto se debe a la presencia de las hormonas de la mamá y a la acumulación de líquido a lo largo de los nueve meses. Pero tanto los genitales como los pezones volverán a su aspecto normal en unas seis semanas.
Los pies
Te fascinarán por lo pequeñitos que son. No te preocupes si te parece que están torcidos hacia adentro. Eso se debe a que tu bebé estuvo acurrucado durante nueve meses en el útero. También pensarás que tiene los pies planos. En realidad tienen arco, pero se esconde detrás de capas de grasa. Se vislumbrará mejor a los 2 ó 3 años.
El ombligo
Verle el ombligo te puede desconcertar. No te preocupes, en unas semanas se secará y se le caerá. Podrás ver que tiene un poco de pigmento marrón (café) aunque ya se le haya caído. Llama al pediatra solamente si lo notas hinchado, con pus, muy rojo o si le sientes un olor fuerte. Si se le moja, sécaselo con cuidado.
El pelo
Muchos bebés nacen sin pelo; otros llegan a este mundo con una melena envidiable. La mayoría de las veces, los recién nacidos perderán ese pelo y el nuevo cabello que les sale puede ser distinto tanto en color como en textura.
Los ojos
El color puede cambiar. Seguramente podrá ver hasta unas 8 a 12 pulgadas (20 a 30 centímetros). Si te apartas a más de un pie, verás que sus ojos deambulan y te da la sensación de que está bizco. No te preocupes. Cuando maduren sus músculos oculares, podrá enfocar con los dos ojos.
La cabeza
Puede que notes que la tiene alargada y cónica. No te preocupes, no le quedará así. Es el resultado de haber atravesado el canal de parto. La cabeza se reconfigurará paulatinamente y retomará su forma natural al cabo de unos días. Los huesos son flexibles y tienen espacios membranosos en la coronilla.
Tomado de Vida y Salud

jueves, 24 de febrero de 2011

5 consejos para calmar los llantos de tu bebé

¿Alguna vez te has preguntado por qué algunos recién nacidos lloran tanto? Según Harvey Karp, M.D., profesor auxiliar de pediatría en la Facultad de Medicina de UCLA, durante sus primeros tres meses de vida el bebé llora porque añora las sensaciones del vientre y se siente sobreestimulado en su nuevo entorno.

En su libro ”El bebé más feliz del barrio” (Oceáno de México), Karp ofrece cinco pasos para calmarlo y explica cómo hacerlo eficazmente. Aquí te damos un resumen de ellos:

  1. Envuélvelo en una manta bien ceñida (swaddle).
  2. Colócalo de costado o boca abajo (una vez que se duerma, debe estar boca arriba para prevenir SIDS).
  3. Haz sonidos tranquilizadores, como susurrarle o encender una máquina que cree un rumor monótono pero lejano, como el lavaplatos.
  4. Acúnalo con movimientos rítmicos o llévalo a pasear en su cochecito.
  5. Dale un chupete. También se tranquilizará si lo amamantas.

Tomado de Vida y Salud