DESPACHOS A TODO EL PAÍS

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viernes, 22 de abril de 2011

Hernias umbilicales


Mi primer hijo tuvo un hernia en el ombligo y no quiero que a mi segunda hija le pase lo mismo. Me dicen que le ponga una fajita ajustada en la cintura desde que me la traiga del hospital y que así no le saldrá. ¿Es cierto?
Desgraciadamente esa fajita no le va a servir para prevenir la hernia y probablemente hará que esté incómoda, según lo ajustada que se la ponga. Así que no se la recomiendo. Éste es otro de los mitos que se perpetúan porque si alguien usó la fajita en alguno de sus hijos y éste, por pura coincidencia, no tuvo hernia, va a decir que la fajita funcionó. Y en caso de que haya tenido hernia, le van a decir que fue porque no le puso la fajita lo suficientemente ajustada.
En realidad, las hernias umbilicales tienen un componente hereditario. Y son más comunes en los embarazos prematuros. Lo único que puede hacer y que está a su alcance es procurar llevar un embarazo saludable para disminuir las posibilidades de dar a luz antes de las 37 semanas.
Las hernias umbilicales se ven como una bolita de diferentes tamaños (según lo grande que sea la hernia) en el ombligo. Se deben a una debilidad de los músculos que rodean al ombligo y que permiten que los tejidos del abdomen salgan a través del mismo.
Si su hija es muy pequeña, no hay que hacer nada. El riesgo es cuando ya es muy grande, ya que podría salirse un trozo del intestino y estrangulársele, convirtiéndose así en una emergencia que requeriría cirugía inmediata.
En la mayoría de los casos las hernias umbilicales infantiles son pequeñitas y se cierran hacia los 3 años. Solamente es necesario operarlas si no han cerrado hacia los 4 ó 5 años, si son grandes, si causan algún síntoma y se tornan en una emergencia, o si la persona se siente muy incómoda desde el punto de vista estético. Pero que quede claro: las fajas ajustadas ni previenen las hernias en los bebés ni las hacen desaparecer.
Tomado de Vida y Salud

lunes, 24 de enero de 2011

¿Cómo reaccionar ante tu embarazo?


¿Te sientes ansiosa por tu embarazo? Es normal. Pero si te encuentras obsesionada, aquí hay algunos consejos para ayudarte a encontrar el apoyo que necesitas.

No importa cuán preparada pensabas que estaban tú y tu pareja para ser padres, la realidad de estar embarazada puede ser que te sientas por turnos alegre, presa del pánico, optimista, resentida, mareada, o triste por la pérdida inminente de tu libertad y el aumento de la responsabilidad. No te sorprendas si tu estado de ánimo salta de uno a otro de estos sentimientos durante los primeros meses del embarazo. Las oleadas de hormonas, la fatiga y la ansiedad también pueden influir en la montaña rusa de emociones que sientes.

Es natural que te sientas preocupada por el parto, por tu trabajo, por la salud de tu bebé, por tu transición a la maternidad, por las necesidades financieras, y muchísimas preocupaciones más. Vas a ver a todo con una perspectiva nueva y diferente. Uno o ambos de ustedes pueden preocuparse de no estar listos para ser padres a pesar de haber decidido serlo. El entender, resolver y apreciar estos temores y sentimientos son parte fundamental de convertirse juntos en padres.

Cierta ansiedad es natural, pero si te encuentras excesivamente preocupada, habla de tus miedos con tu pareja, un familiar o una amiga de confianza. Si los niveles altos de ansiedad continúan, considera ver a un terapista o a una trabajadora social. Tu médico puede recomendarte alguna que esté familiarizada con lo relacionado al embarazo.

Tomado de Vida y Salud

viernes, 5 de noviembre de 2010

Bebés gorditos



¿Es cierto que los rollitos de bebé (baby fat) son saludables y se les quita cuando empiezan a caminar?
El exceso de grasa no es saludable a ninguna edad. Hay estudios que dicen que si un niño es obeso antes de los 6 años, sus probabilidades de serlo de adulto son mucho mayores.

Muchas personas creen que la obesidad es hereditaria. En realidad hay muy pocas condiciones genéticas que causen obesidad. Lo que generalmente se transmite son los malos hábitos alimentarios y el sedentarismo.

Uno de los errores que cometen los padres que tienen problemas de sobrepeso, o cuyos hijos están en sobrepeso, es usar la comida como premio o regañarlos cuando comen mal o no hacen ejercicio, en vez de halagar los comportamientos positivos, como cuando practican algún deporte o eligen alimentos saludables, y darles el ejemplo.

Recuerda que los hábitos que aprenden de pequeños son los que continuarán por el resto de sus vidas. Y que la salud física es crítica para su salud mental.

Conviene recordar que los chicos no pueden comer lo que no compras y, al menos, mientras sean pequeños y vivan en casa, tu estás en control. Una soda de vez en cuando está bien, pero no te sientas culpable por ofrecerles menos golosinas y comida chatarra y más alimentos saludables en las porciones correctas para que crezcan fuertes y sanos. Estimúlalos para que participen en actividades físicas o en los deportes que les gusten y que los mantengan apartados de la televisión y los juegos de vídeo. Todo esto y la buena comunicación familiar harán que se mantengan en un peso saludable y con una mente sana en cuerpo sano.

Tomado de Salud y vida