DESPACHOS A TODO EL PAÍS

DESPACHOS A TODO EL PAÍS
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domingo, 22 de julio de 2012


Cuando tu bebé empieza a caminar, también empieza a usar esos zapatitos que le regalaron incluso antes de nacer. Pero más allá de que estén a la moda o sean de colores llamativos, elegantes o deportivos, lo importante es que sean zapatos cómodos y seguros para que tu bebé pueda caminar sin tropezones.

Cuando está por nacer tu bebé, recibes regalos que tus seres queridos y tus amigos te dan como un gesto para celebrar la llegada de esa nueva vida, y por supuesto, con el ánimo de colaborar con todos los gastos que se avecinan. Algunas personas regalan pañales, otras la cuna, la ropa y los zapatitos que nunca faltan.

Sin embargo, éstos últimos, es probable que no los uses, pues en realidad, los bebés no necesitan zapatos hasta que empiezan a caminar. Probablemente se los pongas para lucirlos o porque hacen juego con su ropa.

Los zapatitos de bebé sólo cobran sentido cuando pueden ser usados para lo que están hechos: caminar. Esto sucederá al ritmo de cada bebé, pero puede darse entre los 9 y los 12 meses. A los primeros pasos les sigue la práctica y tu bebé dominará el arte de caminar para cuando tenga 14 o 15 meses. Si tu bebé tarda más en caminar, no te preocupes, pues como dije al principio, cada uno tiene su ritmo. Algunos bebés perfectamente sanos llegan a caminar hasta los 16 o 17 meses.

Ya te darás cuenta que tu bebé quiere caminar si empieza a levantarse apoyándose en las mesas, las sillas, tus piernas y todo cuanto encuentra a su paso. También si le sostienes las manitas y haces que caminas con él o ella de seguro dará unos pasitos. Todo esto es parte del entrenamiento hasta que sus piernas estén lo suficientemente fuertes para soportar su peso hasta que pueda caminar sin ayuda. Es entonces cuando tienes que pensar en qué zapatos vas a ponerle para que pueda moverse con libertad, comodidad y seguridad. Porque recuerda que caminar es un proceso, y que en ese proceso, hay tropezones.

Toma nota de estos consejitos a la hora de comprar los zapatos para tu bebé:
  • Cuando tu bebé está aprendiendo a caminar, lo importante es que pueda mover sus piecitos con libertad. Por eso, el material de sus zapatos debe ser liviano. Las suelas ideales son las que tienen textura para que tengan un mejor agarre en caso de que las superficies donde camine sean resbalosas.
  • Es mejor comprarle zapatitos que sean lo suficientemente anchos y largos, para que cuando el pie crezca un poco, le sigan sirviendo. Los deditos no deben tocar el frente del zapato. Si ves que tu bebé se tropieza o se tambalea, es una señal de que está incómodo(a) y no son los zapatos ideales.
  • El material de los zapatos debe permitir la circulación del aire. El cuero y la lona son buenos ejemplos y permiten que los pies se ventilen. ¡Los pies de los bebés sudan mucho!
  • Cómprale zapatos nuevos con frecuencia, pues sus piecitos crecen muy rápido: necesitará estrenar un nuevo par de zapatos cada 2 a 4 meses.
Uno de los pasos más grandes en el desarrollo de tu bebé, es cuando empieza a caminar. Todos en la familia se emocionan, ¡no es para menos! Es la primera etapa hacia la independencia.

Así que prepárate: de agarrarse de las mesas y las sillas para estar de pie, tu bebé pasará a dar pequeños pasos mientras lo sostienes, hasta que un día, el menos pensado, se suelte solito para ir a tus brazos.

Tomado de Vida y Salud

miércoles, 5 de octubre de 2011

El temor equivocado a la vacuna contra el sarampión ha tenido efectos devastadores


Este año ya se ha informado sobre más de 150 casos de sarampión en Estados Unidos y se han presentado brotes similares en Europa, señal del alarmante retorno de la enfermedad. La reaparición de este virus potencialmente mortal deriva del temor infundado sobre la vinculación entre la vacuna contra el sarampión y el autismo que ha vuelto a algunos padres contrarios a la vacunación infantil, comenta el Dr. Gregory Poland de Mayo Clinic. En la edición de septiembre de “Mayo Clinic Proceedings”, el Dr. Poland exhorta a los médicos a revisar la extensa investigación científica que no ha encontrado ninguna conexión entre la vacuna contra el sarampión, paperas y rubéola (vacuna triple viral) y el autismo.

El temor por la vacuna triple viral lo desató en 1998 el científico, Dr. Andrew Wakefield, en la revista médica británica The Lancet. Luego, el Consejo Médico General Británico descubrió que el estudio del Dr. Wakefield era fraudulento y lo retractó. Sin embargo, la sospecha sobre la vacuna y sus aditivos (como el timerosal) no sólo ha persistido, sino que ha cobrado ímpetu entre el público por la influencia de algunas celebridades y amplia cobertura de los medios sociales.

“Una creciente cantidad de personas está decidiendo no vacunar a sus hijos debido a esta controversia y esos pequeños ahora son susceptibles al virus del sarampión”, explica el Dr. Poland, Profesor “Mary Lowell Leary” de Medicina y director del Grupo de Mayo Clinic para Investigación sobre Vacunas.

“Los resultados han sido devastadores”, añade el Dr. Poland. “La campaña en contra de la vacuna ha causado graves daños a la salud pública de varios países, pese a carecer de base científica. Se han realizado más de 20 estudios que cubren dos décadas en varios países, sin que ninguno haya encontrado evidencia científica alguna sobre la conexión entre el ámbito de los trastornos autistas y la vacuna triple viral”.

El sarampión continúa siendo la enfermedad infecciosa más contagiosa que el ser humano puede contraer y cobra la vida de alrededor de 3 de cada mil personas infectadas. Dada la eficacia de la vacuna y de los exitosos programas de vacunación mundiales, en Estados Unidos no sólo se han eliminado las causas naturales de la enfermedad, sino que están en vías de erradicarse, igual al caso de la viruela.

El Dr. Poland recomienda a médicos, pacientes y medios de comunicación que se eduquen sobre las investigaciones ya realizadas para ayudar a rectificar la información equívoca difundida. Un informe importante publicado por el Instituto de Medicina la semana pasada sustenta las declaraciones del Dr. Poland respecto a que no existe ninguna conexión entre la vacuna triple viral y el autismo.

“Es preciso que, con el mismo empeño, se dirija una cantidad importante de fondos adecuados para determinar la causa real del autismo en los niños”, concluye el médico.

Mayo Clinic Proceedings es una revista arbitrada que publica artículos originales y revisiones sobre temas de medicina clínica y de laboratorio, investigación clínica, investigación en ciencias básicas y epidemiología clínica. La Fundación Mayo para la Educación e Investigación Médica publica mensualmente la revistaMayo Clinic Proceedings como parte de su compromiso con la educación médica. La revista se ha publicado durante más de 80 años y tiene un tiraje de 130 mil ejemplares dentro y fuera de Estados Unidos.

Tomado de Vida y Salud

jueves, 15 de septiembre de 2011

El riesgo de autismo es mucho mayor entre hermanos


Los investigadores ya sabían que las probabilidades de que un niño tenga autismo aumentan si tienen un hermano mayor que lo padece. Pero ni siquiera ellos sospechaban que la tasa fuera tan alta como la que indica un estudio reciente publicado en la revista “Pediatrics”. Los niños con un hermano mayor que padece de autismo tienen 1 entre 5 posibilidades de que se les diagnostique autismo a los 3 años, una tasa mucho mayor que la estimada anteriormente. Este hallazgo les permite a los padres estar más alertas, detectar los síntomas y empezar a tratar el trastorno lo antes posible.

Lidia es una niña preciosa de 10 años a quien se le detectó el trastorno del espectro autista (TEA) después de cumplir los 2 años. La niña comenzó a perder interés en el juego y en la interacción con los familiares, se le hacía difícil responder a los estímulos externos y poco a poco dejó de hablar. Su pediatra la refirió a un especialista quien le diagnosticó el autismo. En la actualidad Lidia asiste a clases especiales y ha mejorado extraordinariamente su capacidad del habla y sus relaciones sociales, especialmente con la ayuda de sus padres que se han dedicado en cuerpo y alma a ayudar a su hija.

Ahora que esperan la llegada de un hermano, le han preguntado tanto al obstetra como al pediatra su hija si el bebé que está por llegar tiene riesgo de tener autismo. Los padres de la niña deben estar preparados: las probabilidades del bebé de tener autismo son del 18.7 % (1 en 5) de sufrirlo también. Ésta es una cifra considerablemente superior a la calculada anteriormente que situaba las probabilidades de un niño con un hermano autista de sufrir la misma enfermedad entre un 3 y un 10%. Y el riesgo es todavía más alto para los niños con más de un hermano autista.

Para el estudio, un equipo del Baby Siblings Research Consortium (Consorcio de Investigación sobre Hermanos Menores), una red internacional que estudia las señales más tempranas de los trastornos del espectro autista (TEA) en bebés con un hermano autista, dio seguimiento a 664 hermanos menores de niños autistas durante unos 8 meses, hasta que los niños cumplieron los 3 años de edad. Durante esos 8 meses de observación, los investigadores evaluaron a los niños en varias oportunidades y encontraron que 132 niños (103 varones y 29 niñas), cumplían con los criterios para un diagnóstico de TEA al llegar a los 3 años de edad. Alrededor de un 41% se diagnosticó con autismo, mientras que el 59% restante se diagnosticó con una forma más leve de autismo.

En términos de sexo, un 26% de los hermanos varones de los niños autistas sufrieron también de autismo, frente a un 10% de las hermanas (hay que tener en cuenta que el autismo es más frecuente en los varones que en las niñas).

En cuanto al número de hermanos con TEA, alrededor del 32% de los niños con varios hermanos mayores autistas también recibieron un diagnóstico de autismo, frente a un 13.5 % de los niños con un solo hermano mayor afectado.

Los investigadores están conscientes de que los padres con frecuencia le preguntan a los doctores sobre sus probabilidades de tener otro hijo autista. Esta investigación ofrece más información, pero las estadísticas no reflejan el riesgo personal o particular de cada caso, ni tampoco pueden predecir qué grado de autismo tendrá el hermano de otros niños ya afectados.

Sin embargo, los estimados sí pueden ayudar a los pediatras y a los padres a vigilar a los hermanos menores con más cuidado lo que repercutiría en el éxito del tratamiento y la calidad de vida futura del niño. Mientras más pronto se establezca el diagnóstico, los niños empiezan a recibir terapias de ayuda con el lenguaje y las habilidades sociales más rápidamente también.

¿Hay alguien en la familia con un niño autista? Puede ser una amiga o una compañera de trabajo quien lo tenga. Si tienen un hermano o hermana pequeña o están considerando buscar un hermanito, con mucho tacto coméntales sobre lo que has leído para que estén informados. Te recuerdo que en Vida y Salud hemos desarrollado varios temas sobre el autismo, sus señales y su tratamientoque encontrarás con facilidad si haces una búsqueda dentro del sitio. Háblales también sobre esos temas que pueden ayudarles a manejar sus temores y preocupaciones. La información es un arma valiosa en todos los aspectos de la vida y la salud no es la excepción. Compártela con otros, sobre todo cuando esa información puede beneficiar la calidad de vida de un niño y de familia.

Tomado de Vida y Salud

sábado, 10 de septiembre de 2011

Un examen de sangre detecta el sexo del bebé a las 7 semanas de embarazo


Según investigaciones recientes, un examen de sangre en las mujeres embarazadas permitirá conocer el sexo del bebé a menos de dos meses de gestación, mucho antes de lo que permiten las pruebas actuales como el ultrasonido, y de una forma menos invasiva y riesgosa que la amniocentesis. El objetivo principal de esta prueba es precisamente reducir los riesgos de los procedimientos invasivos para detectar posibles trastornos genéticos relacionados con el sexo, como la hemofilia.

Todo cambia y evoluciona… desde los objetos de uso cotidiano hasta las costumbres que adoptamos. Con el paso del tiempo, el ritmo de la vida se ha acelerado. Las cosas suceden tan rápido que a veces no tenemos ni tiempo de procesar lo que nos está ocurriendo, como si todo sucediera a la velocidad a la que vuelan los aviones o más aún, tan rápido como la información viaja por el Internet.

Así las cosas, actualmente puede parecer insólito que tus padres (o abuelos, depende de tu edad) hayan tenido que esperar nueve meses hasta tu nacimiento para conocer tu sexo. ¿Nunca te han dicho qué nombre te hubieran puesto si en vez de niña hubieras sido niño o al revés?

Las cosas cambian tanto, que ahora en tan solo nueve semanas los futuros padres podrán resolver esta duda. Bastará con hacerse una prueba sanguínea luego de la séptima semana de embarazo y listo: los futuros papás podrán saber si el bebé en camino es niña o niño. Increíble, ¿verdad? Dentro de poco lo que parecerá increíble es que hasta hace pocas décadas alguien hubiera tenido que esperar tanto tiempo para conocer el sexo del bebé, ya que no existían las ecografías que hoy ya permiten saberlo al cuarto o quinto mes de embarazo.

Denominado ADN fetal libre de células, este nuevo método analiza la presencia del cromosoma masculino (el cromosoma Y) en la sangre de la mamá. Si estos no aparecen, por eliminación se deduce que será una niña, ya que la prueba no logra detectar la presencia de un bebé del sexo femenino.

Las investigaciones recientes consideran que esta prueba, que ya se está practicando en algunos hospitales europeos para embarazos de alto riesgo pero todavía no está disponible rutinariamente en Estados Unidos ni en otros países, tiene un alto nivel de confianza, del 95% a las 7 semanas y del 99% a las 20 semanas. De ese modo, se espera que no corra la misma suerte que otras pruebas anteriores de predicción del sexo, que han ilusionado a los padres con la noticia de esperar un bebé de un sexo y al momento del nacimiento descubrieron que era del opuesto. Estas estadísticas son en laboratorios serios que siguen los pasos para analizar las muestras correcta y cuidadosamente. Hay que tener mucho cuidado con los laboratorios que ofrecen sus servicios por Internet ya que muchos no son de calidad.

Al respecto, fue muy divulgado el caso de un laboratorio llamado Acu-Gen, que se declaró en quiebra debido a la cantidad de reclamaciones de mujeres que se hicieron la prueba y obtuvieron resultados diferentes al momento del parto.

El nuevo examen de sangre, en cambio, ofrece más garantías y abre nuevas esperanzas. Al ser más confiable, permitirá tomar acción frente a posibles enfermedades genéticas que pueden producirse de acuerdo al sexo del bebé, como el síndrome de Down y la hemofilia. Este último, por ejemplo, es un trastorno que sólo se produce en los niños. Si la mamá sabe que el bebé que espera es niña, no necesitará someterse a otros procedimientos de diagnóstico más riesgoso, como la amniocentesis, que puede provocar la pérdida del bebé.

Si deseas leer el artículo completo, pincha aquí

viernes, 9 de septiembre de 2011

Hijos en la cama de los padres, ¿sí o no?


“¿Lo dejamos o no lo dejamos?” Esta es la pregunta que muchas veces se hacen los padres ante los reclamos de sus niños que, ya sea por miedo o porque prefieren estar en compañía, quieren a sus padres cerca a la hora de dormir. Con respecto a este tema hay opiniones a favor y en contra. Si como padres temen que compartir la cama con sus hijos afecte su desarrollo, un nuevo estudio ha demostrado que hacerlo después del primer año de vida no presenta riesgos. Sigue leyendo y luego cuéntanos: ¿lo han dejado compartir la cama con ustedes o no?

A muchas mamás les encantaría dormir toda la noche con sus bebés sobre el pecho, pero los especialistas no lo recomiendan. La Academia Americana de Pediatría (AAP por su sigla en inglés) sugiere que los lactantes no compartan la cama con sus padres. El temor principal es que sufran lo que se conoce como Síndrome de Muerte Súbita del Lactante.

Independientemente de esto, el denominado colecho, nombre con el que se denomina, justamente, al hecho de que los niños duerman o compartan la cama con sus padres varias veces por semana, parece ser algo cultural.

Y mientras algunos temen que esto afecte el desarrollo psicológico de los niños, otros consideran que la separación entre la mamá y el bebé a veces se produce demasiado temprano ya que, por ejemplo, en las sociedades occidentales se tiende a alejarlo y dejarlo solo prácticamente desde el momento en que nace, aunque, los bebés muy pequeños necesiten el contacto físico constante con sus mamás hasta que se adaptan al nuevo mundo en que se encuentran.

Ni un extremo ni otro. Un estudio reciente ha demostrado que dormir en la cama de los padres luego del primer año de vida no afecta el desarrollo intelectual o social de los niños pequeños, aunque los investigadores que estuvieron a cargo recordaron la importancia de tener en cuenta la sugerencia de la AAP.

En este sentido, el mensaje para las mamás y para los papás sería: compartir la cama con el bebé no generará problemas de conducta en el futuro. Eso sí, deben esperar a que el bebé cumpla su primer año de vida. A partir de ese momento desaparece el riesgo de sufrir el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. Antes de ese momento lo que mejor es que el bebé duerma cerca de los padres, pero en su propia cuna.

Para llegar a estas conclusiones, un equipo de especialistas de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook analizó los datos de casi mil familias de bajos ingresos que tenían al menos un niño menor de un año al inicio del estudio.

Los autores visitaron a cada familia cuando los niños cumplieron uno, dos y tres años, y les consultaron sobre la salud de sus hijos, las rutinas de crianza y el lugar donde dormían. De las respuestas se encontró que casi la mitad de las mujeres había compartido la cama con el bebé en alguna de esas edades, y entre ellas, las hispanas y las afroamericanas lo hacían con más frecuencia que las blancas. A los cinco años, todos los niños fueron sometidos a varias pruebas cognitivas y de conducta, con un enfoque en la evaluación de las habilidades matemáticas y del lenguaje. Además, analizaron los niveles de hiperactividad y las habilidades sociales. Tras controlar varios factores, como el sexo del niño, el peso al nacer, la etnicidad, el nivel económico y la educación de la madre, los autores no encontraron ninguna relación entre los niños que compartían la cama con sus padres después de un año de nacido y el inicio de los problemas de aprendizaje o de conducta a los cinco años.

Estos hallazgos, publicados en la edición de agosto de la revista Pediatrics, sugieren que compartir la cama no es necesariamente una mala idea para los niños de esa edad, pero los especialistas advierten que el estudio no consideró si esto afecta o no al modo en que duermen los niños. En este sentido, sí es importante que la calidad del sueño sea buena para tener un desarrollo apropiado.

Por eso los padres deberán decidir qué es más conveniente para sus hijos, si deben compartir o no la cama con ellos, teniendo en cuenta qué costumbres ayudan a descansar mejor a todos los miembros de la familia.

Los autores del estudio no pretenden recomendarle a los padres que tomen una decisión u otra, sino simplemente ayudarles a despejar sus dudas y sus temores basados en la información que se obtiene de los estudios. ¿A ti qué te parece? ¿Compartes la cama con tu hijo o descansa mejor durmiendo en su habitación? 

Tomado de Vida y Salud

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿Por qué el pediatra revisa las caderas del bebé en cada visita?


Entre los controles de rutina que el pediatra le hará al bebé hay uno mediante el cual corrobora que los huesos de la cadera están en la posición correcta y se están desarrollando normalmente. Específicamente, el pediatra está buscando señales de displasia del desarrollo de la cadera. A continuación te explicamos qué es y cómo se soluciona.
A partir del nacimiento comienza una nueva e intensa etapa en la vida familiar pero no por ello hay que olvidarse de visitar al médico. Por el contrario, los bebés y los niños pequeños están en pleno proceso de desarrollo y hay que supervisar que todo marcha debidamente.
Si prestas atención, en tu próxima visita al pediatra verás que además de pesarlo, auscultarlo, revisar sus reflejos, ojos y oídos, revisa también las caderas del bebé.  ¿Por qué lo hace? Pues para descartar la posibilidad de que tenga una dislocación de la cadera, o sea, que los huesos de la misma no estén bien acoplados. La cadera está formada por el hueso de la pelvis en la que va insertada la cabeza femoral, que es la bola al extremo del hueso largo del muslo (o fémur). En algunos bebés, el orificio en el que se inserta la cabeza del fémur es muy superficial y ésta puede “salirse” o dislocarse, ya sea parcial o completamente. A esta dislocación se le llama displasia y puede presentarse en una sola cadera o en ambas. Por cierto, se le conoce con varios nombres, displasia del desarrollo de la articulación de la cadera; displasia congénita de la cadera; dislocación congénita de la cadera o dislocación en el desarrollo de la cadera.
Cuando la cadera está completamente dislocada es fácil reconocerla en el recién nacido. Pero si los síntomas son leves, cuesta más trabajo detectarla. Por eso es importante seguir haciendo revisiones periódicas. Las causas de la displasia congénita de la cadera todavía se desconocen, pero sí se saben los factores que  aumentan las posibilidades de que ocurra:
  • Bajo nivel del líquido amniótico en el útero (ese es el líquido en el que vive el bebé dentro del útero durante el embarazo).
  • Ser el primer hijo.
  • El sexo del bebé ya que es más frecuente en las niñas (se estima que por cada seis niñas que tienen este problema hay un varón que lo padece).
  • Que el bebé haya estado en posición de nalgas durante el embarazo (con los glúteos hacia abajo).
  • Tener antecedentes familiares.
Cuanto antes se detecte este problema, más posibilidades habrá de obtener mejores resultados en la recuperación. Por eso, entre las primeras pruebas que recibirá tu bebé, al menos una tendrá como objetivo buscar algún problema en la cadera, ya que a veces esta enfermedad no da señales a simple vista. Para ello, el pediatra aplicará presión sobre las caderas mientras las piernitas del bebé se mueven y tratará de detectar chasquidos o crujidos de los huesos. Si nota algo, para confirmar el diagnóstico podría solicitar una ecografía en el caso de un bebé  o una radiografía en el caso de un niño.
Es posible que la cadera esté dislocada y no de síntomas. Los que suelen presentarse son:
  • La pierna con problema de cadera puede parecer que se sale más o es más corta que la otra.
  • La pierna del lado del problema tiene el movimiento limitado.
  • Los pliegues de la piel en los muslos o en las nalgas son diferentes en una y otra pierna.
¿Cuál es el tratamiento? Si la displasia del desarrollo de la cadera se detecta durante los primeros seis meses de vida, por lo general se corrige usando un dispositivo o arnés para mantener las piernas del bebé separadas y volteadas hacia afuera (posición de pata de rana). Este método tiene más éxito en los bebés que en los niños más grandes. Si no mejora, entonces hay que recurrir a la cirugía. Después de la operación, el niño tendrá que llevar una férula ortopédica durante un tiempo.
Sin tratamiento, la displasia congénita de la cadera ocasionará artritis y deterioro de la cadera, lo cual puede ser gravemente debilitante cuando el niño crezca. Por eso es importante detectarla lo antes posible para que las probabilidades de éxito sean las mejores.
Ahora que ya sabes de qué se trata la displasia congénita de la cadera, comprenderás por qué es tan importante visitar regularmente al pediatra aún cuando el bebé no esté enfermo.  Y si hay antecedentes de displasia del desarrollo de la cadera en tu familia, no te olvides mencionárselo al pediatra para que preste todavía más atención.

Tomado de Vida y Salud

jueves, 11 de agosto de 2011

¿El niño tiene fiebre? ¡No te equivoques con la dosis de acetaminofén!


Si el término acetaminofén no te resulta familiar, seguramente lo reconocerás por su nombre de marca, Tylenol, un medicamento que los padres administran a sus niños para bajarles la fiebre, o aliviarles un dolor o malestar. En la proporción correcta para cada edad es un excelente aliado, pero hay que tener cuidado: en dosis excesiva puede resultar tóxico y dañino, según advierte a los padres y al público en general un reciente comunicado de la Administración de Alimentos y Medicamentos (conocido como FDA, por sus siglas en inglés).
Cuando Eduardo comenzó a ir a la guardería a los tres añitos, una de las primeras cosas que trajo de vuelta a casa ¡fue un virus!  Su pediatra le recomendó reposo, líquidos y acetaminofén o Tylenol para la fiebre.  Cuando se agotó el que quedaba en el frasco, el papá de Eduardo pensó que no había razón para ir corriendo a comprar uno nuevo a la farmacia cuando en el botiquín tenían un frasco de acetaminofén concentrado que usan cuando se enferma  su bebé de 9 meses. “Le doy a Eduardo una cucharadita más de éste que es para bebitos y así le hace efecto”, pensó. ¡Un grave error!
Según la doctora Sandra Kweder, de la Oficina de Nuevos Medicamentos de la Administración de Medicamentos y Alimentos (o FDA), cuando el acetaminofén que se vende en forma de gotas concentradas (para bebés) se le administra a un niño mayor en una cantidad más elevada (una cucharada, por ejemplo),  puede ocasionar una sobredosis fatal. Desafortunadamente, es un error muy común. Según la doctora Kweder, ése es precisamente el problema más grande con el uso del acetaminofén: darle a los niños, sin querer, la dosis equivocada.
Y bueno, puedes preguntarte, ¿por qué es tan fácil equivocarse con la dosis de acetaminofén o Tylenol? ¿Es que las instrucciones para su uso no vienen bien claras en los envases? Por supuesto que sí, pero analicemos las razones.
En primer lugar, la confusión puede derivarse en parte por la gran variedad de opciones  del mismo producto, que viene en diferentes concentraciones e instrucciones de dosificación para niños en distintas edades de desarrollo.  Son tantas las que hay en el mercado que a veces no se sabe ni cuál escoger. Compruébalo la próxima vez que vayas a la farmacia: echa una ojeada a la cantidad de opciones para el acetaminofén: envases en diversos tamaños, colores, para el día, para la noche, para bebés, para niños de 2-4 y la lista continua.
En segundo lugar, muchas personas no leen las instrucciones completas o se confían pensando que si es un medicamento tan común debe ser totalmente inofensivo.
Pero aún cuando los padres sean extremadamente cautelosos en la administración del acetaminofén, es posible que se produzca una sobredosis si el niño está tomando más de un medicamento que lo contenga como ingrediente activo  (uno para bajar la fiebre, otro para aliviar la tos y el dolor de garganta o para contener la secreción nasal, por ejemplo).  ¿Cómo es posible? Pues porque el acetaminofén se encuentra también en esos medicamentos para el catarro o  para la tos. De hecho, se encuentra en la fórmula o composición de más de 600 medicamentos ya sean recetados o de venta libre.
Entonces, ¿es seguro usar acetaminofén o no?  Si se siguen las instrucciones del envase, el acetaminofén es por lo general seguro y efectivo.  Pero si el niño toma más de lo indicado puede producirle náuseas, vómitos o dolor en el abdomen.
En la actualidad, la FDA está revisando las recomendaciones para unificar la dosificación y la potencia del medicamento (hoy día existen 7 potencias en el mercado), así como para establecer estándares más precisos para las unidades de medida del envase (vienen lo mismo en mililitros, que en cucharadas que en centímetro cúbicos).
Para darle acetaminofén a tu hijo, sigue los siguientes consejos:
  • Nunca le des más de una medicina que contenga acetaminofén a la vez. Para saber si un medicamento de venta libre (sin receta) lo contiene, busca el nombre acetaminofén (acetaminophen) en donde están los: datos acerca de la medicina (Drug Facts) en la sección en la que se enumeran los ingredientes activos.  Si el medicamento te lo recetó el médico, pregúntale al farmacéutico.
  • Selecciona la medicina de venta libre adecuada para la edad y el peso del niño. La sección del envase que tiene las instrucciones te indica si la medicina es la adecuada para tu hijo y qué cantidad debes darle. Si la dosis para la edad o el peso del niño no aparece en el envase o no tienes claro cuánto debes darle, es mejor que consultes con el farmacéutico o con el pediatra.
  • Nunca le des más cantidad de la indicada. Si la medicina no es suficiente para bajar la fiebre o aliviar al dolor, llama al médico para que te indique qué hacer.
  • Si la medicina viene en líquido, usa el medidor que viene con el frasco. Nunca uses una cuchara de mesa común.
  • Mantén un registro diario de la cantidad de medicamento que toma el niño y a qué hora se la das para que todos los que están al cuidado del niño sepan exactamente cuándo se le administró la última dosis y no le den otra por accidente.
  • Si te saltas una dosis, no le des el doble en la siguiente para compensar la que perdió. Sigue el horario ya establecido.
  • Si el niño ingiere accidentalmente demasiado acetaminofén, busca ayuda médica de inmediato, aunque el niño no se sienta mal.  Llama a emergencia o llévalo rápidamente a un hospital o centro de atención de la salud. Algunos de los síntomas de sobredosis de este medicamento son: náuseas, vómitos, falta de apetito, sudoración, cansancio, moretones, dolor en la parte superior derecha del abdomen, coloración amarillenta de los ojos y la piel, o malestares como si tuviera una gripe.
Ten mucho cuidado con la administración del acetaminofén o de cualquier otro medicamento que le des a tu hijo, y en especial, si debe tomar varios a la vez. Si tienes dudas, llama al pediatra o consulta con el farmacéutico.  Y recuerda de mantener los medicamentos de cualquier tipo fuera del alcance de los niños para evitar accidentes. Prevenir es siempre mejor que tener que lamentar.

Tomado de Vida y Salud

martes, 9 de agosto de 2011

Una prueba de audición para tu bebé: por qué es importante


El mundo del bebé debe estar lleno de sonidos: desde aquéllos que le dan seguridad y placer, como la voz de mamá, o los que lo invitan a dormir como una canción de cuna. Que tu bebé oiga bien es importante: de su capacidad de escuchar depende en gran medida su relación con el mundo y en particular, su aprendizaje del lenguaje. Muchos hospitales realizan la prueba antes de que el bebé se marche a casa, pero si no, debe practicarse durante el primer mes de vida.
Cuando te entreguen a tu bebé después de dar a luz, lo abrazarás con toda la ilusión y el amor con que lo has esperado durante nueve meses, y con seguridad revisarás cada pedazo de su cuerpecito, contarás sus deditos, querrás ver el color de sus ojos y cada detalle de esta personita que acaba de llegar al mundo.
Tu bebé seguramente pasó con anterioridad por la “inspección” de las enfermeras,  el obstetra o el pediatra que revisan el estado general del recién nacido en los primeros minutos de vida. Es lo que se conoce por la prueba de Apgar que evalúa sus reflejos, el ritmo de su corazón, su respiración, el color de la piel y el tono muscular. Pero posiblemente antes de que el bebé pueda irse a casa con sus padres, le harán también una prueba de audición (para ver cómo oye) en el hospital, que es lo que recomienda la Academia Americana de Pediatría.
¿Por qué es importante hacer esta prueba?
Según las estadísticas de esta misma institución, 2 a 3 de cada 1,000 bebés tienen problemas de audición (para oír) que se pueden detectar desde el nacimiento.  Cuanto antes se detecte una posible dificultad en la audición, más rápido puede comenzarse el tratamiento y a solucionarse el problema con ayuda de los especialistas y de los recursos disponibles en la comunidad. Según la Academia de Pediatría, cuando se interviene a tiempo, idealmente a los 6 meses de vida o antes, las posibilidades de que el bebé pueda desarrollar buenas habilidades de aprendizaje y del habla son muy altas. Muchos padres piensan que ellos mismos pueden ser capaces de detectar si el niño oye bien o no, pero no siempre es así. Es posible que el bebé responda a los ruidos o los sonidos intensos, pero no pueda detectar algunos más sutiles, y esto le dificultará hablar más adelante.  Solamente el o la pediatra o un(a) audiólogo(a) pueden determinar con certeza si el bebé oye bien o no. Llévalo a hacerse su prueba durante su primer mes de vida, o lo antes posible.
¿En qué consiste la prueba de audición?
El especialista puede utilizar cualquiera de las siguientes pruebas o las dos. Ambas son rápidas, duran de 5 a 10 minutos, no le causan ni dolor ni malestar al niño y hasta pueden hacerse mientras el bebé duerme o se está quietecito en tus brazos.
  1. Prueba de Emisión Otoacústica (OAE, por sus siglas en inglés). Se usa para determinar si las partes del oído responden adecuadamente al sonido. Durante la prueba se coloca en el canal del oído un audífono de esponja. El oído se estimula con sonido, y se mide el “eco”.  Como el eco se encuentra en todas las personas que oyen normalmente,  su ausencia podría indicar una pérdida de audición.
  2. Prueba de Respuesta Auditiva Troncoencefálica (ABR, por sus siglas en inglés). Este examen evalúa la forma en que el nervio auditivo responde a los sonidos. Se le colocan audífonos muy suaves en el oído al bebé y, mediante tres electrodos colocados en la cabeza, se mide la respuesta ante diferentes timbres o chasquidos.
Detectando la pérdida de la audición más adelante:
Es importante que tanto los padres, los abuelitos y las personas que están al cuidado de niños sepan y presten atención a ciertas señales ya que a veces la pérdida de la audición no se presenta hasta más adelante en el transcurso de la infancia y es entonces que los que están a cargo del niño  pueden reconocer estas señales de aviso. Por eso, aunque el bebé ya haya sido evaluado al poco tiempo de nacer, y la prueba haya dado un buen resultado, deben prestar atención si el niño muestra dificultad más adelante en las siguientes habilidades:
  • Durante el primer año: el niño(a) debe ser capaz de reaccionar ante ruidos fuertes, imitar sonidos (como los de los animalitos), y responder a su nombre.
  • A los dos años: e niño(a) debe imitar palabras sencillas, seguir juegos infantiles (las palmitas o a las escondidas), usar oraciones de dos palabras para pedir algo que quiere o necesita.
  • A los tres años: el niño(a) comprende conceptos como “ahora no”, “ya no más”, y ser capaz de seguir instrucciones simples.
Si tienes dudas o si detectas cualquier señal, consulta con el pediatra. En caso de que tus sospechas fueran ciertas, él o ella los referirá con un especialista o audiólogo(a), que se encargará de evaluar el grado de pérdida de audición del niño y te informará sobre las opciones de tratamiento y los dispositivos que se usan en la actualidad para compensar la pérdida de audición.  Recuerda que cuanto antes solicites ayuda para tu hijo(a), mayores posibilidades tendrá de superar cualquier deficiencia y de normalizar su crecimiento y su aprendizaje.

Tomado de Vida y Salud

viernes, 22 de julio de 2011

¿Quieres ser una buena niñera?


Si durante este verano quieres estrenarte como niñera para empezar a ganar tu propio dinero y tener un poco más de independencia. ¿Estás preparada para cambiar pañales, calentar biberones, curar raspones y calmar llantos? Antes de entrar por la puerta de tu nuevo trabajo, estos consejos te ayudarán a que no parezcas una principiante y para que pronto te conviertas en la mejor niñera del barrio.
Quizá tus primeros intentos como niñera hayan sido cuidando a tus hermanos menores, a tus primos y/o a algunos vecinos. Probablemente te gusta hacerlo, te diviertes jugando, los niños te hacen caso, eres creativa e ingeniosa y te gusta mimarlos. Y por eso piensas que sería un trabajo ideal para este verano.
Sin lugar a dudas una parte importante de ser niñera es disfrutarlo. Pero cuando es tu trabajo, significa que tienes que asumir una responsabilidad tanto durante los momentos divertidos, como durante los que no son tan divertidos. Por ejemplo… ¿sabes qué hacer si uno de los niños se golpea la cabeza?, ¿o a dónde llamar cuando se quema algo en la cocina?
Tu trabajo no es sólo divertirlos o acompañarlos para que no estén solos, sino también cuidarlos para que no se lastimen y encargarte de que estén seguros todo el tiempo. Eso es fácil de lograr si llegas preparada. Por eso en Vida y Salud te damos estos consejos para que pronto seas la mejor niñera del barrio.
Conoce a los niños
Después de preguntar “¿cómo te llamas y cuántos años tienes?” (si el niño ya puede hablar), es importante que les preguntes a los padres lo siguiente acerca de la salud de los niños. Así te evitarás sorpresas más adelante:
  • ¿Tienen alguna enfermedad que debas conocer?
  • ¿Pueden comer de todo?
  • ¿Son alérgicos a algo? Por ejemplo, algunos niños son alérgicos a las picaduras de insectos, como las abejas.
  • ¿Tienen asma o epilepsia?
  • ¿Están tomando medicinas? ¿Cuáles, a qué hora y en qué dosis?
  • ¿Tienen algún impedimento físico?
Recorrido por la casa
Antes de quedarte a solas con los niños, pide que recorran la casa contigo para que te familiarices con ella y sepas en dónde se encuentran las cosas que puedes necesitar en caso de emergencia (o de cualquier berrinche). Por ejemplo, pregunta dónde está…
  • El botiquín – en caso de un golpe o una cortada (cualquier cosa es posible)
  • La comida – en caso de que te hagan un berrinche por hambre, o simplemente tenga hambre
  • Los pañales y la ropa – en caso de cualquier accidente oloroso y engorroso
  • Las llaves – nunca sabes cuándo necesitarás salir por una bolsa de pañales
  • El teléfono – para llamadas de emergencia
  • El extinguidor y la alarma de incendios
Prepárate para una emergencia

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domingo, 10 de julio de 2011

¿Qué pasa si tu bebé no está en la posición correcta en el momento del parto?


Por lo general, cuando se acerca el momento del parto, el bebé se acomoda adentro de la matriz en una posición cómoda para nacer. Pero a veces, esto no sucede. ¿Qué pasa, entonces, si el bebé no se ubica con la cabeza hacia abajo, lista para que ésta salga primero durante el parto? ¿Qué sucede si tu bebé tiene una posición incorrecta a la hora del parto? ¿Cuáles son esas posiciones? En Vida y Salud te damos más información.
A medida que se acerca el momento del alumbramiento, el bebé, al igual que la mamá, se va preparando para el momento. Su cuerpo ya está completamente desarrollado y sólo falta que se ubique en la posición más cómoda para nacer. Esta es con la cabeza hacia abajo, como mirando hacia la espalda de la mamá, y se conoce como posición fetal.
Esto ocurre alrededor de las 3 o 4 semanas antes de la fecha prevista para el alumbramiento o parto. Sin embargo, a veces puede ocurrir que no se coloque en esa posición sino que por ejemplo, quede con los pies hacia abajo. Eso se conoce como posición pelviana. De hecho, el bebé puede colocarse en posiciones muy variadas:
  • Presentación cefálica. Esta es la presentación normal que ocurre en más del 95% de los partos. Cuando sale la cabeza primero, idealmente flexionada hacia el pecho para que salga primero la coronilla del bebé. En algunas ocasiones, puede haber la presentación de cara: con la cabeza hacia abajo pero mirando al frente. Esto puede prolongar y dificultar el trabajo de parto. Con supervisión médica, podrías intentar rotar al bebé poniéndote en cuatro patas con las nalgas levantadas. El médico también podría tratar de acomodar al bebé a través de algún método de versión, pero si no funcionan, quizá necesites una cesárea.
  • Presentación transversa o de hombros: atravesado en el abdomen, en posición horizontal, con la espalda hacia abajo, como mirando hacia arriba. En este caso, el médico podría tratar de voltearlo manualmente a la posición de cabeza, pero generalmente es necesario hacer una cesárea.
De las presentaciones de nalgas hay varios tipos:
  • Nalgas completas: con las nalgas hacia abajo y las piernas cruzadas.
  • Nalgas francas: con las nalgas hacia abajo y los pies hacia la cabeza.
  • Nalgas incompletas: con las nalgas hacia abajo, un pie hacia arriba y el otro flexionado.
  • Presentación podálica: con las nalgas hacia abajo, un pie hacia la pelvis y el otro flexionado.
En cualquiera de estas presentaciones de nalga hacia abajo, si llega el momento del parto y el bebé no ha cambiado su presentación, el médico podría intentar voltearlo manualmente, utilizando lo que se conoce como método de versión. Estas versiones pueden ser:
  1. Versión externa: cuando el médico oprime la parte exterior del abdomen de la mamá para mover al bebé. Este método es viable en embarazos normales pero no en todos, por ejemplo, cuando la mamá tiene sangrado vaginal, si el bebé es demasiado pequeño o su ritmo cardíaco no es normal, o si se trata de un embarazo múltiple.
  2. Versión interna: es cuando el médico introduce su mano a través de la vagina y del cuello uterino y mueve al bebé desde adentro.
Si ninguno de estos intentos tiene éxito, se necesitará practicar una cesárea.
Nadie conoce con certeza la causa de la presentación de nalgas, pero es más común que ocurra en ciertas situaciones. Entre ellas:
  • Cuando la mamá ha tenido más de un embarazo.
  • Si la mamá está embarazada de mellizos o más bebés.
  • Cuando el líquido amniótico, que es el que rodea al feto dentro del útero, no es escaso o es excesivo.
  • Si el útero no tiene una forma normal o contiene bultos (tumores, masas) anormales, como fibromas.
  • Cuando se produce lo que se conoce como placenta previa, es decir que la placenta cubre la entrada del útero, ya sea de manera total o parcial.
  • Si el bebé nace antes de tiempo (antes de la semana 37 de gestación).
La mayoría de los bebés en presentación pelviana nacen saludables. Sin embargo, ésta no deja de ser una situación especial y es posible que durante el parto se deban tomar decisiones para evitar complicaciones.
Si se acerca el momento del parto o alumbramiento y tu bebé no se ha acomodado en posición fetal, habla con tu médico acerca de esta situación para que te explique lo que podría ocurrir, cuáles son los riesgos para ti y para el bebé y qué es lo más seguro para ambos, de manera que juntos puedan planear el parto más conveniente en tu caso particular.

Tomado de Vida y Salud

sábado, 9 de julio de 2011

¿Tu hijo tiene labio leporino? La cirugía temprana es la mejor solución

                                                                                               Foto: archivo particular



Claro que amas a tu hijo con todo tu corazón, no importa en qué condiciones haya llegado. Pero el  bebé nació con labio leporino, uno de los defectos congénitosmás comunes. Y aunque los doctores ya te han hablado de cómo se puede corregir mediante la cirugía, te preguntas cómo se afectará la expresión de su carita, su capacidad de hablar y de comer, su relación con los demás…Aquí te explicamos por qué ocurre, y por qué la cirugía temprana es la mejor solución.
El bebé ya tiene casi un mes y en un par de semanas está programada la cirugía para corregir el labio leporino.  O estás embarazada, y mediante la ecografía, el obstetra detectó que la niña que esperas llegará con ese defecto congénito.  No te desesperes. No estás sola.  Tan solo en los Estados Unidos unos 7,000 bebés presentan labio leporino y/o paladar hendido cada año. Esto tiene solución. Lo más importante es actuar cuanto antes.
Los expertos están de acuerdo en que un diagnóstico prenatal acertado, una cirugía realizada lo antes posible y un cuidado bien coordinado entre un equipo de especialistas, son factores vitales para garantizar que los niños que nacen con labio leporino o paladar hendido superen exitosamente el problema.
Según el Dr. Richard Redett, cirujano plástico reconstructivo pediátrico, y codirector de la Clínica Craneofacial y de Paladar Hendido del Centro Infantil Johns Hopkins, la ecografía (o el sonograma) durante el embarazo puede detectar el defecto en la mayoría de los casos.  Redett señala que las investigaciones han demostrado que la cirugía temprana ayuda a que el niño pueda desarrollar mejor su capacidad para hablar en el futuro, y que ésta debe efectuarse antes de que el bebé cumpla un año de edad.  Después de la cirugía, se recomienda un tratamiento combinado entre especialistas en otorrinolaringología ( de oídos, nariz y garganta), especialistas del habla, ortodontistas y psicólogos pediátricos.
Esto es, a grandes rasgos, lo que proponen los expertos.  Vamos ahora a explicarte qué es, por qué ocurre y cómo evitarlo.
¿Qué es, esencialmente, el labio leporino? ¿O el paladar hendido?  Ambos son defectos congénitos (de nacimiento) que ocurren cuando el tejido que forma el paladar (o el cielo de la boca), y el labio superior no se unen antes del nacimiento. Lo mismo puede ser un pequeño corte sobre el labio que una ranura mucho más profunda que va desde el labio hasta el paladar y la nariz. El labio leporino a menudo va acompañado del paladar hendido, es decir, con una fisura en el velo del paladar que comunica la boca con la cavidad nasal.  Ambos afectan no sólo el aspecto físico del bebé, sino su capacidad de alimentarse y luego, de hablar. También aumentan las posibilidades de tener infecciones en el oído.
¿Sabes por qué ocurren? Por lo general, se deben a problemas genéticos hereditarios, aunque existen otras causas como consumo de drogas o medicamentos durante el embarazo, y contacto con virus o toxinas en ese período.
La cirugía para corregir el labio leporino y/o el paladar hendido se realiza casi siempre entre las 6 semanas y los 9 meses de edad y algunas veces, en casos muy severos, se necesita una segunda operación.  El paladar hendido por lo general se cierra durante el primer año de vida. En algunas ocasiones se usa una prótesis (una extensión artificial) temporal para cerrar el paladar, lo que le permite al bebé alimentarse normalmente hasta que se pueda realizar la cirugía.
Coordina visitas con especialistas del habla, dentistas, ortodontistas y otorrinolaringólogos para evitar y/o corregir algunas complicaciones que pueden surgir más adelante en la vida del niño a raíz del labio leporino y/o del paladar hendido: aparición de caries (picaduras en los dientes), desplazamiento de los dientes, problemas de audición (para escuchar), infecciones del oído o dificultades con el habla. Se recomienda la ayuda de un psicoterapeuta (psicólogo) si el niño(a) muestra problemas de autoestima.
Si te preguntas cómo puede evitarse, el doctor Redett recomienda lo siguiente:
  • Si planeas un embarazo, toma 400 microgramos de ácido fólico al día (empezando mínimo 3 meses antes de planear el embarazo)
  • Evita fumar durante el embarazo, y evita el humo de segunda mano.
  • Si tomas algún medicamento, comunícaselo cuanto antes a tu obstetra. Algunas medicinas aumentan el riesgo de sufrir defectos congénitos.
  • Si en tu familia o en la de tu esposo hay historial (antecedentes familiares) de labio leporino o paladar hendido, habla con tu médico para que te hagan las pruebas necesarias para detectarlos durante el embarazo.
Ya tienes en tus manos la información para tomar los pasos necesarios relacionados al labio leporino o al paladar hendido. Si te sientes abrumada, busca un grupo de apoyo con padres que han enfrentado un problema similar. Recuerda que no hay problema que tu hijo no pueda superar con la ayuda de un equipo médico adecuado y todo el amor que con seguridad recibirá de ti.

Tomado de Vida y Salud